El Amigo De Papá

El Amigo De Papá

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El Amigo De Papá

Era una tarde de abril, yo estaba pequeña, me encontraba jugando en el patio de mi casa, era algo que me encantaba hacer, justo en donde me encontraba a un lado había un terreno abandonado, a lo lejos miré que una persona se acercaba a mí.

Se trataba de un hombre más o menos de la edad de mi papá.

Al llegar a , me preguntó por él, mi papá en ese momento se encontraba fuera de la ciudad, pero él nos decía que nunca debíamos afirmar que estábamos solas para que nada malo nos pasara, así que decidí mentirle a aquel señor, y le respondí que él estaba dormido.

Me sonrió y me dijo que él sabía que no estaba, pero que no me preocupara, que él no quería hacerme daño, me comenzó a sacar plática, y después de un rato me pidió que le diera agua, me metí corriendo a mi casa y le dije a mi mamá lo que pasaba, ella me dio un vaso lleno de agua, y se lo llevé a aquel señor.

Él tomó el vaso, y cuando creí que se lo tomaría, me sorprendió ver qué sacaba un vaso sucio, y vaciaba el agua que yo le había llevado, pero no le quise tomar importancia, me dijo que le dejaría un recado a mi papá, que era importante que no se me pasara decírselo.

Aquel señor me dijo que le hiciera saber que aquel terreno abandonado, el cual me aseguraba, era de él, se lo regalaba a mi papá, me dijo que nadie se lo podía quitar por qué era un regalo que él le había hecho, yo asentí en respuesta y el hombre se despidió de mí, lo vi alejarse y continúe jugando.

Pasaron dos días, y mi papá había llegado de viaje, no esperé mucho para contarle lo que su amigo me había dicho.

Justo ese día en la tarde llegó mi abuela a informarle a mi papá de un amigo que había fallecido en un accidente de autobús.

Cuando mi papá escuchó el nombre de aquella persona le dijo a mi abuela que eso no era posible, que yo misma había hablado con él hace un par de días, mi abuela le respondió que eso era aún más imposible, ya que él no había podido llegar a la ciudad en la que vivíamos por qué el autobús se había volcado, y él había muerto instantáneamente.

Mi abuela le mostró la foto y la nota que venía en el periódico, y mi papá quedó sin palabras, ellos decidieron enseñarme una foto de aquel señor, quizá yo me había confundido, pero no, aquella foto que me mostraron era la de aquella persona con la que yo había estado platicando días atrás.

Esa noche no pude dormir.

La cara de aquel hombre aún seguía en mi cabeza y las palabras de mi abuela de que había fallecido aún me rondaban.

A la mañana siguiente, fui a mi escuela, y al regresar corrí a cambiarme de ropa para jugar de nuevo en el patio de mi casa, estaba muy tranquila jugando con mis amigos de la colonia en donde vivía, y a lo lejos miré de nuevo al señor que días atrás había venido a platicar conmigo.

Yo sabía que no estaba muerto, estaba segura de que yo había hablado con él.

Se acercó a mí y volvió a preguntar por mi papá, le respondí que se encontraba adentro de mi casa, cuando volteé a ver a mis amigos, ellos me miraban extrañados, no sabía por qué, pero no les presté atención, me metí corriendo para hablarle a mi papá y decirle que su amigo estaba en el patio, que no había muerto como todos decían.

Así que, al entrar, apenas y pude explicarle a mi papá que estaba ahí.

Él salió, y al ver qué aquel señor no estaba, me miró con cara de desaprobación, pero yo no estaba loca, de verdad lo había visto.

Me olvidé de eso rápido y fui corriendo a jugar con mis amigos, al llegar la noche poco a poco mis amigos los iban llamando sus mamás para cenar, hasta que me quedé sola.

Estaba agachada jugando, cuando sentí una mirada tan fuerte que no pude evitar voltear, era él, frente a mis ojos estaba aquel señor que decía ser amigo de mi papá, me dijo que lo ayudara, y no paraba de repetirlo.

De pronto su aspecto cambió, su cara estaba destrozada, de sus brazos brotaba aquel líquido rojo que tanto me disgustaba, sus ojos parecían salirse de sus cuencas, y su cabello estaba todo sucio.

Quise correr, pero no pude, traté de gritar, pero tampoco podía, me había quedado inmovilizada frente a aquella persona o cadáver, ya no estaba segura de lo que en realidad era.

Me tomó del brazo e intentó jalarme, yo quería alejarlo, pero era demasiado pequeña para aquel cuerpo robusto.

Ya sentía que de mis ojos comenzaban a salir lágrimas, estaba teniendo mucho miedo, y él seguía jalándome, de pronto ya no estaba en mi casa, me encontraba en un lugar oscuro, y solo estábamos él y yo.

Me dijo que lo tenía que ayudar a irse, que solo yo podía ayudarlo, al parecer nadie más podía verlo, por fin pude hablar, y le dije que no sabía cómo ayudarlo, y que por favor me soltara.

A lo lejos escuchaba que alguien gritaba mi nombre, quería responderle, pero otra vez me había quedado sin voz.

Seguí escuchando mi nombre, pero cada vez más cerca, hasta que alguien jaló de mi hombro, y volví a la normalidad.

Aquella persona que me había salvado de ese hombre o lo que sea que fuera, era mi mamá, la miré con los ojos llorosos, y la abracé muy fuerte, realmente estaba muy espantada, ella me devolvió el abrazo y me preguntó qué era lo que sucedía, le conté paso a paso sin saltarme nada lo que me había sucedido, y en su cara podía ver la preocupación.

Me llevó a mi cuarto para que pudiera descansar, me tapó con mi cobija favorita y me dio un beso en la frente despidiéndose de mi

Me quedé totalmente dormida.

En la madrugada me desperté al sentir como mi cobija estaba siendo jalada. Me comencé a molestar, ya que a veces mi hermano mayor hacia eso para molestarme, le pedí que lo dejara de hacer, pero en respuesta solo obtuve silencio.

Nuevamente, me volvieron a jalar la cobija, abrí los ojos ya enojada porque quería dormir.

Mi sorpresa fue ver qué mi hermano no era el que estaba parado a la orilla de mi cama, era aquel hombre quien extendía su mano, me quería llevar con él.

Intenté gritar lo más fuerte que pude, pero nada, de mi boca no salió ni un solo ruido, quise salir corriendo de ahí, y mis piernas no me respondieron, de mis ojos solo podían salir una lágrima tras otra, y él comenzó a hablar, me dijo que lo acompañara, que no me haría daño.

Pero yo era tan solo una niña, no quería ir.

Me jaló de mi brazo sin lastimarme, entonces comencé a seguirlo.

Me llevó hacia el patio de mi casa en donde habíamos tenido nuestra primera conversación, y me señaló un lugar, le pregunté de qué se trataba, pero justo en ese momento se escuchó un estruendo.

Al voltear a verlo, de su boca salían gritos, eran gritos de dolor, desgarradores, yo estaba tan asustada que no podía moverme.

De pronto se dejó de escuchar, todo estaba en total silencio, voltee y a mi espalda se encontraban mis padres y mis hermanos viendo todo, sus caras eran de terror.

De un momento a otro desperté, había tenido un mal sueño. Pero de algo si estaba segura, yo había visto a aquel hombre que se apareció en mi pesadilla, era real, o más bien su espíritu.

Al salir de mi trance platiqué con mis papás, pude notar que todo estaba bien, o al menos eso creía, les conté lo que había soñado ese día, se rieron pues dieron por hecho que todos era producto de la imaginación de una pequeña niña.

Yo también me reí junto a ellos, pues quise creer que era así.

Hoy, a mis 23 años, después de mucho tiempo, ya no he vuelto a ver a ese espíritu por mi casa.

No si todo eso fue real, o solo fue la imaginación de una niña.

 

Autor: Oliblish Montes

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Author: REDE

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