Cabañita Historia de Terror

Cabañita Historia de Terror

4.5
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La presente historia que se contara es un relato compuesto por dos excursionistas, quienes conformaban un equipo de cuatro integrantes. Los cuatro miembros de un club caminata y campamento se enfrentaron a situaciones fuera de lo normal y de su control. Desafortunadamente no contamos con el testimonio de dos de ellos, por las razones que se describirán a continuación Cabañita Historia de Terror.
Ambos relatos se combinaron en una historia para una mejor redacción y entendimiento para los demás. Así mismo quienes comparten la historia hacen extensa la invitación a excursionistas que en caso de aventurarse estar mejor preparados que ellos, o en el mejor de los casos, ir a lugares más conocidos.
Marcos es quien relato la mayor parte de la historia…
Éramos miembros de un grupo muy reconocido de campamento formado en Facebook, nos conocimos todos en esa red social, compartíamos el gusto por acampar o mínimo la idea de adentrarnos en medio del bosque y dormir a la intemperie un par de noches. Hacer fogatas, contar historias y regresar ya todos unos expertos. Estábamos planeado salir justo en jueves Santo, ninguno de los cuatro tendría que trabajar o estudiar en semana santa, por ello era la mejor época para salir. Ya teníamos todo listo, casas de acampar, yesca adicional para encender fogatas, comida y mucha agua. Nuestro destino seria el Bosque de la Primavera. Quienes hayan tenido la oportunidad de conocerlo sabrán que es uno de los pulmones más grandes de Guadalajara, e incluso es mucho más grande que todo Guadalajara.
Daniel, Abel, Chuy y yo nos quedamos de ver justo al ingreso oficial del Bosque, el guardabosques nos recibió con la advertencia de que no nos separemos del sendero, pues nos había visto las casas de acampar y la comida que traiamos. Así mismo nos invitó a que no dañemos el lugar y si ocupábamos hacer una fogata, solo en los lugares marcados. Esto no nos pareció, pues la idea era aventurarnos y encontrar nuestro lugar para acampar y tener nuestra aventura. En la primera oportunidad que tuvimos, nos desviamos del camino. Ese fue nuestro primer error.
Aún recuerdo el calor que se sentía, no había ninguna nube, y el sol estaba en su punto más alto, Chuy tuvo la idea de descansar debajo de unos árboles que ofrecían una sombra bastante agradable. Allí nos sentamos un rato a platicar. Me senté en una piedra justo al lado de Abel y al momento de sentarme sobre ella la sentí bastante floja, quise acomodarla y me di cuenta que algo había enterrado debajo de ella. Me encontré una bolsita de color rojo amarrada con un pequeño mecate. Se la mostré a los demás, Chuy la tomo y la sacudió, nos comentó que algo había adentro. Decidimos abrirla, y al momento de vaciarla a la tierra cayeron varios dientes pequeños.

  • Esos son dientes de niño chiquito – Dijo Daniel al recoger unos cuantos, eran aproximadamente más de Veinte.
    -Alguna brujería, ideas locas de gente loca – Fue lo que dijo Abel.
    Quise guardarlas de forma de recuerdo raro de nuestro viaje, así que volví a meter los dientes en su bolsita. Después de un rato más de descanso decidimos encaminarnos un poco más adentro, pues si queríamos hacer una fogata, teníamos que estar un poco más alejados para no llamar la atención.
    Caminar sobre el bosque no era sencillo, había mucho terreno irregular, o zonas que no podíamos acceder por lo difícil. Yo me encontraba al final de todos, varias ocasiones podía escuchar ruidos extraños y detrás de nosotros. Lo primero que pensaba es que podía tratarse de alguna animal, lo cual en ese bosque si era posible, por seguridad los cuatro teníamos navajas por si algo nos atacaba. A mitad del día Abel fue el que comento que ya era necesario encontrar un lugar para poner el campamento, habíamos encontrado algunos puntos, pero no nos convencían. En ese instante, Daniel apunto a lejos. Había una especie de cabañita la cual parecía estar abandonada. Decidimos acércanos a investigar, quizás podíamos encontrar un poco más de agua y abastecernos un poco.
    Justo al llegar, la cabaña se veía bastante descuida, los vidrios de tan oxidados que se encontraban no se podía ver por dentro. Abel intento abrir la puerta pero esta se encontraba trabada. Afortunadamente alrededor de ella era ideal para acampar, había suficiente espacio para hacer una fogata y un árbol que nos proporcionaba algo de sombra, así que decidimos preparar todo. En el momento en que yo estaba sacando mi Bolsa de dormir, pude escuchar algo que se movía cerca de nosotros. Había mucha hoja seca, por lo que era fácil escuchar que algo caminaba sobre el terreno. Tome una piedra que estaba cerca de mí y la arroje a donde había escuchado el ruido. Más no salió nada. Después de unos minutos de estar vigilando decidí ignorarlo y continuar con los preparativos pues ya casi atardecía.
    No nos llevó mucho tiempo preparar la fogata, y la casa de acampar fue sencilla de armar, colgamos la comida en el Árbol para que no la alcanzara ningún animal. Chuy decidió sacar su celular y poner algo de música, Abel bastante molesto por esto, le recordó a Chuy que estábamos allí para olvidarnos de la tecnología, por lo que le quito el celular a Chuy y se lo había guardado en la bolsa del pantalón. La verdad esto hizo que tanto Daniel y yo guardáramos el nuestro en las mochilas.
    Ya era de noche, y para ponernos un poco más en ambiente, Abel saco unas cervezas para celebrar nuestra primera excursión. Cenamos unas sopas y mientras tanto relatábamos historias de miedo que nos habían pasado, y entre chistes e historias, ya se había hecho más tarde. Era hora de dormir, además el Frio en el Bosque era terrible, sin embargo Abel dijo que aún no se dormiría, pues quería esperar a que la fogata se consumiera. No le vimos problema alguno por lo que nosotros tres decidimos ir a dormir a la casa de acampar.
    Creo que no había pasado ni un par de horas cuando me dieron bastantes ganas de orinar. Me levante, prendí la lámpara y vi solo a Daniel y Chuy dormidos, pensé que Abel se había quedado dormido afuera, así que salí con la intensión de verlo allí sentado, mas no estaba, no se encontraba frente a la fogata, ya se encontraba apagada. Escuche un ruido a lo lejos, pensé que se trataba de él, con la lámpara apunte a lo lejos mas no vi nada, fue cuando pude escuchar el balar de un oveja, me pareció extraño, no me imaginaba que una oveja estuviera allí cerca. Quise gritar el nombre de mi amigo, pero no quería despertar a los demás, quizás había ido al baño. Me dispuse a orinar y mientras lo hacía era extraño, pues sentía que algo me observaba detrás de mí sentía que algo me fuera a saltar encima en cualquier instante. Me giraba rápidamente mas no veía nada. Era una sensación incomoda. Escuche una vez más a la Oveja un poco más cerca de mí. Quizás a unos 5 metros. Me aleje rápidamente, y en ese momento escuche que algo caía sobre el techo de la cabañita. Corrí rápidamente a la casa de acampar y la cerré rápidamente. Daniel se despertó preguntándome que me pasaba.
  • Creo que es Abel, nos quiere asustar – Le dije, Daniel vio su reloj y miro la hora, ya eran las 3 de la mañana.
  • Es muy tarde, voy a salir – Dijo Daniel pero algo me impulso a detenerlo, le dije rápidamente con la cabeza que no, y le señale al lado de la casa de acampar. Algo estaba caminando al costado de la casa. No podía identificar que era aquello o que podía ser. Aunque la luz de la luna nos alumbraba algo, aún estaba muy oscuro para distinguir que era aquello. Y en ese instante, el balar de la Oveja se escuchó nuevamente, esta vez no había duda, ese sonido lo había hecho aquella criatura que rodeada la casa de acampar.
  • ¿Qué es eso? – Chuy se había despertado y al preguntar esto aquella cosa se quedó inmovil. Daniel le tapó la boca a Chuy. Nos quedamos en silencio bastante rato, hasta que aquello se alejó. Por raro que parezca. El miedo que sentía de que algo nos acechara había desaparecido, se había ido esa sensación tan horrible.
    Ya habían dado las 4 Am, cuando Daniel rompió el silencio.
  • Sea lo que sea, aquello ya no volverá, ¿Saben dónde está Abel? – Pregunto Daniel con voz baja, así que le comente que en la fogata no se encontraba. Nos imaginamos que quizás había logrado abrir la cabaña y se había quedado adentro a dormir. Esto fue lo más lógico que se nos ocurrió, o quizás que había visto aquella cosa y se había ido a esconder a otro lado. Nos dieron las 7 de la mañana y el sol ya había salido. Rápidamente salimos para encontrarnos con algo que nos dejó más intranquilos. La fogata estaba totalmente destruida, algo la había pateado, Chuy fue rápidamente a revisar la comida, había sido abierta completamente y toda saqueada.
  • Tuvo que haber sido un Oso – Dijo Daniel
  • Los Osos no hacen sonidos de Oveja – Le recrimine a Daniel, Chuy estaba recogiendo lo que aún se podía salvar. Aun no sabíamos nada de Abel, así que comencé a gritar su nombre. Daniel también comenzó a llamarlo, pero no había respuesta. Recordé la cabaña, quizás estaba allí adentro. Me acerque mas no se veía nada. Sacudí la puerta, toque repetidamente pero no abrían. Justo cuando me dispuse a volver a gritar por Abel, Chuy se acercó.
  • Se llevó mi Celular, podemos llamarlo – Rápidamente busque mi celular, tenía muy poca señal. Daniel me comento que quizás arriba de la cabaña podía agarrar más señal, subí rápidamente con la ayuda de ambos. Me llego muy poca señal, pero era suficiente para marcar. La llamada tardo un poco en entrar pero daba tono. Pero no se escuchaba por ningún lado el sonido del teléfono de Chuy.
    -¿Lo escuchan? – Pregunto Daniel, pero nadie lo escuchaba ni cercas.
  • ¿Qué hacemos? – Pregunto Chuy, pero ambos no tuvimos ni idea.
    Recogimos lo que pudimos, volvimos a armar la fogata para poder comer algo. Decidimos esperar a Abel por si regresaba, y regresar a casa ese mismo día. Sin embargo nos dieron las 2 de la tarde y Abel no aparecía.
    Estábamos a la sombra del árbol, Chuy tenía mi teléfono y marcaba constantemente a su número, pero no había respuesta. Ya me quedaba muy poca pila, así que Daniel decidió marcarle también, no tuvimos ninguna suerte. Me imagine que quizás Abel había decidió regresar por su cuenta, y dejarnos allí, en fin no teníamos mucho de conocernos y se había enfadado de nosotros. Así que decidimos preparar todo para regresar.
  • Me temo que no podremos regresar hoy – Dijo Daniel, y tenía mucha razón, bastante tarde se nos había hecho por estar esperando a Abel que no podríamos regresar a tiempo y a mitad de camino oscurecería. Chuy pidió que esa noche nadie saliera, y de ser posible si escucháramos ruidos no investigáramos, que solo dejemos que pasen. No tuvimos objeción alguna.
    Terminamos de cenar, procure ir antes a orinar, fue cuando vi la mochila de Abel, estaba intacta, no era posible que se hubiera regresado por su cuenta, algo le había pasado.
    No podía dormir, y creo que no era el único, Chuy y Daniel estaban en silencio pero despiertos, cualquier sonido por fuera nos alarmaba. Crujidos en las hojas provocadas por el aire, o ruidos que no tenían alguna explicación nosotros le buscábamos lo lógico de lo que podría tratarse, esto para no asustarnos más de lo que ya estábamos. Y ese instante, a lo lejos pude escuchar a varios niños hablaban entre sí, se reían, se estaban acercando a nosotros. Los tres nos quedamos en silencio mientras que aquellas voces se habían quedado esfumado justo frente a la casa de acampar. Chuy se acercó a una de las ventanitas de la casa y después de observar un rato, nos miro y dijo…
  • No hay nadie – Y en cuanto termino de decir esto, la Casa de acampar se comenzó a sacudir, por fuera alguien la estaba golpeando, se trataba de varias personas, incluso puede escuchar a niños riendo entre sí. Se burlaban de nosotros. No podía comprender que decían o que hablaban eran varios de ellos, y en un instante la casa se dejó de sacudir.
  • ¡ESTOY DROGADO, TENGO UN HACHA Y LA VOY A USAR! – Grito Daniel, pero no hubo respuesta y el sonido de la Oveja se comenzó a escuchar cada vez más cerca. Comenzaron a aventarnos piedras, pegaban en la casa de acampar una tras otra, una de ellas al parecer había golpeado una de las ventanas de la cabaña. Chuy se asomó, nos dijo que quizás podíamos abrir la puerta de la cabaña, no teníamos otra opción mas que seguirlo. Salimos rápidamente de la casa de acampar, Chuy metió el brazo por el vidrio quebrado para abrir la ventana por dentro, mientras tanto nosotros dos vigilábamos si aquello se acercaba, fue cuando lo logre ver, estaba parada a varios metros de la casa de acampar. Su cuerpo era grande igual que el de un oso, pero su rostro era el cráneo de una oveja, comenzó a correr hacia nosotros, Chuy ya se había logrado meter y rápidamente abrió la puerta para que lográramos entrar a tiempo.
    Se escuchaba como aquella cosa golpeaba la cabañita, apenas cabíamos nosotros tres allí adentro. Chuy se acurruco en una esquina y comenzó a rezar. Me asomé por la ventana y vi que aquello atacaba la casa de acampar hasta destrozarla. Encontró nuestras mochilas y las vacío por completo. Algo había encontrado en la mía. Tomo algo de ella, la olfateo y se retiró.
    Ya habían pasado varios minutos, pareciera que todo estaba ya tranquilo, le platiqué a Daniel lo que había alcanzado a ver, se lo describí lo mejor que pude.
  • Creo que se trata de un Nahual, está buscando algo de nosotros, o algo quiere. – Me dijo Daniel y recordé que justo al iniciar nuestra expedición nos encontramos con una bolsa llena de dientes y yo la había guardado, era muy probable que estaba buscando eso.
    Nos quedamos despiertos hasta la mañana, y cuando salieron los primeros rayos del Sol, nos atrevimos a salir. Chuy seguía acurrucado en la esquina, se escuchaba que estaba rezando en voz baja, estaba aún temblando de miedo. Tardamos un poco en hacer que se tranquilizara y se diera cuenta que ya se había ido esa cosa.
    Al cabo de un par de horas ya estábamos preparando todo para salir de allí. Recogimos lo mejor que pudimos, las mochilas estaban destrozadas, solo tomamos lo necesario pues no queríamos quedarnos ni un minuto más, recuerdo que era poco más de las 8 Am cuando comenzamos a andar de regreso, he de confesar que detrás de nosotros aun podía escuchar que alguien nos seguía, no quería voltear y ver al Nahual a la luz del día, pienso que se estaba asegurando que nos fuéramos de sus terrenos. Nos costó algo de trabajo identificar el camino de vuelta, pero ya casi al llegar a la hora de la comida pudimos encontrar el camino principal. Buscamos a un guardabosques que nos pudiera ayudar, pero al único que encontramos se trató del mismo de la entrada quien al vernos nos detuvo para hablar con nosotros.
  • Uno de sus compañeros paso el otro día por aquí en la madrugada, parecía que estaba desorientado, en su camisa había sangre, o eso parecía, y por más que le preguntábamos que le pasaba, el no paraba de decir que la “Oveja le había arrancado sus dientes”, tratamos de detenerlo, pero siguió su camino y se fue al pueblo. Ya no lo volvimos a encontrar.
    Esto nos tranquilizó un poco, ya sabíamos algo sobre Abel, desafortunadamente, no lo hemos vuelto a ver o a saber algo más. También con Chuy decidió ya no comunicarse con nosotros, lo último que supe de él fue que se había ido de la Ciudad y se salió del grupo de Facebook. Por parte nuestra, Daniel y yo seguimos en contacto.
    Por mi parte, aun veo en mis pesadillas al Nahual, en ellas me persigue y el balar de la oveja me advierte que está cerca. No sé qué cosas tan extrañas pueda haber en las afueras o en lo más profundo del Bosque, pero si aquello era un Nahual creo que invadimos su territorio y nos advirtió porque nos quedamos allí. Hoy en día ya no me atrevo adentrarme a un bosque o zona sin explorar, las ganas de acampar se me quitaron.
    Ya este próximo año está por cumplirse un aniversario más de aquella semana santa que logramos sobrevivir en el Bosque de la Primavera.

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REDE
Author: REDE

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