Atrapado En El Panteón

Atrapado En El Panteón

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Esta historia que les voy a contar, me ocurrió el año pasado.

Primero un poco de contexto, yo vivo en Yucatán, no en la zona turística, sino en la periferia. Por estos lados uno se encuentra con mitos y leyendas en cada esquina.

Aquí uno de los mitos más sonados es que el panteón municipal es la sede de oscuros rituales realizados por una enigmática secta.

Ahora sí. Siempre fui muy allegado con mi abuelo Doroteo, ya que me crie desde muy niño en su casa, pero mi abuela Margarita hace años que ya falleció.

El pasado mes de septiembre, mi abuelo se enfermó y lamentablemente falleció un mes después, en octubre del 2021, me dejó un profundo dolor, me deprimí tanto, que sentía que me iba a morir de la tristeza.

Fue una cosa horrible la que tuvimos que pasar todos, ya que mi abuelo era muy querido por toda la familia, yo lo veía como mi padre.

Cuando acabaron los servicios funerarios se empezó a retirar la familia y todos los que habían asistido a despedir a mi abuelo, yo lleno de tristeza le dije a la familia que me quedaría un rato más y así lo hice, serían como las tres de la tarde.

Me senté al lado de la tumba y me puse a llorar y a recordar todas las situaciones que habíamos vivido mi abuelo y yo, sin darme cuenta pasaron las horas.

Mirando la cruz con su nombre, le dije a mi abuelo en voz alta que quería quedarme ahí, y una media hora después me despedí.

Cuando reaccioné empezaba a obscurecer y decidí retirarme para mi casa, un tanto desorientado caminé esperando encontrar la salida, pero para donde volteaba, solo se miraba tierra y tumbas.

Caminé por un buen rato y topé con la pared de atrás del panteón, solo así supe que la salida estaba para el lado contrario, un poco nervioso, caminé más de prisa entre las tumbas que cada vez se me figuraban más tétricas y era como si se estuvieran volviendo viejas.

Cuando fui presa de los nervios, porque por alguna razón estaba oscureciendo muy rápido, empecé a correr, brincaba las tumbas y seguía corriendo, sin darme cuenta pisé en una que estaba abierta y caí, quedé metido hasta la cintura.

No me golpeé, pero cuando intenté salir, sentí que alguien me agarró de los pies, rápido caí en desesperación y por supuesto que intentaba zafarme, comencé tirando patadas, pero era inútil, no me soltaban, todo lo contrario, sentía que me jalaban más para abajo.

Consciente de dónde estaba, más se apoderaba el miedo de mí, pero traté de calmarme para poder liberarme y salir de ahí.

Me quedé inmóvil por unos segundos, intenté controlar mis nervios respirando despacio, pero no podía, fue inútil.

Desesperado veía como poco a poco llegaba la noche, no pude más y empecé a gritar por ayuda, pero no se veía a nadie, tampoco se escuchaba nada además de mis gritos. Inevitablemente obscureció.

No sé cuánto tiempo grité sin obtener respuesta alguna, se supone que hay personas que cuidan el panteón, pero ya había pasado mucho tiempo y nadie acudía en mi auxilio.

Pasado ya un buen rato, escuché el llanto de un niño, se me heló la sangre y empecé a respirar muy fuerte, tan fuerte que me estaba incluso sintiendo mareado.

Todo estaba cubierto con un denso velo negro, cualquier ruido me asustaba mucho, obviamente el llanto de un niño, que no tendría nada que hacer a esas horas en el panteón, hizo que casi me diera un infarto.

Poco a poco se escuchaba más cerca al llanto, hasta que apareció frente a mí un niño como de unos ocho años, lloraba amargamente, yo me quedé helado, mil cosas pasaron por mi mente, callado y sin moverme, casi sin respirar, lo miré acercarse.

El niño pasó de largo, como si no me hubiera visto, yo temblaba de miedo.

Se me estaban durmiendo los pies, y la cintura empezó a dolerme poco a poco.

Me puse a rezar, no sabía que más hacer, cuando iba a gritar de nuevo, escuché unas risas, eran dos gemelas, que estaban a mi lado como a tres tumbas de donde yo estaba atorado, cuando miré que voltearon a verme cerré los ojos con fuerza, no sé cuantos minutos pasaron, pero cuando los abrí ya no estaban.

La verdad era para volverme loco, empecé a gritarle a mi abuelo, para que me ayudara, pero cada vez que me movía, aunque fuera un poco, sentía que me jalaban más para abajo.

Frente de mí estaba una lápida de una niña y tenía un peluche grande sentado en la tumba, me miraba fijamente, la verdad creo que alucinaba, porque se me figuraba que a veces cerraba los ojos.

De pronto se brilló gracias a un trueno, era la peor noche de mi vida, los relámpagos se hicieron más constantes y cuando iluminaban el panteón, me imaginaba ver sombras tétricas por todos lados.

Cuando apareció otro relámpago, alcancé a mirar a una mujer vestida de blanco, como de novia, traía un velo y no se le distinguía su cara, de repente empezó a caminar hacia mí, cuando estuvo demasiado cerca, miré su rostro de muerte, fue tanto el impacto que no pude gritar y me desmallé.

No sé cuánto tiempo pasó, pero pude reincorporarme, lo primero que vi fue a un hombre que estaba frente a mí, me miraba con curiosidad, yo solo lo veía sabiendo que era una aparición, de pronto sin decir nada se fue alejando y se perdió entre la obscuridad.

No sé si serían los nervios o el miedo, pero escuchaba voces, no sabía si eran reales o si ya alucinaba además de vez en cuando se oía silbar a las lechuzas y siempre supe que eran brujas.

Empecé a escuchar una risita burlona, la oía desde atrás de mí, pero me daba mucho miedo voltear, imaginando que era un muerto desgarrado o un demonio.

De pronto todo se quedó en silencio, como si se aproximara algo malo.

En medio del camino para los visitantes, que estaba como a unos cuarenta metros, se dejaron ver varias siluetas, aunque se veían grotescas e infernales, pude ver que eran cinco personas.

Venían platicando entre ellas, me contuve para no gritarles por ayuda, cuando lo iba a hacer, vi que se vistieron con túnicas y capuchas, hicieron una fogata y comenzaron a hacer cosas que yo no comprendía, pero en más de una ocasión mencionaron el nombre del señor de las tinieblas.

En serio que ni en mis más horribles pesadillas me llegué a imaginar que podría estar en una situación igual.

Supuse que se trataba de una reunión de brujas o algo así, pero entonces me acordé de todo lo que se decía sobre la secta que hacía sus reuniones en el panteón municipal.

Traté de moverme lo menos posible, de pronto sentí como unas pequeñas patas caminaban por la parte de atrás de mi cuello, me imaginé que era una tarántula, temblaba de la desesperación, pero para nada me moví, hasta que dejé de sentirlas.

Aunque un poco distorsionado, alcanzaba a escuchar lo que decían, necesitaban una gallina un gato o algo para ofrecerlo como sacrificio.

Yo empecé a temblar de miedo y a sudar de los nervios, si me descubrían estaría perdido, terminaría siendo yo la víctima.

Como hecho adrede, pasaba un gato como a diez metros de donde yo estaba, para su desgracia empezó a maullar, cuando lo hizo todos voltearon hacia acá y sentí que se me fue el alma del cuerpo por un instante.

Uno de ellos caminó con cautela, se acercó y tomó al gato y pude distinguir su rostro, era un señor ya algo mayor, por suerte su mirada estaba sobre el gato y no me miró, o quizá si me vio, pero solo me ignoró.

Luego de sacrificar al gato empezaron a danzar, brincaban sobre la lumbre sin quemarse, después empezaron a rezar y de pronto de entre las llamas surgió una figura grotesca de un gran demonio.

Todo se alumbró y abrí los ojos de la impresión, nunca había visto algo tan horrible, no sé cómo no grité, me quedé paralizado, escuchaba mi corazón latir tan fuerte y tan rápido, como nunca lo había escuchado.

El demonio se transformó en una densa niebla y rodeó a esa gente, incluso creo, un poco de esa niebla se les metió en la boca.

Después de un buen rato, todo terminó y esa gente se alejó, ya casi amanecía y yo no paraba de darle gracias a Dios por estar bien, por estar vivo.

Se me hizo eterna la espera para que aparecieran los primeros rayos del sol.

Cuando amaneció y aunque parezca increíble, con un solo movimiento me pude salir de aquella tumba abierta, respiré aliviado, por fin me iría de ese espantoso lugar.

De regreso pasé por la tumba de mi abuelo, recordé lo que le había dicho, que quería quedarme aquí, le dije que descansara en paz y me fui rumbo hacia la salida.

Cuando iba a salir, me saludó el cuidador del panteón y con asombro lo reconocí, era el mismo encapuchado que había agarrado al gato, aunque me llené de nervios lo disimulé y me fui de ahí.

Quizás me reconoció porque se me quedo mirando, pero ya no importaba, ya caminaba afuera del panteón, quería correr, pero me fue imposible.

Como dije, esto pasó hace ya un tiempo, pero siempre lo recuerdo como si fuera ayer, hasta el día de hoy no he vuelto a ese panteón, ahí está enterrado mi Abuelo Doroteo, pero también ahí pasé la peor experiencia de mi vida que jamás olvidaré.

 

Autor: El Gato Negro

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Author: REDE

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