El Hotel Embrujado

El Hotel Embrujado

Hace aproximadamente un año y medio, me encontraba viajando a la ciudad de puebla, ya que una de mis primas se casaría en esa ciudad, Íbamos casi 15 integrantes de la familia, entre ellos mis papás, mis primos, mis tíos y hermanos y alguno que otro sobrino, Viajamos alrededor de 20 horas y por fin llegamos, ya era de noche por lo que decidimos solo salir a buscar algo para poder cenar y después irnos a dormir.

Al llegar al hotel se repartieron las habitaciones, en la cual me tocó con mi hermano y mi prima, el hotel era algo antiguo, pero aun así hermoso, no era un hotel común, las habitaciones se encontraban algo separadas, las puertas eran de madera, pero también eran un poco modernas, ya que teníamos que poner un número para que estas se pudieran abrir, después de observar el lugar decidimos subir las maletas para dormir de inmediato, entramos al cuarto y mi hermano quiso bañarse, así que mi prima y yo nos comenzamos a poner nuestras pijamas.

Ya que estábamos acostadas, se escuchó un ruido en seco, mi prima y yo nos volteamos a ver algo espantadas, me levanté, abrí la puerta, y al revisar el pasillo, no había rastro de ninguna persona, y volví a entrar a la habitación, a los minutos nos llega un mensaje de mi hermana pidiéndonos que nos fuéramos a dormir a su cuarto, ya que la ventana del balcón se estaba abriendo sola, y la televisión no paraba de prenderse y apagarse, tratamos de encontrarle sentido a lo que nos contaba, y a lo que acabábamos de pasar, por qué no queríamos espantarnos de más, esa noche decidimos mejor descansar.

A la mañana siguiente las campanas de la catedral me despertaron, me levanté de la cama, me lavé los dientes y me metí a bañar, al salir de bañarme, noté una música suave, pero a su vez un poco tenebrosa.

Me asomé por la ventana, y me di cuenta de que la música venía del área del comedor, bajé a desayunar, y al terminar subí de nuevo a la habitación para terminarme de arreglar.

El día continuó normal, con preparativos para la boda civil, buscar la ropa que nos pondríamos, maquillarnos, todo parecía ir normal, estábamos escuchando música en la habitación mientras reíamos, y de pronto se escuchó una voz, no era cualquier voz, era una voz como de una joven, su voz hizo que me pusiera chinita, se podía escuchar con desesperación.

Decidí no ponerle atención y continuar con lo que estaba haciendo, me terminé de preparar y subimos a la terraza del hotel, ya que ahí se celebraría la boda civil.

Olvidé el momento tan escalofriante que había pasado, y me puse a bailar con mis primas y comer un poco de todo, al poco tiempo de estar en la fiesta mi celular se comienza a descargar, así que me subí al elevador para poder ir a mi habitación, ya dentro del elevador comienzo a escuchar esa voz de nuevo, traté de hacerme la que no escuchaba, pero no pude, ya estaba comenzando a ponerme nerviosa, mi respiración subía y bajaba, sentía que el corazón se me iba a salir de su lugar.

Las puertas del elevador se abrieron pronto, y salí corriendo de ahí, ya estaba muy espantada, al entrar al cuarto dejé la puerta abierta, y busqué el cargador por todas partes, para mi mala suerte no lo encontraba por ningún lado, ya comenzaba a desesperarme, decidí buscar debajo de la cama, quizá se me habría caído ahí.

Me incliné para buscarlo, y de repente sentí que alguien tocó mi hombro, di un salto espantada, y voltee rápido a ver quién era, por suerte había sido mi prima quien había bajado por qué se había preocupado al ver qué no volvía a la fiesta.

Le conté lo que me había pasado, y le pedí que no me dejara sola, así que me ayudó a buscar mi cargador, después de un rato buscándolo por fin lo encontramos, y nos fuimos de nuevo a la fiesta. ya arriba del elevador nos encontramos con las camareras del hotel, y les comentamos lo que me había pasado, ellas comenzaron a reírse.

Al parecer ya era normal para ellas todo lo que en ese hotel pasaba, al final nos dijeron que ese hotel hace muchos años había sido un convento, algo que me causó aún más miedo del que ya tenía, ya que yo siempre le había tenido miedo a las monjas, llegamos a la terraza, y me propuse olvidar todo lo que las camareras me habían dicho, y me puse a platicar con mi familia.

Luego se acercó uno de mis primos, y me dijo que nos tomáramos una foto, así que nos pusimos de espalda a la catedral que se encontraba contra esquina del hotel, levanté mi celular a la altura de nuestros rostros, y tomé la foto.

Al voltear el celular no podía creer lo que mis ojos estaban viendo, creía que me lo estaba imaginando, comencé a temblar, en ese momento miré a mi primo, y estaba igual o peor que yo.

Justo en el medio de nosotros estaba una silueta, queríamos imaginar que alguien se había atravesado, pero esa idea era casi imposible, pues detrás de nosotros no había espacio para que alguien pasara. Inmediatamente, borramos la foto y nos fuimos a dónde se encontraba nuestra familia, al ver nuestras caras, al parecer muy pálidas, nos preguntaron qué era lo que había sucedido, decidimos no contarles nada para no asustarlos.

Pasó una hora y la fiesta ya había terminado, cada quien nos fuimos a nuestras habitaciones, al entrar me puse ropa cómoda para poder acostarme, me encontraba muy cansada.

Ya en mi cama, me encontraba viendo vídeos en mi celular de risa, ya que aún seguía muy nerviosa, poco a poco me iba quedando dormida, hasta que por fin lo logré, de pronto comencé a escuchar esa voz de nuevo, la escuchaba por el pasillo, asustada abrí mis ojos y como si la cobija me fuera a proteger, me tapé, escuché que mi celular vibraba, así que lo tomé, y vi que tenía una alarma a esa hora, eran las 4:30, yo jamás pondría una alarma a esa hora, y menos en vacaciones.

Cuando quité la alarma, mi teléfono me mostró nuevamente la foto que yo misma había eliminado, el teléfono se me soltó de la impresión, comencé a llorar, no sabía cómo había pasado eso.

Ya con un poco más de valor levanté mi celular, y decidí borrar la foto nuevamente y volver a dormir, tardé un poco para poder tranquilizarme, pero al fin lo logré.

¿Ya era sábado por la mañana y adivinen qué me despertó? Sí, el ruido de las campanas, así que hice mi rutina de cada mañana, y bajé a desayunar, ese día teníamos que prepararnos por qué sería la boda por la iglesia, así que decidí apurarme a desayunar para salir al centro de la ciudad a buscar algunas cosas que me harían falta para ese día, regresé casi a medio día así que subí corriendo a la habitación, y al notar que estaba sola decidí dejar la puerta y la ventana abierta, pues con todo lo que había pasado ya estaba muy nerviosa.

Me metí al baño, puse un poco de música y comencé a ponerme una mascarilla para antes de que llegaran a maquillarme, me encontraba de frente al espejo, cuando vi que una sombra pasó detrás de mí, me voltee rápido y no había nadie, salí del baño y comencé a gritar el nombre de mi prima, pero nada, nadie estaba en el cuarto, así que salí corriendo de ahí hasta el cuarto de mis papás.

Toqué la puerta, y me abrió mi mamá. solo pregunté por mi papá y ella me dijo que estaba bañándose, me quedé ahí sentada en la cama de su habitación, esperando a que mi papá saliera del baño, ya no quería estar sola en mi habitación.

Ya que terminé de hacer mis cosas, llegó la muchacha que nos maquillaría, y en ese momento se me olvidó todo, y comenzamos a contarnos cosas como si nos conociéramos de toda la vida, entre risas y chismes se nos pasaron casi dos horas, y a mí ya se me había olvidado lo que había pasado, ya maquillada y peinada me puse mi vestido y mis zapatillas, y nos fuimos todos al lugar donde la boda se celebraría, la noche fue divertida, sin cosas raras, solo baile y risas, lo disfruté demasiado, al terminar la fiesta nos regresamos al hotel en donde nos estábamos quedando, parecía que todo iba bien, esa noche decidimos quedarnos en un cuarto una prima, un primo y yo, entramos al cuarto y nos pusimos a platicar de cosas que nos habían pasado en el tiempo que no nos habíamos visto, mientras yo me desmaquillaba en el espejo, escuchaba las historias de uno de mis primos, y como siempre nos hacía reír con sus ocurrencias.

Ya desmaquillada y con mi pijama puesta, me senté en la cama en donde ya se encontraban mi prima y mi primo, entre pláticas y risas, yo ya me estaba quedando dormida, pero quería seguir despierta para seguir escuchando esas historias que tanto me hacían reír, cuando de pronto escuché muy cerca de mi oído, como un susurro, alguien me decía, hey.

Apenas y lo escuché, pensé que solo yo lo había escuchado, voltee a ver a mis primos y ellos me miraban con cara de no puede ser, fue ahí donde me di cuenta de que ellos también lo habían escuchado, me comencé a poner más nerviosa, las manos me sudaban, estaba temblando, y no conforme con eso volteamos a ver al techo, y miramos como la lámpara del cuarto se empezaba a mover de un lado a otro, no había explicación para eso, ya que el aire estaba apagado y tanto la puerta como la ventana estaban cerradas.

Me puse a llorar, ya no podía con tanto y les pedí que nos durmiéramos, ya no quería seguir viendo eso, nos dormimos, y al despertar nos arreglamos rápido para salir de ese lugar, habíamos planeado estar fuera del hotel todo el día, y fue así que llegamos al hotel ya casi para anochecer, esa noche decidimos contarles a todos lo que nos había pasado.

Así que todos curiosos por lo sucedido, decidieron quedarse en esa habitación para platicar y ver si algo sucedía, fue lo peor que pudimos haber hecho.

Ya dentro de la habitación, una de mis primas sacó un péndulo, yo no sabía para qué era, así que ella nos explicó que podíamos hacerle preguntas, con respuestas solo de sí y no, y nos contestaría nuestras dudas.

De repente se escuchó un ruido, como si un mueble de los que estaban ahí lo hubieran movido, y luego comenzaron a escucharse golpes en las paredes y en la puerta, y de la nada, la puerta se abrió sola.

Algo que era imposible, pues nadie estaba del otro lado de la puerta, y esta no se podía abrir sin que alguien le hubiera puesto el código.

Salimos corriendo de la habitación, y todos regresaron a sus habitaciones, yo me fui al cuarto de mis padres para tratar de dormir, pero toda la noche me la pasé alerta, pensando en que pudiera pasar algo, no pude dormir.

Al día siguiente nos retiramos del lugar, y ya no volvimos a experimentar algo parecido.

No hemos vuelto a ese hotel, y para ser honesta no quiero volver.

Esa es la experiencia más aterradora que tenemos mis primos y yo.

 

Autor: Oliblish Montes

Derechos Reservados

Casa En Renta

Casa En Renta

Hace un par de años antes de casarme, viví en San Luis Potosí por cuestiones de trabajo. La empresa para la que trabajaba nos daba alojamiento en una casa, donde me sentía algo incómodo, pues tenía que compartir la habitación con cuatro personas más.

Soy director de grúa, y en aquel entonces nos dieron contrato por un año entero. A diferencia de mis demás compañeros, yo me di a la tarea de buscar algún cuarto o departamento en renta, para estar más cómodo, me estaban pagando bien y podía darme el lujo de hacerlo.

En mi día de descanso me di a la tarea de recorrer las zonas más cercanas al edificio que estábamos construyendo.

Vi algunos cuartos en renta, pero se veían igual de incómodos que el lugar en el que me quedaba en la misma empresa. Pasé toda la mañana buscando algún buen lugar, por aquel entonces los teléfonos celulares no eran tan avanzados como hoy en día, que todo lo puedes encontrar en internet. Para medio día, ya me encontraba muy cansado.

Estuve a punto de darme por vencido. Me metí a una tienda, allí fue donde la vi. Frente a la tienda, una pequeña casa con un letrero de renta, de un solo piso, se veía un poco descuidada, pero en ese momento me imaginé resanando y pintando la casa.

Rápidamente, le pedí a la persona que estaba atendiendo su teléfono, y marqué desde la tienda para preguntar por la casa. Me contestó una voz de mujer joven. Nos pusimos de acuerdo para que me la mostraran esa misma tarde.

El tendero me miró, y después de que colgara el teléfono me dijo que no me recomendaba que rentara esa casa, pues las personas que la habían habitado no acababan bien, la mayoría no duraban, no terminaban ni siquiera una semana. Además de que muchas cosas malas ocurrieron en el pasado.

Guardé silencio mientras el tendero me contaba todo esto, sin embargo, no le creía nada, sé que cada colonia tiene sus leyendas urbanas, aunque no puedo negar, que se me hacía extraño que una casa, en tan buen lugar y a tan bajo costo de renta, se encontrara deshabitada.

No tardó en aparecer la mujer que me contestó el teléfono, tal como me lo decía su voz, se trataba de una mujer joven, muy guapa, pero con una manera peculiar de vestir, demasiado anticuado para su edad.

Entramos a la casa. A diferencia de la fachada, el interior de la casa lucia impecable, me sorprendió ver que la casa contaba con muebles, mismos que no se veían nada viejos, parecía que los acababan de comprar recientemente.

Cerramos el trato de inmediato, abonando dos meses de anticipo.

Me mudé ese mismo día, pues no llevaba mucho equipaje, debido a que en mi trabajo viajo mucho, intento no tener muchas cosas, básicamente lo que quepa en una maleta grande de viaje.

De primera mano, no encontré nada extraño en la casa, todo funcionaba de maravilla, no faltaba ningún foco, todas las tuberías funcionaban a la perfección. Me sentí muy cómodo estando allí. La distribución de las habitaciones si era algo extraño, pues en la entrada estaba sala y cocina, después tenías que caminar por un pasillo para llegar a un enorme patio, y al fondo se encontraba lo que sería mi habitación. Justo al lado de mi cuarto, estaba otra habitación clausurada. Las ventanas de allí estaban pintadas de negro, pero uno de los cristales estaba roto y parchado con una bolsa negra.

Por pura curiosidad me atreví a romper la bolsa y ver que es lo que estaba del otro lado. Vi varios aparatos amontonados, durante un tiempo trabajé en la remodelación de un hospital, por lo que no tardé en reconocer un par de aparatos de hospital dentro, eran una incubadora y un refrigerador para muestras de sangre.

Durante un segundo me percaté de que algo entre los aparatos se movía, creí que se trataba de una rata, pero me equivocaba. No había nada, era extraño, como si algo invisible lograra mover algunos cables.

Quité la mirada de la ventana, y pegué la bolsa con cinta gris.

Quise pensar que lo que acababa de presenciar solo era parte de mi imaginación, que estaba algo inquieto por las historias del tendero. No solía ser muy creyente de ese tipo de historias en ese entonces.

Me metí a bañar, y mientras cerraba los ojos al caerme el agua de la regadera, escuchaba pasos afuera de la ducha. Cerré la regadera y salí de inmediato a ver qué ocurría. No vi nada, la puerta del baño tenía seguro por dentro, y no había manera en que alguien pudiera entrar sin que me diera cuenta. En eso el foco comenzó a parpadear, y de repente tronó, dejándome a oscuras en el enorme baño.

Mentiría si les dijera que no me asusté, pero lejos de salir corriendo, preferí terminar de bañarme a oscuras, salí del baño y después regresé a cambiar la bombilla.

Aquella noche tuve una de las peores pesadillas de mi vida.

Soñé que la sala de la casa estaba cubierta por aparatos de hospital, iguales a los que estaban en la habitación clausurada. Dentro de las incubadoras había cuerpos que explotaban, mientras se escuchaban unos chillidos horribles. En eso vi que varias enfermeras, con rostros aterradores se acercaban hacia mí, sostenían unas horribles criaturas que no parecían seres humanos.

Desperté bañado en sudor, y lanzando un grito que me desgarró la garganta.

Sentí alivio al ver que todo fue un sueño, sin embargo, al ver que aún estaba oscuro, comencé a sentirme intranquilo, a tal punto que me parecía escuchar sonidos extraños afuera de mi habitación. No me volví a dormir, y me fui una hora antes al trabajo.

Durante el día me sentí avergonzado conmigo mismo, pensaba que todo lo ocurrido en la noche, fue ocasionado por mi imaginación que se encontraba estimulada por las historias del tendero.

Cuando me encontraba afuera de la casa, me quedé pensando, en que mi sueño y las cosas que me ocurrieron, fueron obra de mi imaginación. Me reí solo, sin importarme que algunas personas en la calle se me quedaran viendo.

Apenas abrí la puerta de la casa y vi como si alguien saliera corriendo por el pasillo en dirección al patio. Imaginando que alguien entro a la casa para robar mis pertenencias, corrí en dirección al pasillo también, sin embargo, no encontré a nadie. Incluso la puerta que da al patio estaba cerrada. No había señales de que alguien hubiera entrado recientemente.

Abrí la puerta del patio y me asomé en cada rincón. No vi nada fuera de lugar.

Regresé a la cocina para tomar algo de agua, en eso veo una mancha de color rojo oscuro. Me agaché para ver si se trataba de pintura o algún otro líquido. En eso, en la sala escuché el llanto de varios bebés, y los pasos de alguien que corría en el pasillo. La bombilla de la cocina explotó, dejándome caer los pedazos de cristal caliente en mi cara.

En esta ocasión si perdí la razón, y salí corriendo rumbo a mi habitación.

Cuál sería mi sorpresa que la puerta del cuarto clausurado se encontraba abierta de par en par. No tenía sentido, si apenas unos minutos había revisado, y todo estaba cerrado.

Me asomé a ver qué ocurría, entonces la vi.

Justo a un lado de una incubadora estaba una de las enfermeras que vi en mi pesadilla, sostenía un pequeño bebé en los brazos.

Me asusté muchísimo, ya no había vuelta atrás, era una realidad, la casa estaba maldita.

De inmediato fui a recoger mi maleta. Mientras guardaba mi ropa, la puerta de la habitación se cerró sola y la luz del foco comenzó a parpadear, hasta que tomó un tono muy fuerte, se veía anormal, emitía una luz roja. Brilló con intensidad, y luego explotó como las demás bombillas en la casa, solo que aquí la luz no se apagó. Sé que suena increíble, pero así ocurrió, una luz seguía brillando en el lugar de la bombilla.

Juro que la luz del foco roto parecía formar un rostro como de demonio.

El pánico se adueñó de mí, tomé la maleta rápidamente y salí corriendo en dirección a la casa que le prestaban a la empresa.

Los chicos se burlaron de mí cuando me vieron llegar, pues seguido me hacían burla de que yo era muy delicado, y no quería compartir habitación con ellos, pero después de escuchar mi historia, quedaron fascinados y aterrados.

No me importó dejar perder el depósito de renta, no volví a ese lugar.

No sé si la presencia en ese lugar tenga que ver con los aparatos médicos, pero si les puedo asegurar que es algo muy negativo, no sé qué me habría pasado si hubiera permanecido una noche más en aquella casa de renta.

 

Autor: Mauricio Farfán

Derechos Reservados

El Niño Del Cementerio

El Niño Del Cementerio

He de aceptar que era algo escéptico a este tipo de cosas paranormales, cuando entre amigos y mi familia se hablaba al respecto perdía el total intereses en la plática, sin embargo, después de lo que pase la otra noche, ya es otra mi idea.

Me presentaré con el nombre de Juan, me reservaré el nombre de donde trabajo y su dirección, esto con el fin de proteger el lugar de donde ocurrió todo.

Siempre que tengo que ir a trabajar no logro encontrar un buen lugar para estacionarme, por ello debo recorrer algunas cuadras y dejar el automóvil estacionado al lado de un cementerio. De día se podría decir que las cosas son lo más normal que uno se pudiera imaginar, sin embargo, cuando oscurece y llego a salir tarde de trabajar, caminar frente al cementerio suele ser algo inquietante. Sé que les comenté que no creía en este tipo de situaciones, pero si soy muy sincero, la sensación que a uno lo aborda la oscuridad siempre es inquietante.

Ya era muy tarde, se me había juntado bastante trabajo en la oficina y apenas estaba saliendo cuando ya casi era media noche, mientras caminaba al lado del cementerio procuraba no levantar la vista, tenía la extraña sensación de que me encontraría con alguien allí, lo menos que quería, era ver a una persona caminar entre las tumbas y tan tarde. Fue en ese momento que pude escuchar que alguien hacía botar una pelota dentro del cementerio. Fue inevitable voltear, no veía nada, pero aquel sonido se escuchaba claramente. No me faltaba mucho por llegar al automóvil que comencé a buscar las llaves en mi Portafolio, y mientras lo hacía buscaba con la mirada quien podía estar jugando con una pelota en el campo santo. Y a lo lejos frente a una tumba pude ver a un niño parado frente a una capilla. Tuve la sensación de que aquello no era normal, ver a un niño solo y a oscuras en medio del Cementerio. Quise hablarle, pero en un pestañeo lo perdí de vista.

Por fin logré palpar mis llaves en mi portafolio, abrí mi automóvil y me dispuse a irme de allí.

Al día siguiente tuve que dejar el automóvil justo a la puerta del cementerio, y aunque ya era de día, aquella sensación de escalofríos la podía sentir. Me prometí a mí mismo salir temprano para no toparme con nada extraño.

Durante todo el día olvide el suceso de la noche anterior por todo el trabajo que tenía encima, lo cual provoco que nuevamente saliera ya tarde de mi Oficina. Prepare las llaves antes de salir para no estarlas buscando, me puse mis audífonos para no distraerme y me encamine hacia mi automóvil.

No era tan tarde como la noche anterior, pero por la hora no se veía ninguna persona alrededor, pero justo frente a la puerta del cementerio y un lado de mi automóvil había un niño botando una pelota. Mi primera impresión fue que ya era bastante tarde para que un niño jugara solo en ese lugar.

– ¿Qué haces tan tarde aquí campeón? – Le pregunte, pero no me contesto, pude ver que sus orejas estaban llenas de tierra y mugre, me imagine que quizás se había caído pues también le logre ver los codos raspados y la frente arañada. – ¿Te puedo ayudar en algo? – Le pregunté y el niño dejo de botar la pelota. Entonces levanto su mano y señalo hacia adentro del Cementerio.

-Se me perdió algo, ¿me ayudas a buscarlo? – Me dijo, pude ver su mirada que estaba ojerosa, estaba bastante pálido el niño.

– Es que no puedo entrar allí – Le dije todo nervioso, pero él me repitió que algo se le había perdido allí adentro y se encaminó hacia el Cementerio. Lo perdí de vista por completo entre la oscuridad. Quizás estuvo mal de parte mía, pero lo decidí ignorar y dejarlo allí así que me encaminé a mi Casa.

Mientras manejaba no podía dejar de pensar en el niño, si había bien en dejarlo allí, o si tenía que regresarme para ayudarle, no me encontraba lejos de casa, ya faltaba poco para llegar, pude sentir bastante frío en el automóvil, ya estábamos en otoño y faltaba poco para diciembre así que me pareció normal que bajara la temperatura tan rápido, y ese instante mientras me ponía el suéter en una luz roja, pude percibir que alguien me observaba, fue una sensación extraña que uno llega a sentir que no está solo, Vi por el retrovisor y el rostro de un niño me veía atentamente y me dijo al mismo tiempo que me miraba a los ojos…

– Hola – Queme llanta al frenar, me asuste al ver al niño, pero al buscarlo en la parte trasera no lo vi, yo estaba seguro de que lo había visto. Aún tenía el sonido de su voz en mi cabeza, no estaba equivocado. Al llegar a casa, pensé que me sentía cansado aun, y tenía que dejar de pensar en el niño, mi cabeza me había hecho una mala broma por tanto estrés en el trabajo y tenía que descansar. Mi esposa ya se encontraba dormida, le di un beso en la cabeza y me metí a bañar. Trataba de ya no pensar en ello, no quería hacer mucho ruido pues despertaría a mi esposa, cuando pude escuchar que entraba al baño.

– Mi amor, discúlpame por lo tarde que es, pero tú sabes que se ha juntado tanto el trabajo – No me respondió nada, siempre que se enojaba se limitaba a hablarme o no lo hacía. – ¿Cómo estuvo tu día? – Le pregunte, pero no recibí respuesta y cuando pretendía asomarme por la cortina, pude ver la silueta de otra persona, de mucho menor tamaño comparado a mi esposa, me quede en silencio un momento, algo dentro de mí me decía que no abriera la cortina. Y fue entonces que escuche que alguien rebotaba una pelota en el baño. Esto provoco en mí un sobre salto que me sacudió el alma por completo, inevitablemente recordé al niño, y la voz de él sonó nuevamente.

– Hola – Lo escuché decir y sin pensarlo lo primero que se me ocurrió fue gritar el nombre de mi esposa varias veces y ella inmediatamente abrió la puerta, yo estaba ya acurrucado en una esquina de la regadera cuando abrió la cortina.

Le platiqué lo que me había ocurrido las noches anteriores, incluso el sentimiento de culpa que traía encima por haber dejado al pobre niño solo con su suerte en el cementerio. Ella muy seria me comento que podría tratarse de varias cosas, desde mucho estrés que podía cargar, o de algo anormal que estuviera pasando, y esto último fue lo que más le preocupo. Me pidió que al día siguiente me diera un poco de tiempo, ya que era necesario que buscáramos ayuda pues ella se temía lo peor.

Al día siguiente al levantarme, tenía la sensación de que no había descansado nada, sentía que no había dormido, incluso hasta la espalda me dolía mucho.

Un par de horas más tarde nos encontrábamos en el mercado municipal, allí me pidió que buscáramos a Doña Mary, ella nos podría ayudar. Yo aun sin saber lo que pretendía mi esposa me llevo hasta un puesto grande de verduras, allí se encontraba una señora ya de edad avanzada, pero que aún se le veían fuerzas. Reconoció inmediatamente a mi esposa y nos invitó a que pasáramos detrás de su puesto. Mi esposa habló con ella por varios minutos, yo solo la veía extrañado, aún tenía la sensación de molido en mi espalda, y me sentía sin energías. No me había percatado que Doña Mary y mi esposa ya habían terminado de hablar que cuando me di cuenta ya estaba Doña Mary observándome.

– Ese niño que viste en el cementerio, puede llegar a ser dos cosas, o el espíritu de un niño que se quedó atorado, o un demonio que intenta acercarte a ti. – Esto último que dijo me dejo sorprendido, el niño no parecía ser un demonio, sin embargo, Doña Mary me explico que los demonios les gustan verse igual que unos niños para atraer más fácil a sus presas. Nos preparó una serie de inciensos y perfumes, los cuales nos pidió rociar en toda la casa, y en especial a mí, me comento que quizás por pasar tantas veces frente al cementerio para las Ánimas que se encontraban allí ya era alguien familiar, y que de algún modo las atraía hacia mí, además que si se llegaba a tratar de un demonio eso podía explicar las faltas de energía que tenía.

Seré honesto, me costó trabajo creerle, y al momento de pagarle sentí que estaba tirando mi dinero y que me estafaban, pero mi esposa se veía muy convencida, y por experiencia propia, decidí jamás cuestionarla por las decisiones que ella tomaba para el bien de los dos.

Llegando a casa, mi esposa comenzó a rociar el perfume siguiendo las instrucciones que Doña Mary nos había dado, y aunque me costaba trabajo de creer que aquello que nos dio nos ayudara también apoye a mi esposa. Es extraño pues mientras lo hacía, aquella sensación de pesadez sobre mis hombros fue disminuyendo, me sentía cada vez mejor cuando terminamos toda la casa, podía sentir nuevamente esa energía de antes. Ya para concluir mi esposa me pidió que parte de las recomendaciones de Doña Mary era prenderle una veladora a ese niño, por si se trataba del espíritu atorado en nuestro mundo estaría buscando quizás estaba algo de luz, la pusimos justo en el patio, un lugar donde No habíamos rociado de ese perfume.

Cuando menos me había dado cuenta, ya habían pasado un par de horas, ya estaba oscureciendo, fui a revisar la veladora y está aún conservaba mucha cera, estime que duraría prendida hasta la mañana siguiente. Pero no paso mucho tiempo para que algo me llamara la atención.

El sonido de un golpeteo constante me despertó, lo escuchaba a lo lejos, no tuve otra opción más que levantarme e ir a investigar, observé la hora y ya pasaban de las 12:00 am, podía escuchar ese constante golpe igual que si alguien botara una pelota. Fue allí donde me percate de ese sonido, se me hacía tan familiar, rápidamente me dirigí a la ventana que da hacia el patio de la casa y me asome. Allí pude ver al niño frente a la veladora y su pelota había dejado de botar. No podía creer lo que estaba viendo, recuerdo bien que todo estaba en silencio y muy helado, mi aliento lo podía ver salir de boca y empañar el vidrio, lo cual hizo que con la manga de pijama limpiara el vidrio por lo empañado, esto provoco un ligero chillido al hacer fricción, inmediatamente el niño volteo a donde yo estaba. Sin pensarlo corrí rápidamente al cuarto con mi esposa y me cubrí por completo con la cobija.

Mientras estaba totalmente cubierto me puse a pensar en miles de cosas, que solo hicieron que se incrementara más mi ansiedad. No sabía si el niño me había logrado ver, o si lo que hicimos con los perfumes había funcionado. Y empecé a escuchar ese golpeteo tan familiar acercarse poco a poco. Aquella pelota se acercaba a nuestro cuarto, me regañé a mí mismo pues no había cerrado la puerta, solo me había metido a la cama para cubrirme, entonces pensé en despertar a mi esposa para advertirle que se acercaba el niño, pero por más que la sacudía no lograba despertarla.

– Hola – Escuche a alguien decir a un lado de mi cama, aquella voz me heló completamente, se encontraba justo a un lado mío, deje de moverme un momento haciéndome el dormido, y al mismo tiempo rezando para que esto acabara. Pasaron algunos segundos que llegue a sentir que eran minutos, el ambiente se sentía helado otra vez, más no sabía si se había ido ya el niño, me descubrí un poco la cobija y logre ver su silueta aun parado a un lado mío. Estaba esperando algo de mí y por ello seguiría allí a un lado mío. Así que me arme de valor y le conteste.

– ¿Necesitas algo? – creo que lo había lo dicho en voz muy baja pues no recibí respuesta, pero pude sentir una mano de alguien posarse sobre mi cabeza. Era una manita pequeña, esa presión justa sobre mí provoco en mí un escalofrío que, al cabo de un segundo, aquello se fue, llevándose todo con él. Ya no se sentía tan frío el ambiente, y a decir verdad ya no sentía miedo, me descubrí la cabeza y abrí los ojos. Ya no había nadie. Mi esposa se despertó en ese momento y me observo que me encontraba totalmente empapado en sudor, me pregunto si me encontraba bien y le conté todo lo que había pasado. Rápidamente, ella fue al patio y regreso con la veladora en mano. Estaba completamente consumida.

– Necesitaba de mucha luz y quizás de alguien que lo escuchara – Fue lo que me dijo mi esposa. Después un par de horas nos volvimos a dormir, y no sé qué paso, que en esa noche tuve una especie de pesadilla en la que podía ver que un niño jugaba cerca de un parque y su pelota se había ido a mitad de la calle, sin darse cuenta ya un auto la habrá atropellado.

Al día siguiente mi esposa me pidió que compráramos más veladoras, y que las pusiéramos en el patio, por si el niño volvía regresar. Ya no lo volví a verle más, desde esa última experiencia que tuve no volví a ver al niño o escuchar la pelota, sin embargo, cuando llego a trabajar y me estaciono frente al cementerio, me es inevitable pensar en él.

Hoy en día, me ha costado aun algo de trabajo acostumbrarme a dicho recuerdo, sigo insistiendo en que todo lo que sucede mantiene una lógica, pero… hay situaciones que hacen que uno cambie su opinión completamente.

 

Autor: Lengua De Brujo

Derechos Reservados

El Hospital Psiquiátrico

Ya han pasado 10 años de aquel suceso, pero lo recuerdo claramente, pues es la experiencia más aterradora que he vivido.
Era mi último año en la facultad de comunicación, y todo era perfecto.
Fotografía y edición era mi materia favorita, y aunque demandaba mucho de mi tiempo me encantaba estar viviendo mi sueño de niño, ser reportero.
Los proyectos finales se acercaban, y uno de los que más me emocionaba era el de esa materia, pues debíamos poner en práctica todo lo que habíamos aprendido durante el semestre.
Sinceramente, era muy bueno en eso, siempre tenía las mejores notas, pero esta vez no sabía sobre qué hacer mi proyecto.
El proyecto era en equipos, y teníamos que hacer un documental en video a cerca de algún tema interesante, y principalmente captar la esencia de algún lugar, que debía tener mucha historia que contar.
Mis amigos y yo habíamos pensado en un ex museo, iba a ser increíble retratar cada detalle, pero el encargado nos dijo a última hora que nuestra propuesta había sido desacatada, así que teníamos que encontrar otro lugar.
Al llegar al departamento le conté a mi novia sobre aquel inconveniente, ella se quedó pensando un rato y después me comentó que le habían contado sobre un hospital psiquiátrico abandonado en las afueras de la ciudad, que tenía una gran historia, puesto que había sido el más popular en los 70.
A ella le encantaban las historias de terror, y por eso sabía demasiado acerca de eso, aunque para ser sinceros, a mí no me gustaban mucho esos temas, era escéptico y me parecía ridículo pensar en objetos que se mueven solos o fantasmas, pero la idea no sonaba tan mal, pues podíamos hacer un reportaje sobre lo acontecido ahí, y grabar todo el lugar por la noche. Seríamos la sensación, pues dudaba que alguien más hiciera algo así. Hice la propuesta a mis amigos y ellos aceptaron, pero de nuevo debíamos pedir permiso. Mi novia me pidió ir con nosotros, ya que le emocionaba mucho conocer el lugar. Acepté con gusto, e incluso le dije que podía estar en la grabación con nosotros, si es que aceptaban darnos permiso, y así vivir la experiencia junto conmigo.
Decidimos ir al día siguiente saliendo de la universidad.
Íbamos mis tres amigos, Pedro, Juan y Jorge, mi novia Raquel y yo.
Nos llevó algo de tiempo llegar hasta ahí, y en el camino íbamos planeando que decir para que nos dieran permiso, incluso llevamos un oficio de la escuela para que fuera más fácil.
Después de una larga hora de camino, llegamos y la verdad nos sorprendimos cuando vimos lo grande que era el lugar.
Yo no creía en nada de vibras, pero si pudiera describir la vibra de ese lugar diría que era pesada y aterradora.
El hospital era enorme, la pintura que alguna vez fue blanca, estaba desgastada y ahora era amarilla. Eran tres pisos y la puerta de entrada era gigante, estaba grafiteada, seguramente por la gente que se metía y vandalizaba por la noche. Daba un aspecto espeluznante.
El guardia nos recibió con desconfianza, pero después de contarle el proyecto, se portó muy amable. Aceptó que entráramos y grabáramos, siempre y cuando no hiciéramos ningún daño a la propiedad, además nos dijo que él no se hacía responsable de cualquier acontecimiento extraño, porque en aquel lugar pasaban cosas muy raras.
Nos empezó a dar un recorrido y nos contó a cerca del lugar.
Cuando entramos a la planta baja, pude sentir como la piel se me ponía chinita, pues había una vibra muy pesada, y aunque era de día se veía muy oscuro dentro, demasiado tétrico, incluso para mí. Las paredes estaban pintadas de blanco, pero se notaban manchas de lo que parecía ser sangre. La recepción tenía una computadora y un teléfono muy viejos, todos llenos de polvo. Así como papeles, los que parecían ser expedientes y un libro de visitas aún abierto con la fecha del 7 de septiembre de 1966.
Nos llevó a los cuartos, en ellos solo había una cama individual, y una pequeña mesita de noche a lado.
La pintura de estos, era diferente, estaban pintados de un verde opaco. Estaban llenas de rayones por todos lados, dibujos extraños y algunos tenían grafitis recientes.
Después, mientras subíamos las escaleras, el guardia nos contó que ese hospital había sido clausurado en 1970, ya que se practicaban lobotomías y experimentos aterradores a muchos de los pacientes, que definitivamente nunca saldrían, pues quedaban mucho peor, o muertos.
Experimentaban a través de electrochoques, de encierros con los miedos más grandes de los enfermos, los dejaban sin comer, sin agua o sin dormir por días e incluso semanas, con picaduras de insectos a los que algunos eran alérgicos, o algunos con operaciones a nivel quirúrgico del cerebro.
Cuando llegamos al segundo piso la tensión comenzó a crecer, en el aire se respiraba terror y desesperación, aunque nadie dijo nada estoy seguro de que todos lo sentimos.
En esa planta, había cuartos como los de abajo, muchísimos más de hecho, también estaban las duchas, los baños que aún estaban sucios, y al rededor de 10 consultorios con camillas metálicas, medicamentos e instrumentos quirúrgicos. En estos lugares había fotos de los médicos, así como certificados colgados en las paredes. Pudimos notar que la foto de un médico en particular se repetía en varias ocasiones, cuando le preguntamos al guardia nos dijo que aquel hombre había sido el director del lugar, y que era quien practicaba los experimentos y las operaciones.
En este tipo de hospitales no hay muchas ventanas, nos explicó que podía darse el caso de suicidios. Solo existían dos muy grandes, y nos contó que todas las noches las cerraba y amanecían abiertas.
Al finalizar, nos dijo que el recorrido lo podíamos hacer al día siguiente, podíamos grabar, ya que era su noche libre y nadie nos molestaría, además nos iba a prestar unas colchonetas por si queríamos dormir, y listo, teníamos lo que podía ser el mejor reportaje de la carrera, una experiencia increíble y aterradora.
De regreso todos estábamos muy emocionados, nos organizamos con lo que llevaríamos, cámaras que instalaríamos en el lugar, micrófonos, y por supuesto comida.
Al siguiente día, Raquel me ayudaba a preparar lo necesario, se nos había hecho algo tarde, pues habíamos ido al cine y a comer algo, así que íbamos con prisa. Mis amigos llegaron por nosotros y nos fuimos, íbamos muy felices, porque ese sería el pase a no hacer el servicio social, y buenas notas en nuestra materia favorita.
Llegamos y el velador ya nos estaba esperando, eran las 11:00 de la noche, nos recibió con gusto y se puso contento cuando le dimos la comida que le habíamos comprado. Nos acompañó a instalar las cámaras, y no voy a negar que todo se veía muchísimo más aterrador de noche, por un momento tuve el impulso de salir corriendo, pero no quise verme como un cobarde, aunque después de todo, supe que todos ahí sentían lo mismo, y me arrepiento de no habernos ido.
Instalamos todo, cenamos, el guardia nos deseó buena suerte y se fue a su casa.
El lugar era muy grande y había mil puertas, así que nos recordó que la única puerta de entrada y salida era la que estaba llena de grafitis.
Comenzamos la grabación y el recorrido, empezamos por la parte de abajo contando lo que sabíamos del lugar.
Caminábamos muy despacio y sonreíamos a la cámara, todo iba normal, hasta que llegamos al piso de arriba, y pude sentir la pesadez en el aire, pues a pesar de que teníamos las linternas, la oscuridad parecía consumir la luz cada vez más, y el aspecto de aquel lugar, lleno de camas vacías, de paredes llenas de sangre e instrumentos quirúrgicos resultaba horrible.
Raquel nos dijo que la vibra era mala, puesto que en ese lugar hubo mucho sufrimiento, desesperación y locura.
Ya eran las 2:00 de la mañana y todavía nos faltaba recorrer mucho del lugar, pero ya estábamos muy cansados, así que decidimos dormir una hora para reponernos y seguir.
Nos acomodamos en las colchonetas y descansamos, fue difícil pues los ruidos provocados por el eco nos ponían nerviosos, pero al cabo de un tiempo el despertador sonó, nos levantamos y parecía que teníamos aún menos energía que antes, nadie entendía por qué.
Tomamos algo de agua y decidimos seguir.
Llegamos al último piso, pasamos por las dos ventanas, y nos dimos cuenta de que estaban abiertas, aunque antes de irse, el velador las había cerrado.
Esto nos causó miedo, pero no dudamos en decirlo en el video.
La grabación quedó increíble, terminamos al rededor de las 6:00 a.m., eso marcaba el reloj, pero lo raro era que aún se veía oscuro, quizá por el edificio.
Decidimos separarnos para ir por las cámaras.
Los chicos ya estaban cansados, y Raquel estaba nerviosa, me dijo que ya se quería ir, que tenía miedo, pues había visto una sombra pasar cuando caminó hacia el baño.
La calmé y le dije que solo era cuestión de juntar el equipo y después podríamos ir a casa a descansar.
Más tranquila, me dio un abrazo, y me ayudó a meter el equipo de grabación en la maleta.
Después de una hora, ya estábamos casi todos abajo, solo faltaba Juan. Le gritamos en varias ocasiones, pero fue en vano, él no respondía, lo llamamos por teléfono, pero no había señal.
Decidimos ir a buscarlo, todos ya queríamos largarnos de ahí, e ir a dormir, pero no lo encontramos, así que revisamos las grabaciones en la computadora de la última hora, y primero no encontramos nada, pero después de un rato en el minuto 46 pudimos ver a Juan caminando hacia una de las cámaras, hasta que algo invisible lo aventó con fuerza, y lo arrastró fuera de ahí. Sorprendidos y muy asustados, pudimos notar como se nos ponían los pelos de punta. Raquel empezó a llorar, estaba aterrorizada, traté de calmarla, alentando a todos a buscar a Juan, pero a pesar de todos nuestros intentos no pudimos encontrarlo.
Ya había pasado al rededor de hora y media, ya había amanecido, debían ser ya las 7:30 de la mañana. Nuestros teléfonos no tenían señal, tenían muy poca batería, pero finalmente decidimos salir a buscar ayuda, ya que parecía que el hospital se había tragado a mi amigo y ya no sabíamos qué hacer.
Después de eso, escuchamos un grito aterrador, pero no parecía ser de Juan.
No lo pensamos dos veces, decidimos salir corriendo del lugar.
Fuimos hasta el auto, nuestros corazones latían como nunca, y nos marchamos sin siquiera mirar hacia atrás.
Después de ese horrible acontecimiento, algo cambió en nosotros, pues nos culpamos mucho de lo que le pudo haber pasado a Juan.
Nadie nos cree lo que sucedió aquella noche, y la grabación que teníamos, extrañamente se perdió, la policía ya abrió una investigación sobre la desaparición de Juan, y los principales sospechosos, somos nosotros.

 

Autor: Liz Rayón

Derechos Reservados

El Pacto De Generaciones

El tema de la familia puede ser muy controversial. Pues se nos enseña que debemos querer a cada uno de los que la conforman, sin importar qué.
Aunque en muchas ocasiones esto resulta complicado, si el que llamamos “hogar” está lleno de malas energías y discusiones, como pasó con el mío.
Hace 15 años era normal que los vecinos escucharan los gritos que provenían de mi casa cada que llegaban mis tíos, pues peleaban con mis padres por la enorme herencia que había dejado la abuela.
Nadie se explicaba como una mujer que en el pasado no tenía ni para comer, de repente haya tenido una enorme fortuna, aunque está parecía estar acompañada de desgracia, hasta después de su muerte.
Quién diría que la misma caminaría de la mano conmigo también.
Describiría mi vida como una película de terror. Pues desde que era muy pequeño, la relación tóxica de mis padres, me hizo crecer con muchos traumas y fantasmas que me acompañan hasta ahora.
Mi mamá me cuenta que cuando tenía apenas 5 meses, me tenía en sus brazos, en la vieja mecedora de madera, mientras esperaba que llegara mi padre del trabajo, pero ya estaba muy cansada pues era casi media noche, y los ojos se le cerraban involuntariamente, hasta que no aguantó más y se quedó dormida.
Despertó cuando escuchó la puerta. Era mi padre quien la saludó sin ganas, pero no respondió al notar que yo no estaba en sus brazos, soltó un grito y comenzó a buscar por todos lados.
Llamó a la abuela, quien la regañó diciéndole que mil veces le había dicho que pusiera tijeras bajo la almohada en forma de cruz, para que las brujas no se acercaran, y que ahora debía rezar el padre nuestro al revés, para que le regresaran a su bebé, y así lo hizo.
Después de rezar mientras lloraba inconsolablemente, escuchó mi llanto afuera, y le pidió a su esposo que fuera a ver. Y ahí me encontraron en el techo, totalmente descubierto y con rasguños en el abdomen. Esto fue solo el comienzo.
Después de 6 años de aquel suceso que obviamente no recuerdo, vinieron muchas peleas en casa, pues mi mamá sospechaba que mi padre le era infiel y mi padre no lo negaba, decían que solo estaban juntos por mí. La energía en mi casa era triste o al menos así lo sentía a esa edad.
Todo fue peor cuando empecé a tener esos horribles sueños cada noche. Soñaba con los villanos de mis videojuegos, que venían por mí y a veces con ancianas vestidas de negro que hundían sus sucias uñas en mi piel, pero lo más extraño es que mi abuela era una de ellas.
Además, cuando mi habitación se quedaba en absoluto silencio podía escuchar como alguien abría la puerta, mientras tapaba mi cara completamente con la cobija.
Se escuchaban pasos yendo hacia la cama. Primero muy lento y después como sí corrieran rápidamente hasta llegar al borde, en ese punto podía sentir la respiración de algo o alguien cerca de mi cara cubierta, y de pronto susurros que nunca lograba entender. Cuando me destapaba lentamente no había nadie.
Siempre que sucedía eso me quedaba en shock, sudando frío, y después de unos minutos gritaba con todas mis fuerzas y sentía que el corazón se salía de mi pecho. Mis padres llegaban y trataban de calmarme. Era un proceso largo, pero al final podía dormir entre ellos y sentirme seguro.
De repente las pesadillas y las visitas nocturnas pararon, los gritos en casa no, y así fue por muchos años.
Hasta que un día antes de mi cumpleaños número 17, mis padres habían salido a ver a los abuelos, y regresarían hasta el día siguiente, así que me quedé solo.
El día estuvo tranquilo, pero en cuanto llegó la noche todo se empezó a tornar raro.
Decidí ir a la tienda de conveniencia que estaba a unas cuadras de la casa, a comprar algo para ver una película. Salí y mientras caminaba noté que las luces se veían más tenues de lo normal, y el ambiente se sentía extraño, muy pesado. Seguí caminando y cuando llegué estaban a punto de cerrar, así que compré lo que necesitaba y salí rápido.
Caminé sin prisa por la calle que extrañamente se veía más larga y oscura, no había nadie fuera, y varias casas tenían las luces apagadas, pero de pronto escuché unos murmullos atrás de mí. Volteé sigilosamente y pude ver a dos ancianas que iban tomadas del brazo. Al verlas sentí una punzada en el corazón, como presintiendo que algo no iba bien, aún faltaba un poco para llegar a casa, así que traté de no darle importancia, aunque no podía dejar de pensar en que hacían dos mujeres mayores a esas horas caminando como si fuera medio día.
Sentí como mi corazón latía con prisa, cuando escuché como cada vez caminaban más rápido, podía notar como sus pisadas se hacían más fuertes y como se acercaban más y más, parecía que corrían, pero ¿Cómo era posible que un par de viejitas fueran tan rápido, cuando unos minutos antes caminaban lentamente aún lejos de mí?
El viento pesaba y todo se veía cada vez menos iluminado. Aunque hacía frío, las gotas de sudor rodaban en mi frente cuando escuché a las señoras, apenas a un metro de mí murmurando, mi nombre.
Volteé por inercia, y el corazón casi salía de mi pecho cuando me di cuenta de que estaba completamente solo.
Corrí la última cuadra que me faltaba para llegar, entré, me senté, tomé agua y traté de calmarme, pues mis manos temblaban involuntariamente.
Quizá todo había sido un juego de mi imaginación, pero descarté esa idea más tarde.
Me Calmé, me lavé la cara y puse la película. Aunque traté de poner atención y distraerme, no dejaba de pensar en el rostro de aquellas mujeres, y en lo claro que las había escuchado decir mi nombre.
Más tarde fui a la cama, mamá me había llamado unos minutos antes, pero no le conté nada, pues no quería preocuparla.
Mientras intentaba dormir comencé a sentir de nuevo esa mala vibra y un miedo irracional. Mis músculos se contraían sin querer, y escalofríos recorrían cada parte de mí.
Y de repente escuché a alguien tocar mi ventana. Abrí los ojos y quise convencerme de que no había sido nada, pero bastaron unos segundos para que ese sonido se hiciera presente de nuevo. Mi padre siempre decía que los verdaderos hombres nunca tenían miedo y que nunca lloraban, pero esa noche no pude cumplir ninguna de esas reglas cuando volví a escuchar murmullos y risas tras el vidrio, y después de nuevo mi nombre.
Estaba en el segundo piso, así que era imposible que eso fuera normal.
No supe en qué momento entré lágrimas, miedo y oraciones, me quedé dormido.
Desperté cuando llegaron mis padres, y me llamaron a desayunar, aún recuerdo pensar que lo de la noche anterior había sido un sueño, aunque en el fondo sabía que no.
No le conté nada a nadie, pero las noches siguientes tuve pesadillas, una más horrible que la otra. En varias recuerdo haber soñado a aquellas ancianas y en como succionaban mi sangre, y se reían de mí.
Después de varios meses pude dormir más tranquilo y no sucedió nada raro.
El cumpleaños de mi padre de ese año, fue un domingo y todos llegaron a festejar. Mis tíos compraron pastel y adornaron con globos, también llevaron alcohol que al final no fue tan buena idea porque terminaron peleando como siempre. También fue la abuela, con quien me refugié en ese momento. Era una mujer muy fuerte y a pesar de su edad muy bella, cuando me veía, constantemente estaba abrazándome, y aunque su sonrisa me parecía burlona y algo extraña siempre era un gusto verla. Cuando mis padres peleaban, la llamaba y nunca dudaba en consolarme y darme un consejo.
Aquel día me regaló un collar con dije muy bonito, que desde entonces usaba siempre. Le conté acerca de los sucesos de los meses anteriores, y mientras todos peleaban en el patio me llevó a la cocina, sacó unas hierbas de su bolsa de mandado y comenzó a limpiarme con ellas mientras decía unas palabras en otro idioma.
Sentí miedo cuando por un momento su mirada se perdió en la nada, como si estuviera en otro mundo, luego una sonrisa se dibujó en su rostro, y repitió mi nombre varias veces sin parar, hasta que toqué su hombro y reaccionó confundida.
Me dijo que tenía que irse, porque era muy tarde en un tono normal, como si nada hubiera pasado.
Años más tarde salió a la luz la oscura verdad.
Mis padres finalmente se divorciaron, fue un proceso difícil a pesar de que ya tenía 22 años, la abuela marcaba cada semana para hablar conmigo y consolarme. Había tenido pesadillas de vez en cuando, pero nada fuera de lo normal.
Mi vida fue en declive cuando mamá me dio la noticia. la abuela había muerto.
No podía entender como era posible si apenas la noche anterior habíamos hablado por horas y sonaba muy bien. Mi padre me dijo que fue un paro cardíaco.
Mis tíos lloraban, pero no se veían muy tristes, y menos cuando los vi en la cocina riendo y dándose palmaditas en el hombro.
Solo estuve un rato en el velorio, que por cierto fue muy raro, porque había muchas personas raras ahí, y todo se sentía pesado, daba miedo en lugar de tristeza.
Fui a mi cuarto y me puse a llorar bajo las sábanas. Me di cuenta de que mi única confidente, yacía en aquel féretro inerte y que jamás volvería a verla, pero me equivoqué.
Pasados unos días papá llevó un par de cajas con cosas de la abuela que quería conservar.
Me emocioné, porque sabía que ahí podría encontrar algo que se quedará siempre conmigo para recordarla.
Al llegar la tarde, cuando se habían marchado a arreglar lo del panteón, me puse a buscar. Abrí las cajas, la primera solo tenía cuadros pequeños que se podían colgar en la cocina.
Continué con la otra y ahí encontré pequeños muñequitos de cerámica que ella misma había pintado, los miré y pensé en quedarme uno y ponerlo en la mesa de noche, lo puse a un lado y continué.
Me di cuenta de que en el fondo había un pequeño baúl de madera con cerradura, era muy bonito, sinceramente me dio curiosidad y busqué en las llaves que había dejado papá en la mesa, probé con todas y por fin pude abrirla.
En ese momento un frío profundo invadió la casa, pero como siempre pensé que no era nada.
Me senté en el sofá y lo puse aun lado. Dentro había fotos y papeles viejos, saqué uno por uno para verlos. Me sentía feliz porque sabía que las manos de mi abuela habían estado ahí.
Tomé una fotografía, y la nostalgia invadió mi ser, al ver a mi abuela de joven en traje de baño y tras ella el mar de Veracruz.
Seguí con un papel que se veía muy viejo ya, manchado de café, tenía algo escrito, parecía otro idioma y muchos símbolos extraños.
El siguiente citaba algo que se podía leer perfectamente, decía: “Sé que la decisión que tomé fue la mejor.
Odio ser pobre, siempre lo he odiado, odio no tener lo que quiero, no poder vestirme como quiero, y vivir en este asqueroso barrio, así que no me arrepiento de entregar al primer varón de la segunda generación de mi familia a mi señor, a cambio de una enorme fortuna.
Me quedé pensando en que significaba, ¿Se refería a Dios? Supuse que sí, pues era católica, pero no tenía sentido.
Continué sacando más fotos que eran bastante normales; de ella con sus amigas, también cuando se casó con mi abuelo, todas eran a blanco y negro.
Mi piel se heló cuando empecé a ver las últimas fotos, se veían símbolos extraños dibujados en el piso, pentagramas, dibujos de cabras y seres con cuernos, así como animales muertos, y mi abuela llena de lo que parecía ser la sangre de los mismos, y un papel con mi nombre escrito en todos lados.
Pero lo que me hizo querer vomitar fue la última foto y la carta del final.
La carta tenía escrito:
“Nos da mucho gusto que por fin hayas tomado la mejor decisión. Te prometemos que no te vas a arrepentir, pues nuestro señor satanás te dará todo lo que pidas a cambio del alma de tu primer nieto varón, recuerda llevar todo lo que te pedimos para el primer ritual. Tu miedo de seguir en la pobreza desaparecerá.”
Cuando acabé de leer eso, en mi mente pasaban como en una película los peores recuerdos, todo lo que había sufrido con los años, y ahora podía ver claramente el porqué.
La última foto era a color, y se podía ver a mi abuela sonriendo de oreja a oreja con las mismas ancianas que había visto hace tiempo, la noche que fui a la tienda, que habían tocado mi ventana, que había visto en mis sueños y que seguramente eran las mismas que me habían arrebatado de los brazos de mi madre cuando era un bebé.
Aventé la caja con repulsión y miedo.
Ya había llegado la noche y ahora sí tenía miedo de verdad, porque sabía que todo era real. Intenté llamar a mis padres, pero no hubo respuesta, así que decidí ir a mi cuarto y buscar en internet casos similares.
Subí las escaleras con las piernas temblando, y justo antes de abrir la puerta me di cuenta de que al otro lado, se escuchaba mucho ruido. Con miedo abrí poco a poco la puerta, pero lo que vi me hizo retroceder y sentir que el alma se salía de mi cuerpo, pues en el piso muchas velas rojas formaban un círculo y en medio había una foto de una cabra negra, al rededor estaban hincadas tres mujeres desnudas, las primeras eran las dos ancianas, las que había visto en mis sueños en la calle, y  la tercera era mi abuela que cuando me vio en su rostro se formó aquella sonrisa burlona de siempre.
La realidad supera la ficción, y esa noche lo supe.
Creía que no podía sentir más terror, hasta que las tres se acercaron a mí y acariciaron lentamente mi cara con sus asquerosas manos. Me quedé en shock, inmóvil, las lágrimas rodaban por mis mejillas, pues sabía que no saldría vivo de ahí.
Desperté en un hospital, lleno de rasguños y moretones. Mi padre estaba junto a mí y me contó que me encontró en el suelo convulsionando, y que al final mis ojos se cerraron, y mi cuerpo dejó de moverse.
En ese momento, me di cuenta de que él me salvó, pero también vivo cada día pensando en cuando vendrán aquellas ancianas por mí, o más bien por mi alma.

 

Autor: Liz Rayón

Derechos Reservados

El Ex Convento

Desde niño siempre me ha gustado el terror. Cuando tenía apenas 6 años, mi niñera me ponía películas de ese género, hasta que a mis 13 años comencé a verlas en casa con mis primos. Además, me encantaba leer acerca del tema. Tenía pesadillas de manera recurrente.
Las que más recuerdo, fue cuando a los 8 años soñé con como un horrible hombre me arrancaba los dientes con unas pinzas, y a los 15 soñé con una bruja enorme sin una pierna que quería cocinarme en su enorme caldero.
Hasta los 18 mis pesadillas cesaron. Recuerdo que dejé de estar en contacto con el mundo del terror, hasta que un día mi mejor amigo Iván, me invitó a un nuevo proyecto.
Quería grabar videos de miedo para YouTube, y me dijo que le gustaría que ambos fuéramos a lugares embrujados y narráramos la historia.
La verdad me pareció una gran idea, pues era la oportunidad perfecta de adentrarme de nuevo en el mundo del terror, así que acepté.
Ahorramos para una cámara durante 3 meses, y cuando por fin la conseguimos, planeamos cuál sería nuestro primer destino. Buscamos en internet a cerca de lugares encantados cerca de la ciudad, y de todos los que aparecían, nos llamó la atención uno en particular, pues era muy cerca de donde vivíamos, además se veía bastante aterrador.
Era un convento abandonado, que por lo que decían llevaba más de 100 años deshabitado gracias a los aterradores sucesos que habían sucedido ahí.
Contaban que en el siglo pasado, había sido una enorme vecindad, y que ahí vivieron muchas personas, pero algunas de ellas eran malas.
Ahí hubo asesinatos, prostitución y vandalismo, así que las vibras eran pesadas.
Cuando lo convirtieron en convento todo fue mucho peor, aunque debió ser diferente. Se cuenta que los sacerdotes abusaban de las monjas, y cuando estas salían embarazadas, las tiraban al pozo que estaba en el medio de aquel sitio.
Además, que ahí se llevaron a cabo varios exorcismos, el más impactante fue el de María, una niña de apenas 10 años que sufría convulsiones, y a la que su voz cambiaba a más grave sin razón.
Un sacerdote dijo que tenía al demonio dentro, y que debían sacarlo cuanto antes para que no afectara más la salud de la pequeña. El exorcismo parecía ir bien, hasta que el demonio golpeó al exorcista tan fuerte que falleció al instante, y a continuación la niña se golpeó a ella misma con una fuerza impresionante, y aunque los demás sacerdotes y el padre de la niña trataron de impedirlo, los golpes también la mataron.
Por último, los vecinos del lugar dicen que muchas sectas satánicas iban a ese lugar a hacer sus rituales.
Por todo esto pensábamos que el lugar debía guardar mucha mala energía, y por ende, seguro que podríamos grabar algo interesante.
Después de muchos años de investigar y leer cosas de terror, había aprendido a como llamar espíritus y como ahuyentarlos con fuego y sal. Jamás lo había intentado, pero creía que era hora de poner todos esos conocimientos a prueba en los videos.
Recuerdo que decidimos ir al lugar un jueves para pedir permiso y explorar antes de la grabación. El velador, llamado Rubén, se emocionó mucho y nos pidió salir en el inicio del video, a lo que accedimos.
Entramos al lugar y con el primer paso que dimos pudimos notar que el aire era muy pesado y aterrador, a pesar de que era de día. El sitio era enorme, la construcción era muy vieja, se escuchaba mucho eco y los pasillos eran larguísimos. En medio del lugar estaba el patio y tenía un pozo en el centro.
El convento era de 4 pisos, pero don Rubén nos dijo que no podíamos ir al último, estaba totalmente prohibido, y cuando le preguntamos por qué, no nos quiso decir.
Nos contó casi todo lo que ya habíamos leído del lugar, pero añadió sus propias historias.
Un día estaba barriendo por la noche los pasillos, y cuando llegó al que daba hacia el patio, se aterró al ver a lo que parecían sacerdotes en fila tirándose en el pozo, esa noche salió corriendo de ahí. Tomó su bicicleta y se fue, no le dijo a nadie que había pasado, pasó la noche en casa temblando de miedo al recordar aquella escena.
También nos platicó que una vez encontró a un grupo de mujeres en círculo alrededor de una mesa, donde estaba una cabra ya muerta, las mujeres decían palabras muy raras, y se untaban en la cara la sangre del animal. Esa noche también fue a casa pues no quería hacerse el valiente, ya que esas cosas eran del demonio.
También nos dijo que por las noches siempre se escuchan risas, gritos o rasguños dentro del lugar, pero que prefería ignorarlos y que después de tantos años se acostumbró.
Nos parecía un lugar fascinante, y sentíamos la maldad que habitaba ahí, era perfecto para iniciar.
Agradecimos al amable velador y nos fuimos al parque a ensayar lo que diríamos y por donde empezaríamos.
Después de tener todo listo partimos a nuestras casas a descansar pues seguro la siguiente noche sería cansada.
Lo raro de aquello fue que cuando estaba a punto de dormir, escuché algo raro afuera de mi cuarto, sabía que no era mamá ni mi hermano, pues no reconocía aquellas pisadas, además supe que no eran ellos cuando escuché como alguien rasguñaba la pared.
No le di mucha importancia, pensé que debía ser solo mi mente, pero supe que no, cuando sentí como alguien o algo tocaba mi mano destapada. Eran unos dedos helados, y pude sentir también las uñas rasgando mi piel. En ese momento me quedé en shock, me quedé inmóvil cerrando los ojos fuerte y rezando, esperando que ese ser se fuera por sí solo.
Después de unos segundos que pude sentir como horas, el ambiente volvía a estar como antes, y respiré profundamente agradeciendo que eso se hubiera ido.
Me quedé dormido y después de muchos años volví a tener pesadillas.
Esa vez soñé que estaba con Iván en el convento, y que mientras mirábamos al fondo del pozo, mi amigo me empujaba hasta hacerme caer dentro. Sentía como caía, y al ver hacia abajo notaba que estaba todo lleno de cadáveres.
Desperté sobresaltado y me sentí mejor al saber que solo había sido una pesadilla.
Pero todo cambió cuando abrí los ojos, porque vi a alguien a lado de la puerta, no podía creerlo, limpié mis ojos con mis puños y seguía ahí, esta vez pude ver su rostro claramente.
Era un hombre alto, de piel clara, su sonrisa, al ver que había notado su presencia, se hizo más grande, casi salía de su cara.
Mi miedo aumentó cuando vi que sus pasos iban hacia mí, ahí no aguanté más y grité.
Mi madre vino corriendo, me encontró bajo las sábanas llorando y gritando desesperadamente.
Mi madre me dijo que probablemente había agarrado un mal aire por la vibra del lugar.
Por la tarde llegó Iván en su camioneta, llevaba lámparas, la cámara, alcohol, la sal, y unos sándwiches por si nos daba hambre.
Subí y nos fuimos hacia el ex convento. En el camino le platiqué a mi amigo sobre lo que había soñado y lo que había pasado, y sorprendentemente me dijo que él también había tenido pesadillas muy extrañas, y que toda la noche escuchó que alguien arrastraba algo fuera de su cuarto, y que no salió por miedo.
Cuando llegamos don Rubén nos recibió con gusto y nos guio hacia la entrada. Como habíamos quedado él salió al principio de la filmación contando sus experiencias ahí, después seguimos nosotros dando el recorrido.
Primero pasamos por uno de los enormes pasillos, donde escuchamos el maullido de un gato, pero eso no era un maúllo normal, empezamos a tener mucho miedo, aunque todo eso haría que la primera grabación fuera un éxito.
Continuamos por los demás pasillos mostrando las habitaciones, y cuando llegamos al patio, el sol se escondió por completo revelando la tenebrosa oscuridad. Contamos lo que se decía que había pasado ahí, y ese fue el lugar perfecto para hacer las cruces con alcohol y sal.
Prendimos el fuego, y las llamas primero se veían de un color rojo intenso, pero poco a poco se volvían completamente verdes, por un momento una de ellas parecía ser una garra.
Al apagarse, pasó algo muy extraño.
Escuchamos algo en el último piso, y al voltear a ver a la ventana vimos a alguien que se asomaba. Eso no era normal, lo grabamos y aunque moríamos del miedo teníamos que mostrarnos seguros.
Después de un rato decidimos comer y despojarnos un poco, porque parecía que habíamos corrido un maratón, estábamos demasiado cansados, como si algo nos hubiera robado toda la energía.
Al terminar nuestros sándwiches seguimos con lo que nos faltaba del lugar, todo iba bien, y de hecho al llegar al último piso y finalizar el video ya no teníamos tanto miedo.
Nos sentamos un momento al platicar sobre lo genial que quedaría, pero después de unos minutos algo interrumpió nuestra conversación. Se escuchaba en una de las habitaciones, nerviosos y algo asustados decidimos ir a ver para quitarnos la duda, y comprobar que no era nada.
Caminamos hacia allá y al entrar vimos que había una enorme bañera blanca, al acercarnos más notamos que estaba llena completamente, pero no de agua, sino de lo que parecía ser sangre.
Dimos un paso hacia atrás, nos miramos sin decir nada y corrimos, pero el sonido del líquido nos hizo voltear por inercia. Aún recuerdo perfectamente sentir como si el corazón fuera a salir de mi pecho, cuando vi a aquel ser brotar de ahí, lleno de sangre.
Lo miré durante unos segundos apenas, pero se parecía mucho al hombre que había visto en mi cuarto esa mañana.
Lo miré durante unos segundos apenas, pero se parecía mucho al hombre que había visto en mi cuarto esa mañana.
Dejamos todo ahí sin importar nada, y llegamos hasta la entrada donde el confundido velador nos preguntó que había sucedido.
Le dijimos lo que habíamos visto, y mi amigo y yo fuimos a la camioneta, y salimos lo mas rápido que pudimos de ahí.
Dejando a Don Rubén preocupado.
Nadie dijo una sola palabra en el camino.

Hasta el otro día que nos reunimos en su casa, y comentamos lo que había pasado.
Nos armamos de valor, y decidimos ir a recuperar nuestras cosas del lugar.
pero ya no pudimos recuperarlas, porque ya no estaban.
Ahí quedó nuestro proyecto, en una experiencia aterradora que hasta el día de hoy sigue dando vueltas en mi cabeza.

 

Autor: Liz Rayón

Derechos Reservados

En Busca De Un Alma

Era un 26 de octubre, aún lo recuerdo como si hubiera sido ayer.
Y me invade un cúmulo de recuerdos, escalofríos, pensamientos y miedo.
Aquel día mis padres salieron de casa, era el cumpleaños del tío Octavio, mismo que detestaba el ruido de niños pequeños, así que mis padres decidieron que mi hermana Paty, de apenas 6 meses y yo con 12 años nos quedaríamos en casa, pues yo era una niña lo suficientemente “grande” para cuidar a mi hermanita menor, y nuestra niñera, recién había renunciado.
Mis padres confiaban mucho en mí, pues siempre fui una niña segura y valiente, hasta ese día.
No tenía mucho que nos habíamos mudado a esa casa, pues mi padre había conseguido un mejor trabajo, nos estaba yendo bien económicamente, y mi padre quería invertir en un patrimonio para nosotros.
Al visitar la casa por primera vez me, di cuenta de que era muy grande y antigua, tenía colores muy sólidos y un sótano que a decir verdad era espeluznante, a pesar de mi corta edad recuerdo que el vendedor era un señor mayor y solitario, pues le comentó a mis padres que su esposa había fallecido hace unos años y mi nueva casa le traía recuerdos tristes, pues ellos la construyeron con el fin de formar una gran familia, sin embargo, nunca pudieron tener hijos, así que esa casa terminó siendo muy grande solo para dos personas, por lo que al fallecer la esposa, el señor decidió ponerla en venta.
Mis padres estaban felices, pues querían que tuviéramos un espacio más grande para jugar y tener una infancia feliz, algo que no tuvieron los antiguos habitantes, así que esa misma situación nos llevó a adoptar a ‘Lucifer’, un pequeño gatito negro que me regaló Daniela, una amiga de la escuela.
Lucifer tenía unos ojos enormes, y aunque era un gato muy huraño, siempre estaba al pendiente de Paty, algo que a mi abuela materna le molestaba, pues ella tenía la creencia sobre el mal aire que pueden contraer los bebés, además que decía que los gatos negros traían la mala suerte, y que los pelos estaban por todos lados.
Sin embargo, mi tío, a pesar de tener un mal carácter decía que los gatos eran animales que ayudaban a consumir las malas energías y vibras del hogar, así que decidimos hacer caso omiso a los comentarios de la abuela e integrar a nuestra familia a Lucifer.
Aquel día, mis padres antes de irse me dieron indicaciones de cómo cuidar a Paty, dijeron que estarían al pendiente del teléfono por si ocurría alguna emergencia, pero, yo sabía que no los necesitaría, pues mi hermanita era una bebé muy tranquila que solo lloraba al pedir la mamila o cuando debíamos cambiarla.
Cuando llegó la hora de que mis padres se fueran, me abrazaron, y me recordaron llamar si había algún problema.
Al verlos subir al auto, sentí escalofríos, pero traté de calmarme supervisando que Paty ya estuviera dormida, para después dirigirme a la sala con una manta y  prender la televisión, mientras en la cocina se escuchaba el ruido de las palomitas con extra mantequilla que me gustaba preparar, luego de ir por ellas a la cocina recuerdo como el lugar se sentía cada vez más frío, así que me envolví bien en la cobija, subí el volumen de la televisión y comencé a relajarme.
Escuché el teléfono sonar, y di un pequeño brinco en el sillón, pues no eran horas de recibir una llamada, tomé el teléfono en espera de a que alguien hablara, pero nunca obtuve respuesta.
-Quizá alguien se equivocó de número (Pensé)
Minutos más tarde, volvió a sonar el teléfono, pero está vez era mi madre.
– Hija ¿Cómo va todo?, preguntó mi madre.
– Muy bien, estoy viendo la televisión, y Paty se ha quedado dormida, por cierto alguien marcó al teléfono hace unos minutos pero nadie contestó. Le dije.
Seguimos platicando, y cortamos la llamada con una breve despedida.
Todo seguía en orden, hasta que escuché maullar a Lucifer dentro del cuarto de mi hermana, aunque de una forma muy extraña, un sonido que nunca había escuchado ni de él, ni de ningún otro gato, era peculiar y tenebroso a la vez, como si alguien lo estuviera torturando. Lo llamé haciendo sonar el sobre de su comida favorita; sin embargo, este hizo caso omiso y continuó con esos ruidos extraños, así que fue ahí donde empecé a preocuparme.
Así que me dirigí corriendo al cuarto de Paty, pero al momento de llegar, me di cuenta de que la puerta estaba cerrada, algo muy común en esa casa, pues las chapas ya eran muy viejas y solían atorarse en todo momento, así que traté de abrirla, pero en efecto, esta se había atorado y yo no tenía la fuerza suficiente para abrirla, así que decidí tomarme unos minutos, y Lucifer seguía haciendo esos sonidos, los cuales no me causaban desconfianza, pero traté de enfocarme en lo que realmente importaba que era Paty, y pensé en alguna forma de abrir esa puerta vieja, pero no tenía idea dónde se encontraban las llaves, y aunque por un momento pensé en tomar el teléfono y llamar a mis padres, decidí no hacerlo, pues no quería arruinarles la noche.
En ese momento, traté de arreglármelas yo sola, en medio de la noche y en una casa que no conocía en su totalidad.
Decidí pegar mi oído a la puerta para escuchar al menos que Paty estuviera bien, pero me quedé helada al momento de escuchar entre susurros como alguien le cantaba una canción de cuna, era una voz sutil pero al mismo tiempo aterradora, y en ese momento sentí un fuerte nudo en la garganta.
Lo primero que pensé, era que alguien había entrado al cuarto, y quería robarse a mi hermana, así que fui rápidamente a la cocina, y tomé el cuchillo que mi madre usaba para cortar carne.
Regresé al pasillo que guiaba al cuarto, pero Lucifer ya no se escuchaba, la puerta seguía atorada, y aquel canto de fondo dentro de la habitación no cesaba.
– ¿Hay alguien ahí? Pregunté muerta de miedo.
Como era de esperarse nadie me contestó, así que decidí empezar a patear la puerta desesperadamente, y con todas mis fuerzas para que se abriera, fueron quizá unos minutos, pero yo sentí que fueron horas, hasta que pude abrirla, en ese momento corrí a la cuna de Paty y agradecí al ver que ella seguía dormida, como si nada hubiera pasado, me aseguré de que respirara y se encontrara bien y así era.
Respiré aliviada, pero mi corazón latió muy rápido cuando vi a mi pequeña mascota.
Por un momento pensé que todo había sido producto de mi imaginación, pero no, en una de las esquinas del cuarto se encontraba Lucifer, con la boca abierta y los ojos en blanco, mirando exactamente a la cuna de mi hermana.
Me quedé en shock, me sentía triste, pero también desconcertada, porque no entendía que había pasado ahí. No había rastro de sangre, simplemente se encontraba ahí, mirándonos fijamente.
Muerta de miedo, abracé a mi hermanita y corrí a la sala a marcarle a mis padres, mismos que espantados me dijeron que saliera por la puerta trasera de la casa y me fuera con nuestra vecina, pues el trayecto de la casa del tío Octavio a la nuestra, aún era largo.
Me dirigí a tocar la puerta de la casa de alado con mi hermana en brazos, y después de un par de minutos abrió, y al darse cuenta lo pálida que estaba, y mi expresión de terror, me preguntó que había pasado, así que decidí contarle, y aunque era una niña, ella me creyó, pues en mí, se expresaba el gran terror que había vivido en ese momento.
Al llegar, mis padres corrieron a abrazarnos e inspeccionar la casa, pues era un asunto muy raro y delicado, era como si algo estuviera esperando a que nos dejaran solas, y llevarse a mi hermanita, o su alma.
Después de lo sucedido, decidieron poner nuevamente la casa en venta e irnos a vivir a otro lugar, pues en especial mi vida no volvió a ser la misma.
Y aunque muchas personas no suelen creer en esta historia, años después revisando el álbum familiar, encontramos en una fotografía tomada en el cuarto de Paty, en la cual se podía percibir el rostro de una mujer en aquella misma esquina en la que encontré a Lucifer esa noche.
No supimos con exactitud lo que realmente sucedió en aquél momento, y aunque han pasado ya 10 años, aún sigo soñando con esa voz cantándole a mi hermana, y recordando las expresiones de mi gato, pues a pesar de quererlo mucho, el único recuerdo fijo que tengo de él, es como maullaba, y miraba fijamente a mi hermana.

 

Autor: Liz Rayón

Derechos Reservados

Bestias Diminutas

En aquel rancho de Tabasco, había grandes árboles de mango, que daban sombra en el verano, pero que por las noches guardaban oscuros secretos, criaturas de las que uno debía temer.
Cada diciembre íbamos a casa de los abuelos, y pasábamos navidad y año nuevo con ellos. Mi abuela siempre contaba las mismas historias a la hora de la cena, pero todos la escuchábamos con atención, aunque ya nos la supiéramos de memoria.
Una de esas historias, era la que hablaba de un juguete embrujado. Nos decía que cuando era niña, sus padres le habían regalado una muñeca por su cumpleaños, que era la más bonita que había visto. Era de cerámica, sus ojos eran de un azul intenso, y su cabello era suave y negro como la oscuridad.
Estaba muy feliz con su regalo, y al principio la llevaba a todos lados, no la soltaba, hasta que empezaron a ocurrir cosas extrañas en casa, y principalmente a su nueva muñeca.

Cada noche escuchaba como el viento soplaba las hojas de los árboles con fuerza, y aquel sonido era similar al de risas de muchos niños. A mi abuela le daba mucho miedo, por eso trataba de dormir temprano.
Una de esas noches, sucedió algo muy extraño.

Se quedó dormida antes de que el aire soplara, pero un sonido la despertó de repente.
Era como unos pasos pequeños bajo su cama. Nunca había escuchado un sonido similar, y por eso le llamó muchísimo la atención. Quería saber que era lo que causaba eso, pero también tenía miedo de averiguarlo.
Recordó cuando no quería subir a esa enorme resbaladilla, y su madre le había dicho que debía ser valiente, y por eso se atrevió a mirar.

Bajó su cabeza lentamente, y miró por debajo de la cama. No veía mucho, pues estaba muy oscuro, y el espacio era limitado.

Pero cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, pudo ver unas pequeñas patitas, eran como de un animal, pero era algo caminando en 2 patas. Un pequeño hombrecito con patas de cabra estaba bajo su cama. Mi abuela abrió muy bien los ojos, no podía creerlo. No hizo ruido, y se tapó con las sábanas nuevamente. Aunque tenía mucho miedo, no sabía si eso era normal o no, quizá estaba soñando o tal vez eso era un hada que había venido, que dejar algo bonito para ella.
Pensando se quedó dormida y al día siguiente decidió no contarles a sus padres, porque seguramente no le creían, y la regañarían por estar despierta tan tarde.
Llevó su muñeca como siempre a la escuela, pero esta vez notó algo raro en ella. Estaba segura de que su sonrisa no era tan grande el día anterior, era como si alguien hubiera seguido la línea de esta hasta llegar casi a las orejas, y sus ojos se veían un poco más oscuros. Pensó que tal vez estaba equivocada y siguió con sus apuntes.
Cuando llegó a casa comió y se dio un baño.

Metió a su muñeca favorita con ella, y la dejó en una silla cerca del lavabo.
Mientras el sonido del agua se escuchaba cayendo, y el vapor llenaba el baño de neblina, no notó nada raro, pero cuando cerró las llaves de la regadera para enjabonarse escuchó algo.

Algo se arrastraba cerca de la puerta, el sonido era suave, pero notorio, así que fue hacia la puerta, y vio que su muñeca estaba tirada, no en la silla como la había dejado. Pensó en la posibilidad de que fuera ella quien se estuviera arrastrando, pero la descartó sabiendo que los juguetes no se mueven.
No hizo mucho caso de eso, y siguió bañándose. Un par de minutos después salió, y se vistió con la ropa que había puesto su mamá en la cama.
Se acostó un momento, pensaba tranquilamente en lo bien que le había ido en el examen de ese día, hasta que algo llamó su atención.
Sentía como si alguien la estuviera observando, pero no había nadie más, solo su preciada muñeca que yacía inerte en el buró de la cama.

No hizo mucho caso, y siguió divagando, pero unos segundos después vio como el obsequio de sus padres caía al suelo, aun cuando estaba muy lejos del borde del mueble. Dio un brinco, y esa vez si se asustó. No le veía lógica a lo que había pasado.
No les quiso contar nuevamente a sus papás, porque su inocencia de niña le decía que seguramente le quitarían a su muñeca.
Pasó la tarde, estaba jugando con todos sus juguetes, y después fue al parque con su tía.
Por la noche, aunque quería dormir para no escuchar las risitas, no podía, era imposible conciliar el sueño para ella.
Escuchó las hojas de los árboles de mango moviéndose violentamente, provocando aquel sonido tan peculiar, aunque esta vez era diferente.
Las risitas parecían burlonas y más graves, además de que empezó a escuchar pasos como los de la otra noche, pero más fuerte, y los pies parecían ser más grandes.

Se asomó viendo hacia abajo, su respiración se agitó hasta tal punto de sentir que sus pulmones no se llenaban, el sudor caía por sus mejillas y el miedo se apoderaba de ella.

Quien caminaba está vez, pero no abajo de la cama, sino por el cuarto, era su muñeca.

No podía creerlo, no era posible. Además, cuando aquel ser la miró, notó que sus ojos eran completamente negros, y que su sonrisa era más grande, sus pies no eran de cerámica, parecía que lo que estaba dentro de ella había roto el material, y salían unas patas como de cabra de ahí.
Mi abuela no aguantó más, y perdió el conocimiento por poco tiempo, pero dice que en ese momento se le subió el muerto, sentía como alguien la asfixiaba y no podía despertar.
Luego de un rato, reaccionó, y comenzó a llorar, quería ser valiente, pero sentía que ya no podía.
Guardó todo su miedo y las ganas de contarles a sus papás, porque no quería que pensaran que era una cobarde.
Apenas pudo dormir.

Después de esa noche su salud empezó a empeorar con el tiempo, siempre se sentía cansada, con dolor de cabeza y espalda, algo que no era normal en una niña. Cuando la llevaban al médico, siempre decía que no tenía nada, y los estudios lo confirmaban.
Sus padres ya no sabían qué hacer. Mi abuela seguía viendo a su muñeca moverse muchas ocasiones, a veces podía sentir su mirada penetrante y su sonrisa era cada vez más burlona.

No aguantó más y les contó todo.

No sabían si creerle o no, pero cuando les mostró la muñeca, no había duda de que estaba totalmente diferente, y no tenía sentido, porque era de cerámica.
Decidieron enterrarla en el panteón más cercano, junto con una botella de agua bendita.
Después de eso no volvieron a ocurrir cosas extrañas en aquella casa, y mi abuela recuperó su salud completamente.
Esa historia es mi favorita, y cuando era niño recuerdo que me daba mucho miedo, y no quise tener juguetes en mi cuarto por muchos meses.
Lo malo es que la historia no termina ahí.
Unos meses antes de esas últimas vacaciones de navidad había leído algo que resonó mucho en mí. En la biblioteca de mi ciudad encontré un libro que se llamaba “bestias diminutas”, que hablaba sobre qué los demonios muchas veces utilizan “envases” por así decirlo, para poseer y que todos estos objetos son pequeños, comúnmente son juguetes de niños pequeños que aprecian mucho.
Posteriormente, deterioran la salud del infante con su presencia, hasta que sea más fácil que puedan poseerlo.

Le conté esto a mi familia cuando la abuela había terminado su historia, y todos se quedaron sorprendidos.

Me empezaron a hacer preguntas sobre ese tema, y respondí todo lo que sabía.
Mis tíos estaban fascinados con eso, hasta que mi abuela pidió la palabra.
Nos dijo que tenía un par de días que le había dicho a su vecino que la acompañara al Panteón, porque quería desenterrar a su muñeca, ya que había tenido un sueño donde su madre que ya había fallecido se lo pedía.
Lo había tomado como una señal y lo hizo.
Nos mostró una muñeca de cerámica, estaba llena de hoyos por el paso del tiempo, pero en su rostro se notaba maldad.

Todos nos quedamos impactados al verla, y yo le dije a la abuela que fue una pésima decisión, pero me dijo que yo no entendía lo importante que era para ella haber visto a su madre en sueños.
Yo tenía razón, fue una pésima idea, porque la esposa de uno de mis tíos quien estaba embarazada, al ver a la muñeca empezó a sentirse terriblemente mal, y todo fue peor cuando vimos que su abdomen se movía de manera extraña.
Seguramente el demonio que vivía en la muñeca ya había poseído al nuevo integrante de la familia, eso pensé yo preocupado.
La llevaron rápidamente al hospital más cercano, y ahí tuvo al bebé, todo estuvo normal, y ambos tenían buena salud.
Fue una experiencia extraña, mi familia dice que solo fue una coincidencia, que no fue nada malo.
La abuela se disculpó y mandó a enterrar de nuevo a la muñeca por si las dudas.

Pasó un largo tiempo, y la siguiente navidad nos volvimos a juntar todos de nuevo. Todo se sentía muy cálido, era un gusto volver a pasar tiempo con mi familia.
Mi pequeño primo jugaba cerca del árbol, mientras todos reíamos al recordar viejas anécdotas.
Noté que llevaba un muñeco de tela que no soltaba para nada, cuando lo vi me dio una punzada en el pecho, y toda la noche le presté atención, pues algo no estaba bien con eso.
Estaba por concluir que no había nada raro con el muñeco, pero un miedo profundo corrió por mi ser, cuando volteé a verlo, y este tenia una expresión aterradora en el rostro.

 

Autor: Liz Rayón

Derechos Reservados

Ánimas Del Purgatorio

Relato basado en experiencia de un topógrafo en el proyecto de la presa de la Yesca.
Este relato se lleva a cabo muchos años atrás, es importante señalar este aspecto debido a que quien cuenta la historia hoy en día ya es bastante viejo. Varias partes del relato fueron proporcionadas por su esposa y familiares.
Les voy a compartir una mala experiencia por la que pasamos unos compañeros de trabajo y yo, cuando fuimos a trabajar a Hostotipaquillo por parte de una empresa para un proyecto que se desarrollaría muchos años después.
Más aún creo que es necesario ponerlos antes en contexto con una situación por la que vivió mi esposa, cuando vivía en el antiguo poblado de Hostotipaquillo y no la pasó nada bien.
En el trabajo que tenía en ese entonces se daba la oportunidad de salir comisionado a diferentes puntos de México, y esa vez me habían dicho que saldría de viaje al poblado de Hostotipaquillo en Jalisco.

Más aún, cuando mi esposa se enteró de que viajaría hacia allá, no tardó en pedirme que mejor no fuera a trabajar, y que buscara la forma de cambiar con otra persona. A mí no me parecía una mala idea, al contrario, me entusiasmaba mucho conocer nuevos lugares. Pero al poco tiempo me enteré de que varios de mis compañeros optaron por cambiar su comisión a otro lado. siendo honesto, ya estaba algo preocupado, ya había escuchado historias de aquel poblado, pero no una igual que la que mi esposa me contó antes de que saliera de viaje, la cual en su momento me pareció exagerada, pero cuando me tocó vivir en carne propia una experiencia similar, mi forma de pensar sobre aquel lugar cambió completamente.
Les estoy hablando que esto pasó muchos años atrás, quizás más de sesenta años. mi esposa vivía en una casa de adobe, la cual estaba ubicada sobre una de las entradas principales de Hostotipaquillo. Todos los días cuando ya se metía el sol, siempre y sin falta, los abuelos de mi esposa le apresuraban para que se metiera a casa antes de que anocheciera, el motivo siempre fue desconocido para mi esposa, pero la noche en que comprendió la razón del por qué se metiera no volvió a dudar sobre la palabra de los abuelos.

Cuenta mi esposa que una noche, mientras intentaba dormir, y no podía conciliar el sueño, escuchó una serie de ruidos provenientes de la calle, toda la familia se encontraba dormida en casa, pero el cuarto de mi esposa era el más cercano a la sala, y la puerta principal. Así que decidió ir a investigar, buscó una de las velas que tenía cerca de ella, la encendió y se dirigió a la Sala, ya pasaban de la media noche o quizás era un poco más tarde, los ruidos provenientes de la calle se intensificaron, mismos que le parecieron muy similar a cuando alguien arrastra un costal, pero aquí se escuchaba como que si fueran varios.

Con la inquietud en la cabeza, dejó la veladora encendida en una mesa, y se acercó al ventanal de la sala para asomarse, y cuál sería su sorpresa que se encontró con una multitud de gente caminando lentamente frente a su casa.

No podía distinguirles el rostro, solo apreciaba el contorno de ellos alumbrados por la luz de la luna. Fue entonces que la luz de la vela se apagó, mi esposa se desconcertó por la ausencia de luz, y antes de que volteara pudo sentir sobre su hombro una mano muy delgada y helada, ella se asustó tanto que soltó un grito, el cual ahogó rápidamente al ver de quien se trataba. Era su abuela quien le pedía silencio. Le indicó que viera por la ventana, mi esposa le hizo caso, y en cuanto miró hacia la ventana se dio cuenta de que una de las sombras se había acercado a la casa. Pareciera que el ruido del grito de mi esposa lo había escuchado, y se acercó a mirar. Mi esposa cuenta que fue cuando pudo ver de frente a aquel bulto. Solo se distinguían un par de ojos brillantes que buscaban algo dentro de la casa, pero no parecían verlas a ellas. Se retiró y prosiguió su andar, y al término de unos minutos aquella procesión se había desvanecido entre la oscuridad.

La abuela de mi esposa, le platicó que cada cierto tiempo, una cantidad de ánimas provenientes del purgatorio salían a buscar luz, por ello habían apagado la veladora, además nunca sabía en que fechas exactas se realizaba esa procesión, o quien la arriaba, pero siempre se trataban de más y más las ánimas.

Siendo honestos, cuando mi esposa terminó de contarme su experiencia, no le creí mucho, conocí en vida a sus abuelos y siempre contaban historias inventadas para entretener a los nietos, sin embargo, es importante puntualizar que esto ya fue contado por mi esposa.

A pesar de las advertencias de parte de mi esposa, no logré cambiar mi comisión a otro punto, y en cierto modo a mí tampoco me preocupó ese cambio correspondiente. El trabajo consistía en hacer estudio topográfico para una futura presa, que se tenía planeada construir allí, toda nuestra estancia en el cerro se llevó a cabo en medio de la sierra y monte, dormíamos en casas de acampar y con solo la luz de la luna, y la fogata que hacíamos, era la cobija que usábamos por la noche. Y en toda nuestra estadía en ese lugar no tuvimos ninguna señal de algo anormal, pero llegando el último día de trabajo todo cambió.

Uno de mis compañeros, había improvisado un baño al otro lado de donde acampábamos, ya era tarde y por regla general, si alguien quería ir al baño tenía que ir acompañado para que uno vigilara, por si se acercaba algún animal, para asustarlo, distraerlo o en el peor de los casos decirle al otro que se apresure porque podía ser un animal más grande.

A mí me tocó acompañar a uno de mis compañeros, y mientras él hacía sus necesidades yo estaba alumbrando hacia lo más oscuro del monte. Fue cuando pude observar no muy lejos de donde nos encontrábamos una serie de luces que titilaban, estas parecían estar avanzando lentamente entre los árboles, apunté con la lámpara para tratar de distinguir que era aquello que provocaba aquello, pero la luz de la lámpara no alcanzaba.

Mi compañero se acercó hasta donde yo me encontraba, y le pregunté si tenía alguna idea de lo que había allá a lo lejos. No supo decirme que se trataba, así que decidimos regresar al campamento con los demás, pero conforme nos acercábamos nos dimos cuenta de que más de esas luces ya se encontraban a tan solo unos metros de nosotros, apunté la linterna hacia aquellas sombras, pero no lograba distinguir nada, lo único que pude notar fue la pura oscuridad. Sin embargo, lo que parecían ser dos canicas brillantes figuraban en vez de ojos. De algo estoy seguro, parecía que el mismo viento les tenía miedo, pues dejó de escucharse a nuestro alrededor, y aquellas sombras se pararon firmemente.

Pareciera que nos estaban observando, y no sé qué pasó por la mente de mi compañero, que les aventó una piedra, y al ver que esta las atravesaba, salió corriendo, dejándome solo. Mi intención fue correr también, pero no sé qué me pasó, que mis piernas estaban temblando del miedo, aquellas sombras iniciaron su andar acercándose ante mí, y un horrible escalofrío me puso los pelos de punta, creo que eso me ayudó para volver a sentir mis piernas y echarme a correr.

Llegué a presentir que yo los estaba atrayendo hacia mí, pues no se fueron detrás de mi compañero, solo me seguían a mí, aun así, traté de alcanzar a mi compañero, pero lo perdí de vista, mientras tanto que corría hacia nuestro campamento miraba sobre mi hombro para ver donde venían aquellas sombras. De forma maniaca comencé a gritar el nombre de mis compañeros, a pedirles que encendieran las linternas y faros de los carros. pude distinguir la fogata la cual se encontraba justo a unos metros y al llegar me percaté que no había ninguno de mis compañeros alrededor de ella.

Me encontraba completamente solo, a donde volteara, no veía nada, apuntaba la linterna hacia aquellos bultos, y ya se estaban acercando, grité a mis compañeros, les pedí ayuda, pero ninguno me respondió. lo único que se me ocurrió en ese momento fue meterme a la casa de acampar y mantenerme allí hasta que alguien viniera a ayudarme, y al abrir la puerta me di cuenta de que todos mis demás compañeros ya estaban allí dentro, y aguardando silencio, incluyendo mi compañero que les había arrojado una piedra. No supe de qué manera sentirme, si aliviado de verlos o molesto porque no me contestaron, pero si sabía que no era momento para estar pensando en ello.

– ¿Qué son esas cosas? – me preguntaron alterados, pero yo estaba igual que ellos, no sabía que decirles, por fuera de la casa de acampar se escuchaba  que algo se acercaba solo a unos cuantos metros, estaban cerca de nosotros, sonaba igual que si se arrastraran para llegar a donde estábamos, fue en ese instante que recordé lo que me había contado mi esposa, aquellas ánimas buscaban una luz, y yo torpemente les había apuntado hacia ellas desde un principio, me di cuenta de que la fogata estaba aún prendida, así que les dije a mis compañeros que teníamos que apagar todo, e inclusive la fogata para que esos bultos se fueran.

Nadie se negó al plan, así que en cuestión de segundos, salimos y vaciamos las cubetas y garrafones con agua que teníamos para apagar la fogata, y después las linternas, quedando completamente a oscuras. Inmediatamente, nos metimos de nueva cuenta a la casa de acampar, y nos quedamos en silencio. Miré a los demás, y mientras recordaba la historia de la abuela de mi esposa, me llevé un dedo a la boca para pedirles que guardaran silencio. Se escuchaba que la hojarasca se movía, y a través de la delgada tela de la casa de acampar pude distinguir aquellos bultos acercarse a nosotros, con sus ojos brillantes buscaban indicios de luz que quizás antes habían notado, y al no tener éxito, se retiraron lentamente.
Nos quedamos pasmados durante varios minutos, quizás un par de horas pasaron, y nadie decía nada o decía algo, yo estaba temblando todavía, pero por dentro ya sabía que todo pasaría, y cuando por fin el viento se volvió  a escuchar, fue para nosotros tranquilidad.

Les conté la historia que mi esposa me había contado, espero de algún modo decirles que se trataban de ánimas en busca de luz. siendo honesto esperaba que varios de ellos me tacharan por loco, pero no recibí ninguna queja o desacuerdo de alguien, pues todos habíamos pasado por lo mismo, y no había duda de lo que habíamos vivido esa noche.

Seré directo, si ante todo lo que me pasó, aquellas ánimas me hubieran alcanzado, no sé, no tengo idea si lo estuviera contando ahora. Lo que si me queda claro y seguro es que aquellas historias por las que un pueblo ha crecido tienen su grado de veracidad y por más fantasiosa que sea, no se debe de dudar sobre ellas.

 

Autor: Lengua De Brujo

Derechos Reservados

La Bruja De Mi Vecindad

A lo largo de mi vida, he vivido varias experiencias paranormales, y hoy quisiera platicarles una de ellas que en lo particular marcaron parte de mi infancia. y no es para menos, pues quienes la vivimos nos dejó marcas de por vida, quizá unas físicas y otras emocionales, no ha sido fácil, pues hemos tenido que aprender a vivir con ello que nos ocurrió.
Nos sucedió a mi hermano, a un amigo y a mí, cuando éramos pequeños y nos quedamos solos en casa, yo tenía si acaso los once años, los mismos que mi amigo, y mi hermano menor apenas había cumplido los  nueve años.
vivíamos en una vecindad, la cual poco a poco se estaba quedando vacía, ya había muy pocas personas en el lugar, nosotros éramos los únicos niños de la vecindad, y recuerdo que esta, ya se estaba cayendo a pedazos, era una de las razones por las cuales también los vecinos fueron dejando el lugar para irse a vivir a otra zona.
Pero mudarse no es nada fácil, ni nada barato. Por ello nosotros no teníamos a donde ir, además vivíamos solo con el salario que ganaba mi Mamá cortando cabello en un instituto del centro de la ciudad de Guadalajara. Nosotros no éramos exigentes, sabíamos las limitaciones con las que contábamos y que no había muchos recursos, y cuando Mamá tenía que salir a trabajar, no había con quien encargarnos o a quien le pagara para que nos cuidara.
nos dejaba a nuestra suerte, era cuando teníamos la oportunidad de invitar a nuestro amigo a jugar a escondidas a la casa, nunca fue del agrado de mi Madre, pues decía que era una mala influencia. Si no mal recuerdo, a él le llamábamos Charly y él vivía también en la vecindad en otro de los cuartos más retirados a nosotros, ya éramos los únicos niños, nos llevábamos bastante bien, aunque a mi Madre le pesara.
Cuando Charly llegaba a la casa nos divertíamos bastante, ya sea brincando en la cama o jugando a las escondidas.
fue en uno de estos juegos, que descubrimos algo que mi Mamá tenía muy oculto. se trataba de una tabla Ouija, la cual la tomamos sin permiso y jugábamos sobre ella realizando preguntas estúpidas o carentes de sentido. Y cuando menos lo esperé, Charly tomo la Ouija y nos preguntó a nosotros si ya sabíamos sobre la Bruja que vivía en la planta alta. Hasta donde yo sabía, la planta alta ya había sido desalojada desde hace tiempo, y no se podía vivir en ella, debido a que ya tenía tiempo de abandonada. Charly nos comentó que, sí había alguien. pero nadie la veía debido a que se trataba de una Bruja y solo se dejaba ver cuando algo tenía que hacerte. Ciertamente, me sentí aliviado de no verla nunca.
pero no noté que mi hermano era quien más mal la estaba pasando. Charly nos comentó que quería probar seriamente la Ouija. La colocó sobre la mesa y preguntó lo siguiente:
¿Quién vive en la planta Alta de este cuarto? – La Ouija no se movió al principio, Charly y yo éramos los únicos que mantuvimos las manos sobre la flecha.
y cuando estuvimos a punto de desistir, la flecha se empezó a mover por sí sola. mi hermanito pequeño corrió hasta el otro extremo de la sala de lo asustado que estaba, la flecha apuntó a una B, para después desplazarse a una R.. Charly estaba leyendo lentamente lo que la flecha apuntaba, y en cuanto llegó a la U, me imaginé lo peor. quité las manos inmediatamente, a lo que Charly me regañó diciéndome que eso no se tenía que hacer. En Ese momento la puerta del patio se cerró fuertemente, lo que ocasionó un fuerte sobre salto en los tres. Corrí para asomarme porque se había cerrado así de fuerte, y puede ver que una fuerte tormenta se acercaba. Les dije que solo fue el viento y le pedí a Charly que ya se tenía que ir, pero me di cuenta de que aún no quitaba la mano de la flecha.
– No me puedes dejar así – Dijo Charly, quien me veía apurado, se notaba que ya estaba asustado, le comenté que ya sabíamos lo que diría, pero él insistió en que no teníamos que dejar a medias una respuesta. A regañadientes me acerqué para terminar la respuesta, siendo que mi hermano pequeño me pidió que no lo hiciera. Al poner mis manos sobre la flecha, esta comenzó a moverse hacia la J para después moverse hacia la letra A.. allí se dejó de mover. Le dije que ya había quedado y que era hora de que se retirara. se levantó y al darse la vuelta para salir de la casa, a través del vidrio difuminado de la puerta de la entrada, se podía observar un bulto parado enfrente. Los tres nos quedamos helados observando aquella figura. Mi hermano gritó diciéndonos que ya la habíamos invocado. Le dije que no se preocupara, pues no tenía por qué entrar, no lo podría hacer pues la puerta tenía el seguro puesto. Pero esta empezó a abrirse lentamente. No la pensamos ni dos veces, y nos fuimos corriendo al cuarto de mi Mamá. Cerré la puerta, Charly y mi hermano se escondieron debajo de la cama de Mamá mientras yo me quedaba sosteniendo la puerta, todo estaba en silencio y en un segundo se escucharon unos pasos arrastrándose dentro de nuestra casa.
Me agaché, y por debajo de la puerta pude ver que había alguien descalzo caminando. Sus pies eran negros, las uñas de cada dedo eran largas y retorcidas, y se dirigía hacia donde estábamos nosotros. Ya sabía dónde nos encontrábamos. Me alejé de la puerta gateando y les dije que se estaba acercando.
busqué a mi alrededor donde esconderme, y noté que el clóset tenía espacio suficiente. me apresuré para acomodarme y cerrar las puertas, pero vi que mi hermano salió debajo de la cama y se quería meter conmigo. Charly al notar que se quedaría solo también salió debajo de la cama y corrió hacia el clóset.
pero fue en ese instante que aquella Bruja abrió la puerta de un fuerte golpe similar al que sucedió con la puerta del patio. Pude verla, tenía un velo negro cubriéndole el rostro, era de mi tamaño, y sin esfuerzo alguno y sin tocar a Charly lo empezó a jalar de una pierna, hasta tenerlo frente a él.
Charly se tapó los ojos, gritaba por su Mamá al igual que nosotros dos, entonces la bruja nos gritó a los tres, y al mismo tiempo un estruendoso relámpago provocó que la luz se fuera, y a su vez aquella bruja también. No dejábamos de llorar, nos encontrábamos muy asustados, mi hermano no me soltaba, su rostro lo tenía metido entre mi camisa. Así nos quedamos varios minutos o quizás una hora, hasta que llegó mi Madre y nos vio allí, Charly estaba boca abajo aun llorando en el piso, no quería moverse, y nosotros dos metidos en el clóset. Mi Mamá levantó del piso a Charly y vio que estaba muy pálido, pidió ayuda a la Madre de Charly que por suerte recién acababa de llegar de trabajar. Nos preguntaron que había ocurrido, pero ni mi hermano, y ni yo podíamos hablar de forma coherente, Charly se había quedado petrificado del miedo y no decía ni una palabra.
Más tarde, cuando todo estaba más tranquilo, me acerqué con mi Madre para platicarle lo que nos había pasado. ella no me creyó por su puesto, pero si me dijo que Charly no estaba hablando para nada, y eso era muy serio, se había quedado mudo y no podían hacer que dijera algo. Mi Hermano se comenzó a aferrar a una frazada y un muñeco de peluche, él decía que le daba fuerza y valor. Fue cuando mi Madre se convenció de lo que le había contado.
Mi Madre entonces quiso realizar una limpia para mi Hermano, decía que el mal de ojo que le habían echado se podría poner cada vez peor.
Sobre Charly ya no supe nada, o por lo menos ahora si, mi Madre nos tenía estrictamente prohibido acercarnos. con el tiempo me enteré de que la familia de Charly, decidieron irse de la Vecindad después de haberlo llevado al Psicólogo.
Cuando fuimos a la limpia con un chamán le dijeron a mi Madre que a mi hermano lo habían embrujado y que detrás de él había una persona que le estaba agarrando la cabeza y no lo dejaría hasta que se cumpla su cometido. La verdad esto me pareció estúpido pues yo no veía a nadie detrás de él. El chamán me explicó que no necesariamente debía haber una persona, sino que se hace un amarre al alma, y no da permiso de moverse libremente.
ya habían pasado barios días, y en algunas ocasiones, por la noche se escuchaba que en la planta de arriba de nosotros, caminaban personas. pareciera que corren de un extremo a otro, era tanto el ruido proveniente de arriba que era insoportable, que hasta mi Madre fue a revisar de que se trataba.
Ya éramos los únicos viviendo en la vecindad, y para ser los únicos, era mucho el ruido. Pero mi Madre nos decía algo para tranquilizarnos, nos decía que no se trataba de nada, que todo podía deberse a una serie de ecos aguardados en las habitaciones. Pero a mí lo que me llamaba la atención, es que en varias ocasiones escuchaba que se les caían objetos, o movían muebles. aquello no se trataba de un Eco
Al día de hoy estamos viviendo en un departamento, han pasado ya muchos años, mi hermano aún conserva un peluche de apoyo emocional, lo guarda en su mochila cuando va a la escuela.
como les había mencionado de Charly, no supe más, hasta que por azares del destino mi Madre se encontró con la Mamá de Charly, y le platicó que el Psicólogo le había diagnosticado Mutismo selectivo, por un trauma que había vivido y que aún no superaba. Por mi parte, cargo con los recuerdos de aquello que nos acechó en la vecindad, y que al día de hoy yo supongo se niega aún a dejar, pues la vecindad sigue todavía en pie. o lo que se puede mantener por el momento.

 

Autor: Lengua De Brujo

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