Cacería de Nahuales y Brujas Historia de Terror

Cacería de Nahuales y Brujas Historia de Terror

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Quisiera compartirles esta historia que pasó hace mucho en mi familia Cacería de Nahuales y Brujas Historia de Terror, de hecho, para ser más precisos con mi abuelo, más no sé si le vaya a ocasiones algún problema a su memoria, pero ahora que ya está en un mejor lugar me parece interesante compartirles la historia que siempre nos contaba de cuando era más joven, y a decir verdad cada palabra que nos decía se la creo, pues su rostro siempre cambiaba de semblante cuando lo contaba, pues fue un día en el que salió a cazar Nahuales y Brujas.

Mis abuelos llegaron a vivir a un Ejido muy cercano a los Mochis, Sinaloa, desde años atrás tenían pensado radicar en un lugar que les dieran posibilidades de sembrar y vivir de ello, así que habían conseguido un solar para construir allí su casa, se establecieron y la familia creció, allí nacieron mis tíos, mi Madre, primos y demás familia, hasta a me tocó vivir en esa casa durante varios años. Siendo un Ejido era fácil enterarse de lo que pasaba con los vecinos o en otros lugares, no era un lugar muy grande y uno se enteraba de todo.

Allá mismo en este Ejido, se hablaba sobre un Viejo Brujo que se dedicaba a hacer limpias, amarres, trabajos y otros encargos más, fuera de su casa las filas para ser atendidos eran largas y siempre estaba lleno, el lugar era atendido dos ancianas quienes eran las que recibían a los clientes, en ocasiones se podía ver a más ancianas atendiendo el lugar, pero el Brujo jamás lo dejaban mostrarse. Sin embargo, había gente que aseguraba que se trataba de un brujo que usaba la Magia Blanca, y por ello no podía dañar a los demás, pero las cosas empezaron a ponerse bastante extrañas pues conforme pasaban los días los ejidos vecinos empezaron a quejarse de que aparecían animales muertos en sus granjas y en su cuello se podían apreciar dos heridas parecidas a las de un par de orificios, además los animales quedaban secos de sangre. Cuando yo era pequeño a este Nahual lo conocí con el nombre del Chupacabras, pero en los tiempos en los que mi abuelo era Joven, se decía que se trataba del Brujo de El Ejido.

 

Se empezó a correr el rumor de que la gente comenzó a desaparecer, sobre todo las mujeres, aunque estuvieran dentro su misma casa. Había gente que decía que cuervos aparecían sobre los tejabanes y entraban a las casas para llevarse a los Bebes o a los más pequeños llevándoselos al monte más allá de El Ejido. Y es que esto era creíble debido a que se escuchaba a los vecinos hablar.

 

Al principio a mi abuelo esta situación no le importó en lo absoluto, para él esto solo era más que cuentos que se escuchaban por allí. Pero un día le tocó a mi abuelo cuidar de los más pequeños en la casa debido a que mi abuela había ido a ver a su Madre, se acostó en una hamaca bajo la sombra del algodón de su casa, tenía el sombrero cubriéndole el rostro cuando pudo sentir que alguien lo comenzaba a mecer, molesto se quejó pensando que se trataba de una de las niñas que le estaba haciendo una travesura, pero al no parar, se levantó el sombrero para darse cuenta de que se trataba de una anciana que se divertía al ver que mi abuelo se molestaba. Rápidamente, trató de levantarse de la hamaca y aquella anciana se fue de allí en ese instante, la buscó en cuanto se levantó, pero lo único que pudo ver fue a un par de cuervos que salieron volando de allí. Pero esa noche algo más llegaría a suceder que convenciera por completo a mi Abuelo.

Ese mismo día, pero por la noche, mi abuelo acostó temprano a todos y se quedó esperando a mi Abuela a que regresara de adonde había ido, fue cuando escuchó un par de porrazos provenientes desde el solar, pareciera que alguien estaba golpeando algo, rápidamente tomó su escopeta pensando que podría tratarse de alguien intentando entrar al que era el cuarto de las niñas, pero al asomarse al solar se percató que se trataba de un par de cuervos de quizás un metro de altura que intentaban derribar una tabla que servía para cubrir las ventanas, mi abuelo disparó al aire para asustarlos, pero estos no se inmutaron, siguieron intentando entrar a la fuerza y fue cuando mi abuelo apuntó directamente a los cuervos y disparó. Al parecer tuvo suerte pues los cuervos se alejaron, fue a partir de allí que mi abuelo se convenció de que era necesario actuar ya.

Se reunieron un grupo de ejidatarios para ir al monte, armados con pistolas, escopetas y machetes, allí se encontraba mi abuelo, quien era uno de los más grandes de todos, el grupo estaba conformado en su mayoría por gente ya grande, con y sin experiencia en cacería en el campo, sobre todo los que menos experiencia que tenían eran un par de adolescentes que se les unieron al final, así que fueron un total de quince personas del ejido las que se habían reunido y se habían determinado en acabar con aquella criatura o no volverían. Sin embargo, se hablaba entre ellos que para ya terminar con todo esto solo se tenía que ir a meterle un plomazo al Brujo de El Ejido, pensamiento que era compartido por la mayoría, pero muy pocos lo expresaban, mi abuelo se dio cuenta de que la mayoría tenía el miedo encima pues no sabían a lo que se enfrentarían. Por su parte él ya tenía bastante experiencia cazando en el campo, y esta ocasión se había preparado más que otras ocasiones.

En la tarde, un par de horas después de haber salido de El Ejido, se encontraron con una parvada de cuervos, los cuales estaban volando en grupo, uno de los más jóvenes se le ocurrió maldecirlos y gritarles, levantó su pistola y les disparó al cielo, rápidamente le arrebataron la pistola que traía, regañándole, preguntándole si no sabía que era de mal augurio disparar a los pájaros y sobre todo a los cuervos, pues estos podían atraer a las brujas que se encontraban cerca. Pero algo extraño pasó, pues los cuervos empezaron a volar hacia ellos para atacarlos. Tuvieron que correr para evitar que les hagan daño. Dice mi abuelo que podía escuchar que los cuervos se reían a carcajadas de ellos, y no era cualquier risa, pues se escuchaban iguales a las de Ancianas riéndose. Poco después de haberlos perdido varios de ellos empezaron a dudar y prefirieron regresarse, mi abuelo no se los reprochó, el miedo los había vencido, así que decidieron echarse para atrás en la cacería. Quedando solo ocho personas y entre ellos mi abuelo y los dos más jóvenes.

 

Al caer la noche, cuando todos se sentaron alrededor de la fogata, se pusieron de acuerdo para montar guardia de dos en dos, a mi Abuelo le tocó junto con uno de los jóvenes, a quien rápidamente le encontró bastante cariño, pues el chico comentaba a mi abuelo que su hermanita menor había desaparecido ya varias semanas, y que esta era la última opción que le quedaba para saber de su paradero, mi abuelo le encontró bastante aprecio, y mientras platicaban entre los dos para mantenerse despiertos mi abuelo le contaba historias de cuando salía a cazar conejos y venados, mientras que el otro quien era muy joven solo se ponía a escucharlo, fue en ese instante cuando escucharon una serie de ruidos provenientes de la copa de los árboles, mi abuelo tomó su escopeta y le pidió al otro que tomara su pistola, solo veían que los árboles se sacudían pues parecía que alguien estaba arriba de ellos, fue cuando lograron divisar varios ojos rojos que los observaban desde arriba, mi abuelo se acercó con cautela a un lado de una piedra, apuntó al árbol y en una fracción de segundo cuando pudo divisar un par de ojos rojos y sin pensarlo disparó contra el árbol. Varios cuervos salieron volando del árbol, y a vez el otro chico disparó contra la parvada. Se pudo escuchar que algo caía entre las ramas, se escapó sin poder seguirle el rastro en la oscuridad del bosque. Ya que mi abuelo estaba más cerca alcanzó a divisar la silueta de lo que se había caído del árbol, y podría jurar por su misma vida que no se trataba de una persona o algo conocido, si no de algo más extraño que jamás había visto. Lo describió como un ser de largos brazos y piernas, el cual se encontraba desnudo del cuerpo, más no pudo ver el rostro de eso. Todos despertaron para preguntar que había sucedido, a lo que dijo mi abuelo que había logrado ver algo que estaba entre los árboles. Al ir a revisar no encontraron nada, pero si fue algo de sangre que había quedado sobre el tronco del árbol al que disparó mi abuelo.

A partir de esa noche a mi abuelo lo tomaron más en serio, e inclusive lo seguían hacia donde él indicaba. Fue así que se adentraron más a los cerros para buscar a lo que había visto mi abuelo. Ya solo se hablaba de que se podía tratar del Nahual y sus Brujas quien lo habían acompañado.

 

Al siguiente día se encontraron con lo que era una casa de lámina, la cual parecía estar abandonada, revisaron a los alrededores para ver si había indicios de que alguien hubiera estado allí, fue cuando escucharon el grito de uno de los más chicos del grupo les pedía a gritos que se reunieran rápido. Por una de las ventanas se podía apreciar la ropa de su hermana pequeña. Tumbaron la puerta solo para encontrarse con la ropa de los demás desaparecidos, pero ningún indicio de que haya alguien allí. Mi abuelo se acercó al chico y lo tranquilizó pues este se había puesto muy violento. Le prometió que harían lo necesario para encontrar a quien haya hecho eso.

 

Esa noche, las guardias fueron organizadas por más gente, ahora se conformaban de cuatro, fue en la segunda ronda en la que algo los empezó acechar, mi abuelo se encontraba dormido cuando escuchó que alguien empezó a disparar, se levantó rápidamente y el hermano mayor de la niña desaparecida estaba disparando a unos arbustos, decía que había visto el rostro del brujo y que lo estaba llamando por su nombre, le pedía que se acercara, pero cuando logró divisar sus ojos rojos, sin pensarlo dos veces abrió fuego y vio que una extraña criatura de largas piernas y brazos saliera de allí cojeando.

Tomaron la decisión de que ya era hora de regresar a El Ejido, ya que se habían terminado las provisiones y ni balas para defenderse si los volvían a agredir, así que sin más salieron más temprano que de costumbre para llegar ya anocheciendo a El Ejido. Durante el trayecto de regreso no fueron molestados por nada, fue un regreso tranquilo. Pero cuál sería la sorpresa de todos que al llegar a El Ejido les habían dado la noticia de que alguien había disparado al Brujo de El Ejido y lo estaban velando, rápidamente fueron a ver si esto cierto, y al llegar a su casa, no les permitían mirarlo, pues estaba cubierto por s´ábanas de pies a cabeza y custodiado por las ancianas que lo ayudaban. Aun así, se mantuvieron allí haciendo guardia, y en un descuido de aquellas ancianas fue mi abuelo quien se acercó a levantar las sábanas para encontrarse con el cuerpo semi deforme de aquel brujo, que detrás de su nuca se podía ver que tenía lleno de hollín, parecía que alguien había descargado una buena carga con su escopeta sobre él, pero de su boca sobresalían la punta de dos colmillos, de los cuales mi abuelo con la punta de su dedo abrió la boca del brujo para comprobar que si eran sus dientes.

La noticia se dispersó por todos lados, se decía que el Nahual del monte había muerto y que ya no había que temer, mi abuelo puntualizó que desde ese día en adelante dejaron de aparecer animales muertos en el canal, y que la gente dejo de desaparecer, para él siempre fue aquel Brujo el que estuvo provocando todos los problemas, sin embargo, aún hay gente que piensa lo contrario y sigue protegiendo al brujo.

 

Hoy en día la casa de aquel Nahual está ya abandonada, pocos han sido los que se han atrevido a entrar solo para explorar, dicen que nadie quitó las cosas de adentro, pero con el paso del tiempo y la intemperie se vendrá abajo por si sola. La última vez que pasé, había unos niños jugando a arrojarle piedras a las pocas ventanas que le quedaban, pero por la noche nadie se le acercaba pues decían que los cuervos se paraban sobre el techo de la casa para cuidarla.

 

Autor: Lengua De Brujo

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Author: REDE

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