Brujas En El Maizal Historia de Terror

Brujas En El Maizal Historia de Terror

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Hace poco heredé unas tierras en Ameca, Jalisco Brujas En El Maizal Historia de Terror. Aunque en un principio no me interesó trabajarlas, conforme fui aprendiendo que este negocio da buenas ganancias, decidí quedármelas.

El año pasado una persona que se encarga de cuidar un campo donde sembramos maíz, me platicó que estuvieron ocurriendo cosas extrañas. No le hice caso de inmediato, sin embargo, un día llegó a mi casa con un costal. Vació todo el contenido en el piso. Eran varias mazorcas que parecían quemadas. Me fui con él al terreno que cuidaba.

Inmediatamente, al llegar, vi como una parte de la tierra estaba completamente negra, pero no olía a quemado, más bien emanaba un olor a podrido.

El hombre me contó, que por las noches solía ver unas bolas como de fuego cruzando el campo hasta perderse a lo lejos, después me dijo que la tierra dañada era obra de brujería, por lo que me pidió que mandáramos bendecir la tierra.

En lugar de ir por un sacerdote a la parroquia, fui a preguntarle a mi abuela paterna, quien se dedicaba a hacer limpias en el pueblo.

Revisó el terreno, y casi a la mitad del sembradío, escarbó un poco en la tierra, para nuestra sorpresa, recogió una moneda de plata. Mi abuela nos dijo, que no se trataba de brujería, sino que un espíritu intentaba mostrarnos un lugar, donde era muy probable que hubiera algo enterrado, pero que probablemente el lugar sería revelado a cierta hora de la noche y teníamos que estar atentos para ver hacia donde iban esas luces de las que hablaba mi trabajador.

Para averiguar esto, decidimos levantar una casita improvisada en la zona donde habían visto las bolas de fuego. Utilizamos un viejo puesto de tubos, de esos que usan en los tianguis, algunas sábanas y unas lonas de plástico, por si llovía.

Pasamos esa noche, dos hombres más, el trabajador que me informó y yo.

Estuvimos en vela gran parte de la noche, pero después de las tres de la madrugada, comenzaron a ocurrir varias cosas extrañas.

Primero, comenzamos a escuchar como si varias serpientes se acercaran, sin embargo, cuando salíamos de la casita, comprobamos que no había nada afuera. Después el viento comenzó a soplar con fuerza, derribando en varias ocasiones a la casita, esto comenzó a poner nerviosos a dos de los hombres, que se pusieron a rezar de inmediato. Intenté tranquilizarlos, pero no lo logré, pues desde los maizales escuchamos como si una persona se estuviera riendo.

Los hombres salieron corriendo, gritando que todo lo que ocurría era obra del mismo demonio.

Solo quedamos el trabajador que presenció todo primero y yo, el lucia algo tranquilo a pesar de todo lo que nos acababa de ocurrir. Recuerdo que cuando me estaba diciendo que no tardaríamos en ver las bolas de fuego de las que me había hablado, las vimos flotando por encima del maizal.

Las seguimos hasta una zona despoblada, donde el terreno se vuelve algo difícil para caminar. No quisimos seguir adelante, nos quedamos allí parados, viendo como siete esferas luminosas se quedaban quietas sobre un pequeño monte.

Le conté a mi abuela todo lo que nos ocurrió durante la noche. Me explicó que era algo normal, que solo intentaban asustarnos para que no encontráramos el lugar donde debíamos cavar, además de que, según ella, hice mal al llevar a tanta gente.

Yo no regresé de inmediato al lugar y aunque le ofrecí a mi trabajador moverse de lugar, me pidió permiso para quedarse en la casita en medio del maizal. No vi problema alguno con que el hombre se quedara allí.

Pasaron varios días y el hombre volvió a buscarme para decirme, que la siembra parecía seguir enfermando según él, estaba convencido, de que aquella enfermedad de la tierra, era ocasionada por brujería, y que no creía en lo que nos había dicho mi abuela, así que había que ponerse atentos para ver donde tenían su escondite.

Consultamos a otra curandera, que nos indicó colocar una serie de cruces de madera en distintos puntos del perímetro de la siembra, y también leer unas palabras que nos apuntó en una hoja.

Seguimos las indicaciones al pie de la letra. La tierra comenzó a recuperarse.

Aunque todo estaba mejorando, mi trabajador me contó, que las esferas de fuego seguían apareciendo por encima del maizal y que se había dado cuenta, que esto ocurría cada día jueves a las tres de la madrugada.

Reuní un grupo de doce hombres, para enfrentar la bruja.

No hubo necesidad de esperar a que aparecieran las esferas, pues según mi trabajador, conocía muy bien el lugar donde paraban estas esferas. Levantamos un pequeño campamento cerca de un monte.

Pasaban de las tres de la madrugada y no veíamos nada en el cielo. Los hombres se empezaron a desesperar, amenazaban con irse y estaban a punto de hacerlo, cuando en el cielo vimos pasar las esferas, no las había visto tan de cerca, no sabría como describirlas, parecían hechas de humo y lumbre, pero encerradas en una esfera perfecta.

De inmediato seguimos las luces, que desaparecieron en la parte más alta del cerro. Trepamos el cerro, nos quedamos escondidos debajo de unos matorrales, entonces vimos un macabro espectáculo.

Había una fogata, del fuego salían serpientes, alrededor de la fogata, había siete mujeres, si es que se le puede llamar mujeres, ya que la piel les colgaba, daba la impresión de que su piel no fuera original de cuerpo. Uno de los hombres se asustó y gritó, esto ocasionó que una de las horribles mujeres se acercara a nosotros.

Jamás he visto un ser más horripilante en toda mi vida. Aquel rostro, estaba formado por pura piel, no había ojos, la nariz solo era un par de agujeros en medio de la cara, y aunque no tenía labios, producía un horrible sonido, algo parecido a un gorgoreo.

Todos los hombres corrieron, yo desafortunadamente estaba paralizado, no me podía mover. Lo único que logré hacer, fue cerrar los ojos, mientras sentía como aquella aberración me tocaba la cara. Empecé a rezar en mi mente, pidiéndole ayuda a dios, quien no me respondió de inmediato, pues empecé a escuchar como si miles de serpientes se acercaran a mí.

Recordé las palabras de la curandera, sería magia, pues apenas pensé en ellas, pude volver a moverme y a hablar.

Ante mis ojos ya no había nada, solo los restos de una fogata que humeaba.

Regrese caminando lento, ya que me sentía mareado. No tardé con encontrarme con los hombres.

Después de mi encuentro con aquellas brujas, caí enfermo. Duré al menos una semana en cama, con fiebres repentinas que me causaban alucinaciones.

Desafortunadamente, en el pueblo no hay muchos médicos, así que viajé para ser atendido en una clínica en el hospital general de Zapopan, en donde pese a haber sido analizado por especialistas, mi estado de salud no mejoraba.

Una enfermera me recomendó consultar a un hombre que se dedicaba a la parapsicología. Este hombre me ayudó mucho, mi estado de salud no tardó en mejorar, aunque sus métodos eran extraños, utilizaba algunos aparatos electrónicos raros. Su consultorio se encontraba cercano a la Basílica, en un departamento, aunque no sé si aun siga atendiendo allí.

Regresé al rancho, donde todo iba bien, hasta que una mañana, en época de cosecha, llegaron a hablarme algunos trabajadores. Me informaban que encontraron algo extraño en uno de los graneros.

Apenas al llegar allí, vi que los hombres estaban reunidos frente a uno de los conos de recolección. Le golpearon con un palo, y un sonido igual al que hacían las brujas del campo se dejó de escuchar.

Ordené a los hombres que vaciaran todas las mazorcas.

Cuando cayó todo el contenido, encontramos un trozo de piel momificada, lucia asqueroso. Los hombres lo levantaron con una pala y lo arrojaron a un costal, en ese momento un enorme pájaro se lanzó contra nosotros, ni siquiera vimos de donde había salido.

Quemamos el trozo de piel con gasolina, en un montículo a las afueras del rancho.

Hasta la fecha no me he enterado de nuevas apariciones, aunque las esferas se siguen apareciendo de vez en cuando, pero mientras la tierra siga siendo fértil, no creo que haya algún problema con esas brujas o quizás las cruces de madera las mantienen a raya.

 

Autor: Mauricio Farfán

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