Los Ojos Del Perro

Los Ojos Del Perro

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Me llamo Francisco, hace algunos años decidí dejar la vida en la ciudad para mudarme al bosque. Tomar esa decisión fue complicada y requirió mucha planeación y bastante más dinero del que yo me había imaginado.

Lo primero es conseguir un pequeño terreno en las orillas del bosque, ya que el bosque como tal pertenece al gobierno así que literalmente sería ilegal vivir dentro del bosque.

Por fortuna el hijo de una de las personas para las que había trabajado antes conocía a las personas adecuadas y me ayudaron con eso.

Luego hay que construir la cabaña, por supuesto que yo no podría armarla así que tuve que contratar a alguien, y la cabaña debe ser lo más sencilla y minimalista que se pueda, no solo por cuestión económica, sino también porque, como dije, el terreno que pude conseguir era pequeño.

En la ciudad dejé un pequeño negocio que me dejaba suficientes ganancias para estar tranquilo en el bosque, no era una gran entrada de dinero, pero podía tener todos los víveres.

Así que yo solo iba a la ciudad una vez por semana para tomar mi dinero, tirar la basura, y comprar lo de la semana.

Para bañarme podía ir hasta el río en la parte baja y profunda del bosque, o esperar hasta mi vuelta a la ciudad cada semana.

Llevaba varias botellas de agua para poder lavarme las manos y lavarme los dientes, en cuanto a ir al baño, bueno, siempre hay soluciones prácticas.

En una ocasión que fui a visitar mi negocio me encontré un perro, no era de raza ni nada, era una cruza rara, la verdad el perro no estaba bonito, pero algo en sus ojos llamó mi atención, no lo sé, quizá el color, quizá el brillo, quizá todas las lagañas que tenía, el punto es que le hablé al perro y se me acercó, estaba flaco, claramente estaba hambriento y sediento, me lo llevé al bosque.

El perro resultó ser un buen cazador así que nunca ocupé comprarle croquetas, su comida preferida eran los pequeños marsupiales, ardillas y roedores.

Al perro lo llamé Laclo, sinceramente no tengo idea de por qué elegí ese nombre, una vez que llegó con una ardilla lo vi y dije: este perro tiene para de Laclo. Seguro a más de uno le ha pasado.

Estar acompañado de Laclo hacía que vivir en el bosque fuera un poco menos peligroso, si bien estaba claro que el perro no podría hacer nada contra un gran felino, al menos sus ladridos me advertían de que había peligro cerca.

Recuerdo que en una ocasión Laclo no me dejó salir de la cabaña, se acostó en la puerta y no se movió, yo le hablaba, pero ni siquiera volteaba, solo se quedó echado mirando fijamente hacia afuera, como si pudiera ver a través de la puerta.

No ladró, no gruñó, solo estuvo ahí. Al día siguiente encontré huellas de ocelote alrededor de la cabaña, si hubiera salido lo más seguro es que ese animal me hubiera matado.

Lo más curioso en Laclo eran sus lagañas, todas las mañanas amanecía sin lagañas, pero cada vez que detectaba un peligro, como esa vez del ocelote, sus ojos se llenaban de lagañas, era raro.

La primera vez que llevé al perro al río iba muy alerta, volteaba hacia todos lados, todo el tiempo caminó al frente de mí, no tengo idea de cómo, pero supo llegar hasta el río, no se desvió, siguió exactamente el mismo camino que yo seguía cuando me adentraba en el bosque para llegar al río.

Bueno, cuando estábamos quizá a unos 60 metros Laclo se paró en seco, obvio yo también, el perro se agachó como si estuviera cazando algo, yo miré con detenimiento en la dirección que el perro estaba mirando y pude ver algo que jamás había visto en el bosque.

Era una cosa grande, como de metro y medio, su cabeza no tenía piel, era carne expuesta, tenía un pico del mismo color de su carne, era gordo, y tenía escamas negras y amarillas, andaba en 4 patas, tenía una cola muy imponente, eran como plumas muy afiladas o espinas del color de un hueso.

Esa bestia estaba tomando agua del río, y no por qué, pero de pronto volteó hacia donde estábamos Laclo y yo. Nos clavó su mirada, la verdad no alcanzaba a distinguir el color de sus ojos, pero eran oscuros.

Mi perro seguía agachado y estaba completamente quieto. La cosa esa movía las plumas o espinas de su cola como si fuera una serpiente de cascabel, hasta sonaba parecido. Luego se levantó en dos patas, como si fuera un oso.

Yo estaba un poco asustado, pero no tanto porque la bestia estaba del otro lado del río, o sea que no podía correr para atacarnos.

Entonces Laclo le ladró furioso, esa cosa en respuesta emitió un sonido muy perturbador, el ruido que salió de su boca no llegaba a parecerse al de un humano, pero tampoco sonaba como el de un animal.

Ahora sí estaba asustado así que le grité a mi perro para que mejor regresáramos a la cabaña. Él volvió a tomar la delantera, pero cada 3 pasos volteaba hacia el río, noté esas lagañas en sus ojos.

Llegamos a la seguridad de la cabaña, nos encerramos, por alguna razón yo me sentía en peligro, compartí de mi comida con Laclo, claramente no lo iba a dejar salir a cazar.

Otra cosa que se me hizo curiosa del perro es que entendió perfecto que no lo dejaría salir, ni siquiera se acercó a la puerta en todo el día, era raro.

Ya por la noche, no tengo idea de la hora, quizá era de madrugada, se comenzaron a escuchar ruidos extraños, como si algo estuviera picoteando la madera, eso no era un pájaro.

Laclo también se despertó, y por primera vez despertó con lagañas. El perro volteaba en la dirección que se escuchaban los picoteos, pero volteaba un segundo antes de que se escuchara. Era como si el perro pudiera predecir los movimientos de lo que fuera que estaba allá afuera.

Los picoteos cambiaron por un sonido como si algo filoso estuviera raspando el exterior de la cabaña.

Laclo estaba muy alerta y en posición de ataque, hasta se veía más grande de lo que era. Poco a poco el perro comenzó a mostrar sus colmillos, como si intentara espantar a la cosa esa.

Se me puso la piel de gallina cuando escuché ese mismo grito que había escuchado en el río, sonó muy fuerte, literalmente sonaba detrás de la puerta.

El perro comenzó a ladrar furioso mientras sus ojos se llenaban de más y más lagañas. Yo simplemente estaba quieto en una esquina, sin saber qué hacer. Luego de unos 10 minutos Laclo dejó de ladrar, la bestia se había ido.

Pasaron algunas noches en relativa paz, hasta que esa bestia volvió, el problema fue que en esa ocasión tanto Laclo como yo estábamos fuera de la cabaña, tomando el aire.

La vi a lo lejos, mi perro no ladró, lo que hizo fue empujarme para que yo entrara a la cabaña, yo intenté jalarlo conmigo, pero él se quedó afuera.

Por la pequeña rendija de la puerta alcancé a ver como mi perro se lanzó contra esa bestia, hubo mucho ruido, pero no pude ver mucho, no salí, ¿Qué se supone que podría hacer contra esa cosa?

Cuando volvió él silenció abrí un poco la puerta, Laclo venía caminando, estaba muy herido, cojeaba de una pata delantera y uno de sus ojos lo tenía completamente cubierto por las lagañas.

Al día siguiente lo llevé a la veterinaria, perdió el ojo.

Esa cosa no volvió a molestarnos, por supuesto que Laclo no lo mató, pero supongo que le quedó claro que yo tenía a alguien que me intentaría defender a toda costa.

Pero hay algo que aún hoy me genera más preguntas que la misma bestia, me refiero a las lagañas de mi perro, no entiendo por qué le aparecían cuando había peligro.

Dicen que si en el ojo te pones una lagaña de perro puedes ver lo mismo que ellos, quizá algún día lo haga, quizá solo así obtenga respuestas.

 

Autor: Ramiro Contreras

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