Ánimas Del Purgatorio

Ánimas Del Purgatorio

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Relato basado en experiencia de un topógrafo en el proyecto de la presa de la Yesca.
Este relato se lleva a cabo muchos años atrás, es importante señalar este aspecto debido a que quien cuenta la historia hoy en día ya es bastante viejo. Varias partes del relato fueron proporcionadas por su esposa y familiares.
Les voy a compartir una mala experiencia por la que pasamos unos compañeros de trabajo y yo, cuando fuimos a trabajar a Hostotipaquillo por parte de una empresa para un proyecto que se desarrollaría muchos años después.
Más aún creo que es necesario ponerlos antes en contexto con una situación por la que vivió mi esposa, cuando vivía en el antiguo poblado de Hostotipaquillo y no la pasó nada bien.
En el trabajo que tenía en ese entonces se daba la oportunidad de salir comisionado a diferentes puntos de México, y esa vez me habían dicho que saldría de viaje al poblado de Hostotipaquillo en Jalisco.

Más aún, cuando mi esposa se enteró de que viajaría hacia allá, no tardó en pedirme que mejor no fuera a trabajar, y que buscara la forma de cambiar con otra persona. A mí no me parecía una mala idea, al contrario, me entusiasmaba mucho conocer nuevos lugares. Pero al poco tiempo me enteré de que varios de mis compañeros optaron por cambiar su comisión a otro lado. siendo honesto, ya estaba algo preocupado, ya había escuchado historias de aquel poblado, pero no una igual que la que mi esposa me contó antes de que saliera de viaje, la cual en su momento me pareció exagerada, pero cuando me tocó vivir en carne propia una experiencia similar, mi forma de pensar sobre aquel lugar cambió completamente.
Les estoy hablando que esto pasó muchos años atrás, quizás más de sesenta años. mi esposa vivía en una casa de adobe, la cual estaba ubicada sobre una de las entradas principales de Hostotipaquillo. Todos los días cuando ya se metía el sol, siempre y sin falta, los abuelos de mi esposa le apresuraban para que se metiera a casa antes de que anocheciera, el motivo siempre fue desconocido para mi esposa, pero la noche en que comprendió la razón del por qué se metiera no volvió a dudar sobre la palabra de los abuelos.

Cuenta mi esposa que una noche, mientras intentaba dormir, y no podía conciliar el sueño, escuchó una serie de ruidos provenientes de la calle, toda la familia se encontraba dormida en casa, pero el cuarto de mi esposa era el más cercano a la sala, y la puerta principal. Así que decidió ir a investigar, buscó una de las velas que tenía cerca de ella, la encendió y se dirigió a la Sala, ya pasaban de la media noche o quizás era un poco más tarde, los ruidos provenientes de la calle se intensificaron, mismos que le parecieron muy similar a cuando alguien arrastra un costal, pero aquí se escuchaba como que si fueran varios.

Con la inquietud en la cabeza, dejó la veladora encendida en una mesa, y se acercó al ventanal de la sala para asomarse, y cuál sería su sorpresa que se encontró con una multitud de gente caminando lentamente frente a su casa.

No podía distinguirles el rostro, solo apreciaba el contorno de ellos alumbrados por la luz de la luna. Fue entonces que la luz de la vela se apagó, mi esposa se desconcertó por la ausencia de luz, y antes de que volteara pudo sentir sobre su hombro una mano muy delgada y helada, ella se asustó tanto que soltó un grito, el cual ahogó rápidamente al ver de quien se trataba. Era su abuela quien le pedía silencio. Le indicó que viera por la ventana, mi esposa le hizo caso, y en cuanto miró hacia la ventana se dio cuenta de que una de las sombras se había acercado a la casa. Pareciera que el ruido del grito de mi esposa lo había escuchado, y se acercó a mirar. Mi esposa cuenta que fue cuando pudo ver de frente a aquel bulto. Solo se distinguían un par de ojos brillantes que buscaban algo dentro de la casa, pero no parecían verlas a ellas. Se retiró y prosiguió su andar, y al término de unos minutos aquella procesión se había desvanecido entre la oscuridad.

La abuela de mi esposa, le platicó que cada cierto tiempo, una cantidad de ánimas provenientes del purgatorio salían a buscar luz, por ello habían apagado la veladora, además nunca sabía en que fechas exactas se realizaba esa procesión, o quien la arriaba, pero siempre se trataban de más y más las ánimas.

Siendo honestos, cuando mi esposa terminó de contarme su experiencia, no le creí mucho, conocí en vida a sus abuelos y siempre contaban historias inventadas para entretener a los nietos, sin embargo, es importante puntualizar que esto ya fue contado por mi esposa.

A pesar de las advertencias de parte de mi esposa, no logré cambiar mi comisión a otro punto, y en cierto modo a mí tampoco me preocupó ese cambio correspondiente. El trabajo consistía en hacer estudio topográfico para una futura presa, que se tenía planeada construir allí, toda nuestra estancia en el cerro se llevó a cabo en medio de la sierra y monte, dormíamos en casas de acampar y con solo la luz de la luna, y la fogata que hacíamos, era la cobija que usábamos por la noche. Y en toda nuestra estadía en ese lugar no tuvimos ninguna señal de algo anormal, pero llegando el último día de trabajo todo cambió.

Uno de mis compañeros, había improvisado un baño al otro lado de donde acampábamos, ya era tarde y por regla general, si alguien quería ir al baño tenía que ir acompañado para que uno vigilara, por si se acercaba algún animal, para asustarlo, distraerlo o en el peor de los casos decirle al otro que se apresure porque podía ser un animal más grande.

A mí me tocó acompañar a uno de mis compañeros, y mientras él hacía sus necesidades yo estaba alumbrando hacia lo más oscuro del monte. Fue cuando pude observar no muy lejos de donde nos encontrábamos una serie de luces que titilaban, estas parecían estar avanzando lentamente entre los árboles, apunté con la lámpara para tratar de distinguir que era aquello que provocaba aquello, pero la luz de la lámpara no alcanzaba.

Mi compañero se acercó hasta donde yo me encontraba, y le pregunté si tenía alguna idea de lo que había allá a lo lejos. No supo decirme que se trataba, así que decidimos regresar al campamento con los demás, pero conforme nos acercábamos nos dimos cuenta de que más de esas luces ya se encontraban a tan solo unos metros de nosotros, apunté la linterna hacia aquellas sombras, pero no lograba distinguir nada, lo único que pude notar fue la pura oscuridad. Sin embargo, lo que parecían ser dos canicas brillantes figuraban en vez de ojos. De algo estoy seguro, parecía que el mismo viento les tenía miedo, pues dejó de escucharse a nuestro alrededor, y aquellas sombras se pararon firmemente.

Pareciera que nos estaban observando, y no sé qué pasó por la mente de mi compañero, que les aventó una piedra, y al ver que esta las atravesaba, salió corriendo, dejándome solo. Mi intención fue correr también, pero no sé qué me pasó, que mis piernas estaban temblando del miedo, aquellas sombras iniciaron su andar acercándose ante mí, y un horrible escalofrío me puso los pelos de punta, creo que eso me ayudó para volver a sentir mis piernas y echarme a correr.

Llegué a presentir que yo los estaba atrayendo hacia mí, pues no se fueron detrás de mi compañero, solo me seguían a mí, aun así, traté de alcanzar a mi compañero, pero lo perdí de vista, mientras tanto que corría hacia nuestro campamento miraba sobre mi hombro para ver donde venían aquellas sombras. De forma maniaca comencé a gritar el nombre de mis compañeros, a pedirles que encendieran las linternas y faros de los carros. pude distinguir la fogata la cual se encontraba justo a unos metros y al llegar me percaté que no había ninguno de mis compañeros alrededor de ella.

Me encontraba completamente solo, a donde volteara, no veía nada, apuntaba la linterna hacia aquellos bultos, y ya se estaban acercando, grité a mis compañeros, les pedí ayuda, pero ninguno me respondió. lo único que se me ocurrió en ese momento fue meterme a la casa de acampar y mantenerme allí hasta que alguien viniera a ayudarme, y al abrir la puerta me di cuenta de que todos mis demás compañeros ya estaban allí dentro, y aguardando silencio, incluyendo mi compañero que les había arrojado una piedra. No supe de qué manera sentirme, si aliviado de verlos o molesto porque no me contestaron, pero si sabía que no era momento para estar pensando en ello.

– ¿Qué son esas cosas? – me preguntaron alterados, pero yo estaba igual que ellos, no sabía que decirles, por fuera de la casa de acampar se escuchaba  que algo se acercaba solo a unos cuantos metros, estaban cerca de nosotros, sonaba igual que si se arrastraran para llegar a donde estábamos, fue en ese instante que recordé lo que me había contado mi esposa, aquellas ánimas buscaban una luz, y yo torpemente les había apuntado hacia ellas desde un principio, me di cuenta de que la fogata estaba aún prendida, así que les dije a mis compañeros que teníamos que apagar todo, e inclusive la fogata para que esos bultos se fueran.

Nadie se negó al plan, así que en cuestión de segundos, salimos y vaciamos las cubetas y garrafones con agua que teníamos para apagar la fogata, y después las linternas, quedando completamente a oscuras. Inmediatamente, nos metimos de nueva cuenta a la casa de acampar, y nos quedamos en silencio. Miré a los demás, y mientras recordaba la historia de la abuela de mi esposa, me llevé un dedo a la boca para pedirles que guardaran silencio. Se escuchaba que la hojarasca se movía, y a través de la delgada tela de la casa de acampar pude distinguir aquellos bultos acercarse a nosotros, con sus ojos brillantes buscaban indicios de luz que quizás antes habían notado, y al no tener éxito, se retiraron lentamente.
Nos quedamos pasmados durante varios minutos, quizás un par de horas pasaron, y nadie decía nada o decía algo, yo estaba temblando todavía, pero por dentro ya sabía que todo pasaría, y cuando por fin el viento se volvió  a escuchar, fue para nosotros tranquilidad.

Les conté la historia que mi esposa me había contado, espero de algún modo decirles que se trataban de ánimas en busca de luz. siendo honesto esperaba que varios de ellos me tacharan por loco, pero no recibí ninguna queja o desacuerdo de alguien, pues todos habíamos pasado por lo mismo, y no había duda de lo que habíamos vivido esa noche.

Seré directo, si ante todo lo que me pasó, aquellas ánimas me hubieran alcanzado, no sé, no tengo idea si lo estuviera contando ahora. Lo que si me queda claro y seguro es que aquellas historias por las que un pueblo ha crecido tienen su grado de veracidad y por más fantasiosa que sea, no se debe de dudar sobre ellas.

 

Autor: Lengua De Brujo

Derechos Reservados

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Author: REDE

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