La Bruja 2022

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La Bruja 2022

La bruja… Aún me cuesta trabajo hablar de lo que me ocurrió, afortunadamente con el paso del tiempo pude superar ese acontecimiento, sin embargo, fue un hecho que marcó mi vida.

Les comparto que me casé cuando era muy joven, me salí del hogar paterno, y me fui a vivir a otra ciudad, a Querétaro, fueron varios cambios los que me sucedieron, así que me sentía desorientada, sin ningún familiar cercano, ni amigo o conocido.

Mi esposo comenzó a relacionarse de manera cercana con un compañero de trabajo, el cual, también era de Guadalajara, así que con los días fue creciendo la amistad entre ellos, las reuniones cada vez fueron más frecuentes, ya sea en la casa de Andrés, el amigo de mi esposo, o en la nuestra.

Con las visitas frecuentes fue posible que yo también me hiciera amiga de Soledad, la esposa de Andrés. En un inicio, las reuniones eran por festejo de algún cumpleaños, en la que había otros invitados, después, concurríamos alrededor de cualquier pretexto para pasar una velada agradable.

En una ocasión, con más confianza entre nosotras, le pregunté a Soledad si ella alguna vez había pensado en ser madre, a lo que me respondió que lo había intentado, pero nunca pudo quedar embarazada, luego se desanimaron ella y su esposo, dejaron de buscar opciones alternas para lograr ser padres, ya que era muy desgastante estar con el anhelo de serlo, para luego sufrir por la pérdida del bebé, era mejor así.

Soledad también me preguntó si deseaba ser madre, le respondí que sí, era uno de mis sueños, conseguir quedar embarazada para tener un bebé entre los brazos.

Fue extraño cuando abordamos el tema de la maternidad, pensé que quizás era un tema delicado para Soledad, que se sentiría triste, pero la vi tan natural, con alegría decía que era lo mejor, de esta manera podrían hacer todo lo que quisieran ella y Andrés.

Por el contrario, yo sí deseaba un bebé, así que no me imaginé cómo podría ser mi vida sin lograr ser madre. Varios meses después, tuve un retraso en mi menstruación, el médico confirmó lo que sospechaba, me dijo que tenía un embarazo de ocho semanas, me sentía entusiasmada por la noticia, no dudé en marcarle por teléfono a Soledad, para darle la noticia, pude escuchar que ella se emocionó mucho, me dijo que por la tarde iría a verme.

Esa tarde ella llegó con una diversa cantidad de artículos para bebé, también para los cuidados del embarazo, a mí me pareció un exceso toda la actitud de Soledad, en ese momento pensé que me había mentido, en realidad sí quería ser madre, sólo que como no lo lograba había adoptado una actitud desinteresada respecto a este asunto.

A partir de ese día se dedicó a estar al pendiente de mí, me gustaba la forma en que dirigía sus cuidados, incluso, creo que eran exagerados, con honestidad les puedo decir que me pareció genuino todo el interés que ella mostró, en relación a mí y al bebé.

Durante los primeros meses del embarazo todo marchó bien, sin ningún contratiempo, en mi consulta mensual el médico me dijo que todo estaba normal, al parecer tendría un embarazo tranquilo, sin complicaciones, ya que el riesgo de aborto espontáneo ocurre en los primeros meses, aunque era necesario asistir a las consultas mensuales.

Ese día me sentí alegre de saber que todo marchaba bien, ya me encontraba muy cerca del quinto mes de embarazo, así que era cuestión de tener paciencia, le hablé a Soledad para decirle mi situación gestacional, la escuché con una excesiva alegría, ella me dijo que enseguida estaría conmigo.Soledad llegó muy rápido a la casa, de nuevo traía consigo otra serie de regalos, entre ellos uno muy extraño, era un peluche en forma de bola esponjosa, de color negro.

De inmediato le cuestioné qué era eso, no comprendía cómo un juguete como ese podría servirle a un recién nacido, ella me respondió con evasivas, me dijo que no lo pensó mucho, que le había ganado la emoción, así que sólo lo tomó y lo trajo, los dejé sobre un sillón y por un rato me olvidé de ellos; después de que la puse al tanto sobre mi situación, ella me dijo que todos los días iría a verme, le dije que no era necesario, ya que me encontraba en un estado de salud estable, pero ella insistió, no tuve otra opción que decirle que sí.

Cuando Soledad se marchó, de nuevo vi el objeto oscuro, en realidad me desagradó mucho, así que lo metí en una bolsa negra y lo escondí un un cuarto pequeño, que tenemos para los artículos de limpieza de la casa, estaba buscando el lugar ideal para guardarlo, en eso vi que algo brillaba al fondo del cuarto, con dificultad me agaché y me estiré para poder alcanzarlo.

Era un muñeco que identifiqué como fetiche, o más bien era una pequeña muñeca, cuyo cabello estaba hecho de estambre negro, lo tenía recogido en forma de una coleta, en su vientre estaba una aguja, la cual, en la punta tenía una piedra blanca, sus manos se encontraban atadas por la parte de atrás.

Sé por comentarios de las personas, que son objetos para causar daño, pero desconocía quién lo pudo haber puesto en ese lugar, por un momento pensé que quizás los inquilinos anteriores lo habían dejado, y no reparé en que ahí estaba.

Con esa idea en la mente, tomé el fetiche y lo deposité en la basura.

Al día siguiente, muy temprano llegó Soledad, venía con un desayuno preparado, nos sentamos a comer juntas, cuando terminamos los alimentos, ella me dijo que llevaba unas gotas de herbolaria para mejorar mi sistema inmune, le dije que no lo tomara a mal, pero prefería no correr riesgo con algún producto que pudiera dañar a mi bebé, ella insistió, me dijo que no era un medicamento, eran gotas hechas a base de tinturas de plantas naturales, en este caso eran de echinacea, las cuales eran completamente inofensivas.

Le dije que sí para que no estuviera insistiendo, pero decidí no hacerlo, ya que desconocía las propiedades de la planta.
Después de un rato de convivir, Soledad me dijo que ya era hora de retirarse, en cuanto ella se fue comencé a sentir que mi vientre se ponía duro, eran intervalos en los que cesaba y de nuevo regresaba, me fui a descansar y me quedé dormida.

Me desperté cuando abrieron la puerta, era Juan que llegaba del trabajo, me sobresalté porque me di cuenta de que había dormido mucho, él por su cuenta me dijo que continuara descansando, no tenía objeción en que lo hiciera, a lo cual, le respondí que ya llevaba la mayor parte del día dormida, eso no era normal.

En ese momento sentí un dolor muy fuerte que propició que me doblara, en cuanto Juan lo notó me dijo que no estaba bien, era necesario acudir al hospital; así lo hicimos, el médico de guardia dijo que había tenido una amenaza de aborto, por lo que le respondí que mi médico me había dicho que estaba muy bien, al parecer sería un embarazo muy tranquilo.

Las recomendaciones eran el reposo absoluto, así como ciertos medicamentos, me regresé muy triste de pensar que tendría que estar sin hacer mis actividades cotidianas, esta vez no le avisé a Soledad porque me sentía mal y no quería ver a nadie, ella llegó de manera imprevista, nos dijo que en cuanto se enteró de lo sucedido quiso estar conmigo, yo me quedé extrañada, ya que no tuvimos tiempo de avisarle a nadie del inconveniente, sin embargo, no le di importancia.

Mi situación gestacional no mejoró, al contrario, cada vez estaba peor hasta que un día me sentí muy mal; ese día me encontraba en casa de Soledad cuando comencé a sentir un fuerte cólico, le dije que llamara a mi esposo, y al médico que me atendía desde un inicio de mi embarazo, ella no atendió mis indicaciones, me dijo que era urgente que me viera un médico.

Me llevó en su coche a un hospital, yo creí que se dirigía al que voy cada mes, sin embargo, no lo hizo así, se fue por otras calles, vi que llegábamos a un hospital que no conocía, no le tomé interés porque me sentía muy mal, lo único que quería en ese momento era proteger a mi bebé, en el hospital hicieron todo lo que estuvo a su alcance, hasta que sucedió lo inevitable.

Me enojé mucho con Soledad, le reproché el por qué no me llevó al hospital que yo le indiqué, ella se quedó callada, intenté ver a mi pequeño, pero no me lo permitieron, en eso llegó Juan, el cual estaba enterado de todo, me dieron más calmantes hasta que me quedó dormida.

Esa fue la última vez que pude descansar, cada noche soñaba con el llanto de un bebé y otra serie de cosas extrañas que no sé cómo explicar, los médicos dijeron que era depresión post-parto o duelo gestacional, pero eso era una mentira yo sabía que algo siniestro había ocurrido ese día, sin embargo nadie me creía.

Una de tantas noches de insomnio me encontraba sentada sobre la cama viendo hacia la calle, cuando escuché un ruido al exterior de la casa, me asomé por la ventana y alcancé a distinguir una sombra que se escurría, de inmediato pensé que podría ser un gato, así que no le tomé la importancia debida, sin embargo los ruidos continuaron, bajé a la sala y encendí la luz, con dificultad pude ver cómo algo corría con rapidez, hacia la oscuridad de otras habitaciones, busqué por todos los cuartos de la casa, encendiendo la luz en cada uno de ellos, pero no alcancé a ver nada.

Cuando los rayos del sol penetraron por la sala, yo estaba sentada con la mirada perdida, sin saber con exactitud qué había ocurrido esa noche, en eso entró Juan y me cuestionó por qué no había dormido, para ese entonces él estaba harto de mis “crisis”, me dijo que no era fácil superar la pérdida de un hijo, pero que tenía que aceptarlo.

La Bruja

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Hice caso omiso a todas sus indicaciones, él se retiró a trabajar y yo me quedé sola en la casa, subí a la habitación que había preparado a nuestro bebé, en eso comencé a escuchar el llanto de un pequeño, un llanto ahogado como si estuviera cubierto con una cobija, busqué por toda la habitación, saqué toda la ropa nueva de la cómoda, aventé sus juguetes, las cobijas, hasta que me cansé y me senté a llorar desconsolada.

Me quedé por un largo rato en el piso, entre las cosas que había aventado, pero de nuevo se escuchaba ese llanto, un llanto desesperado, de nuevo corrí como loca por toda la casa sin poder encontrar nada.

Por la noche, estuve atenta a cualquier ruido o movimiento que sucediera dentro o fuera de la casa, pasada la medianoche comenzó a escucharse un aleteo en el balcón, me asomé para ver qué era lo que originaba ese ruido, era un ave negra que picoteaba el cristal de la ventana, duró unos instantes haciendo lo mismo, hasta que se fue, ya no volví a escuchar nada anormal.

Por las noches dormía en ratos, pero no podía conciliar un sueño largo y profundo, si por algún motivo lo hacía, sólo era para tener pesadillas acerca de un bebé llorando, así que no lograba tener el descanso suficiente, esto fue minando mi salud física y mental.

Para ese entonces Juan no me tenía paciencia, él creía que todo eran imaginaciones mías, por no aceptar la pérdida, pero yo sabía que eso no era cierto, aunque nadie me creía, era real lo que veía y escuchaba, sin embargo, hubo un momento en que dudé de mi cordura.

Un día me levanté con la convicción de pasar página y continuar con mi vida, caí a la cuenta de que llevaba varios meses sumida en esa obsesión, así que acudí a la casa de Soledad, hacía mucho tiempo que no la veía, llegué a su casa sin avisar, cuando ella me abrió la puerta, se quedó sorprendida de verme, imaginé que era por dos cosas, por mi aspecto y porque no le avisé, ella al contrario se le veía muy bien, incluso creo que estaba rejuvenecida.

Ella titubeó un poco y me invitó a pasar, intentó disculparse conmigo por no haber ido a visitarme, pero yo respondí que todo estaba bien, así estuvimos durante un rato, hasta que tuve necesidad de ir al baño, Soledad me dijo que el baño de la planta baja estaba en reparación, que subiera al de su habitación, así lo hice.

Por curiosidad vi entre sus cosas, tenía un armario con espejo, el cual cerraba con llave, quizás por descuido dejó las llaves pegadas a la cerradura, abrí la pequeña puerta, mi sorpresa fue muy grande cuando vi un fetiche exactamente igual al que había encontrado en mi casa, sólo que este no tenía una aguja clavada en el vientre, el resto estaba igual.

No sé si Soledad se dio cuenta de su descuido o simplemente fue a ver cómo estaba, porque conforme subía las escaleras me dijo que si todo estaba bien, cerré el armario y la encontré en las escaleras.

Soledad me miraba extraño, como si quisiera escudriñar mi pensamiento, me mostré con ella como si no sucediera nada, aunque me quedé impactada con el descubrimiento.

A la medianoche escuché el llanto de un bebé, pero esta vez no era un llanto ahogado, se oía como si un bebé estuviera en la habitación contigua, con cautela caminé hacia el cuarto, no entendí cómo se había abierto la ventana, pero a través de ella, había entrado esa ave negra, que en otras noches rondaba al exterior de la casa, con una prenda que me encontré traté de sacarla del lugar, pero esta se resistía.

Voló alrededor de la habitación, hubo un momento en que intentó picarme, traté de quitarme de encima el ave, como pude la saqué del cuarto y cerré la ventana, no comprendí cómo se había abierto la ventana, porque esa habitación quedó cerrada desde hace tiempo.

No quise indagar cómo sucedió eso, en cambio, comprendí que era necesario hacer algo, sabía muy poco de fetiches, pero en cuanto amaneciera iba a buscar ayuda, esa noche casi no pude dormir por pensar en el hallazgo en la casa de Soledad.

En cuanto se dio la hora indicada acudí al centro, a una tienda esotérica, quería saber si en ese lugar me podían apoyar; en varias ocasiones, al pasar por el centro en el camión, había visto una calle que se encontraba llena de negocios de ese tipo.

Acudí al primero que me encontré, lo atendía una mujer de edad madura, no sabía cómo iba abordar el asunto, pero comencé a decirle lo del fetiche que me encontré en mi casa, después de que la puse al tanto, ella me explicó que lo más seguro es que esa mujer, Soledad, me estaba haciendo un daño.

Cuando me lo dijo de esta manera, no me sorprendió tanto, si bien es cierto que sé muy poco de brujería, tan sólo encontrar en su casa un fetiche igual al mío, supe que algo no andaba bien.

La mujer del local me explicó que era necesario hacer una serie de rituales para neutralizar el daño que me había provocado, me dio las instrucciones para hacerlo, hice las cosa de acuerdo a como ella me dijo, sin embargo, en la casa se seguía escuchando el llanto del bebé, así como el ave negra se aparecía en la medianoche a estar picoteando el cristal de la ventana.

De nuevo regresé con ella, le expliqué que había hecho lo que me había indicado, pero todo continuaba igual, ella se quedó pensando, me dijo que eso significaba que había algo que no lograba comprender, era necesario acudir a mi casa para sentir las energías.

Lo que esa mujer me dijo me pareció exagerado, lo pensé por unos días, pero una noche mientras logré conciliar el sueño, tuve una pesadilla de la cual no podía despertar, en ella, había un bebé que se encontraba perdido en un bosque, de pronto, una bestia lo tomaba y se lo llevaba, le comenté a Juan lo que creía respecto a mi pesadilla, sin embargo, él no me hizo caso.

Ya no lo pensé más, llamé por teléfono a la mujer de la tienda esotérica y le dije que le permitía venir a mi casa, ella me indicó el día y la hora que se presentaría conmigo, para eso, era necesario que consiguiera una paloma blanca, el resto de los artículos ella los llevaría consigo. Por supuesto, todo lo que estaba haciendo se lo oculté a mi esposo, porque él todo lo relacionaba con locura.

La mujer llegó muy temprano, comenzó a esparcir por cada una de las habitaciones con un incensario una fragancia distinta a la que yo había utilizado, me preguntó en cuál habitación escuchaba el llanto del bebé, le señalé el lugar.

En cuanto ella ingresó al cuarto, se detuvo por un momento y asintió, movió los muebles para hacer un círculo al centro de la habitación con gis amarillo, puso un contenedor de cristal con agua, enseguida me pidió que le acercara la paloma blanca, sentí náuseas cuando vi que ella le cortaba el cuello al ave, derramó la sangre al interior del envase de cristal, hizo otra serie de rituales, enseguida ella me preguntó si había estado embarazada o lo estaba, yo no le había hablado a la mujer sobre lo sucedido con mi embarazo, sólo acudí a ella por el fetiche.

Le expliqué que lo había perdido, y que en la habitación en la que nos encontrábamos era la de mi bebé, ella me preguntó si Soledad había estado muy de cerca durante mi etapa de embarazo, le respondí que sí, me dijo que tuviese mucho cuidado con ella, ya que era la causante de todo lo ocurrido.

Ella se quedó callada por unos minutos, dudó de decirme lo siguiente, primero, me dijo que entendía que era un tema delicado para mí, pero era necesario estar segura de ello, me cuestionó qué había pasado con el cuerpo de mi bebé, le respondí que en el hospital no me lo entregaron, me dijeron que el producto se quedaba para observación.

La mujer de nuevo insistió, si lo anterior me lo habían dicho a mí, le respondí que no, Soledad fue la que me llevó al hospital e hizo todos los trámites necesarios para que me dieran de alta.

La mujer asintiendo con la cabeza, no sabía cómo decirme que lo más probable es que el cuerpo de mi hijo, no se quedó en el hospital, ni se le dio sepultura, Soledad debió de haberse quedado con él, enseguida que ella me dijo eso, me puse como loca, no comprendía cuál era la intención de hacer eso.

Luego que estuve más calmada, me explicó que lo que me iba a decir era importante y muy fuerte, para las brujas que quieren potenciar sus poderes, tener un bebé nonato es valioso, con él pueden hacer una serie de conjuros y rituales, los cuales son más eficaces.

Uno de los más comunes es que pueden quitarse años de encima y verse más jóvenes, bonitas y saludables. En ese momento recordé que la última vez que la vi, se le veía muy bien, se me vinieron como cascada una serie de recuerdos desde que le comenté que estaba embarazada, ahora todo tenía sentido, no tenía la certeza, pero casi estuve segura de que ella me había originado todo.

Le pregunté a la mujer cómo podía deshacer todo lo que ella me había hecho, y lo principal, qué podía hacer por mi bebé, en caso de que Soledad lo tuviera, ella me explicó que lo más seguro es que ese pequeño ser ya no permaneciera en manos de Soledad, lo más probable es que le dio sepultura en algún lugar de su casa.

Cuando la mujer me dijo eso, no pude más que llorar amargamente, le pedí que me ayudara a resarcir, al menos un poco, el daño que hizo Soledad, ella me dijo que me daría un amuleto, el cual, era necesario ir a enterrarlo a la casa de Soledad, era preciso depositarlo en alguna parte de la casa, no importa que fuera en el jardín o en la banqueta, en ese momento recordé que tenía dos árboles afuera de su casa, le respondí que sí era posible.

La mujer me preparó el amuleto, me explicó que era importante enterrarlo junto con un objeto que le había comprado al bebé, para cuando él naciera, me dio indicaciones de sepultarlo ya cuando el sol estuviera oculto, ya que es el momento en que los espíritus comienzan a salir, además me dijo que rezara un novenario por esa alma pequeña, en general, a los niños que mueren, no se les reza, pero este era un caso especial, para que el alma de ese ser pudiera descansar en paz.


Así lo hice, busqué el momento adecuado para enterrarlo cuando Soledad y su esposo no estuvieran, además, con la oscuridad de la noche nadie me vio. A partir del día que realicé ese ritual me fue posible descansar por las noches, poco a poco recuperé la paz, y lo más importante, creo que también mi bebé lo consiguió, ya no volví a escuchar su llanto en la habitación.


Autor: Ana Bécquer

Derechos Reservado.

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