En Un lugar De España

En Un lugar De España

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Desde hace tiempo soy aficionado a la exploración urbana. Tengo preferencia por investigar casas abandonadas. Parecerá chiste, pero en España, en especial en varios poblados de La Rioja, es muy común encontrarse casas dejadas enteramente solas, como si de un momento a otro las personas hubieran escapado, sin importarles dejarse todas las pertenecías intactas. En algunas me he encontrado hasta comedores con alimentos servidos.
Son muchas las casas que he revisado y aunque en más de una he presenciado fenómenos extraños, ninguna se compara a una casa que visite en un poblado en Enciso.
En si todo el poblado posee cierta aura de misticismo, que a cualquier explorador de lugares abandonados encanta.
Por todo el poblado puedes encontrar construcciones muy antiguas, otras casi derribadas. Durante este viaje, conocí a otra exploradora, que me habló de una casa moderna en una colina, me dijo que entrar en la casa era fácil, pues algunos vándalos rompieron el cristal de una ventana y a través de esta, era muy sencillo entrar.
La chica se llamaba Macarena, tenía ciertas características gitanas, era muy atractiva y entusiasta de la exploración urbana. Ella se ofreció a acompañarme a esa extraña residencia.
La casa se ubica en una colina solitaria y en alrededor hay muy pocas residencias, si mal no recuerdo, eran tres casas en aquel lugar, de esas solo una estaba habitada por una pareja de ancianos.

Mientras subíamos la colina que nos llevaría a la residencia, Macarena me contaba que la casa tenía historia. La mandó edificar un hombre jubilado. En la casa vivía solo él y su esposa, nunca pudieron tener hijos.
La pareja era aficionada a los libros, según algunas personas que lo conocían, el hombre comenzó a perder la razón cuando adquirió un libro extraño sobre embrujos y metafísica. La señora cayó en depresión, porque al hombre lo tuvieron que encerrar, ya que el hombre intentó agredirla un par de veces. Dentro de las alucinaciones del señor, decía que su esposa estaba poseída por el espíritu de una bruja, que había salido de una roca en el barranco frente a la terraza de la propiedad.
Al final el señor había muerto, pues estando en el hospital psiquiátrico, pescó una neumonía de la que no logró recuperarse. La pérdida del marido terminó por hacer enloquecer a la señora también, quien aún se encontraba en un asilo psiquiátrico y era por eso que la casa había quedado sola. Sin parientes que la reclamaran, estaba completamente abandonada.

Que me contara esa historia, me hizo sentir culpable cuando entramos a explorar. Macarena notó mi estado de ánimo y me dijo que realmente no hacíamos nada malo, no nos íbamos a llevar nada, solo observaríamos.
Llegamos a las vallas que circundaban la casa. Todo era jardín alrededor. Parecía que a la señora le habían gustado mucho las plantas, sobre todo las flores, de las cuales había varios tipos.

Caminamos por todo el jardín a un lugar extraño. En ese lugar, estaba una piedra roja, de un tamaño enorme, estaban varias flores rodeándola, incluso algunos floreros con plantas secas. Parecía como si a esa piedra sirviera como una especie de altar. Macarena me dijo que ella creía que esa piedra era la que dijo el señor, que de allí salió la bruja.
Yo miré por un rato la piedra, les juro que a partir de un minuto que la vieras, empezabas a ver como si se formaran rostros dentro de ella. Me sentí un poco asustado, aunque intenté hacerme creer que solo era mi imaginación. Le pedí a Macarena que mostrara por donde entraríamos.
Así llegamos hasta una ventana lo suficientemente grande para que cupiéramos de pie, tal como lo dijo ella, el cristal estaba roto. Metió la mano y retiró un seguro, entonces pudimos abrir la ventana. A macarena se le enterró un vidrio en la palma derecha. Se lo retiró y comenzó a sangrar, yo me asusté y le dije que nos fuéramos al hospital, pero ella se negó, se curó sola, con alcohol y unas vendas. Caímos a una sala, contaba con algunos sillones modernos, lo primero que vimos, fue un librero atestado de libros y de figuritas de adorno. Un juego de té de muñecas, algunas botellas de vino sin destapar y varias carpetas de tela. Revisamos los cajones y encontramos lo mismo, muchas figuritas de porcelana, de ese tipo de adornos que encontrarías en la casa de la abuela.
Seguimos caminando hacia un pasillo, cuando escuché perfectamente que uno de los cajones que acabábamos de cerrar, se abría solo. Macarena salió de inmediato a ver qué era lo que estaba ocurriendo. Debo de aceptar que ella era una mujer muy valiente.
La seguí, entonces los dos vimos como los cajones se abrían y cerraban solos. Nos quedamos viendo el uno al otro y sin decir palabra alguna, regresamos al pasillo a seguir explorando.
Nos encontramos en un pasillo muy angosto, en cada lado encontramos más libreros, atestados de libros y revistas viejas. También encontramos una mesita con libros en miniatura. Algo que a mí se me hizo extraño desde que entramos a la casa, es no haber encontrado ninguna figura religiosa, ni siquiera un crucifijo, por lo regular las personas mayores son muy dadas a tener este tipo de adornos por toda la casa.
Llegamos a una habitación llena de cajas. Las revisamos, no encontramos la gran cosa, alguna plancha y trastos que quizás jamás fueron usados. Atravesamos el baño y justo cuando llegamos a la cocina, encontramos excremento de cabra. No vimos que en el lugar hubiera animales, hasta Macarena me dijo que era extraño, que la primera vez que ella exploró la casa y sus alrededores no vio ningún animal.

Seguimos revisando la cocina, cuando de repente empezamos a escuchar un sonido de pisadas de pezuña. Me imaginaba que entraría una cabra en cualquier momento, pero el sonido desapareció.
Caminamos hasta otra habitación, esta parecía pertenecer a los señores, pues contaba con una cama matrimonial y toda su ropa estaba regada por el piso. Revisamos la habitación y en una pared sonó un fuerte golpe, incluso la casa se cimbró. Macarena y yo nos quedamos sorprendidos.
Salimos rápido de la habitación, pensábamos que alguien más estaba en la casa.
Pasábamos junto a otra habitación cerrada, entonces escuchamos una voz rarísima, sonaba como si un animal intentara hablar.
Salimos rápido de la casa, entonces noté que Macarena no dejaba de sangrar, las vendas que se amarró, estaban todas manchadas de sangre. Salimos de la casa y el sol comenzaba a caer en horizonte. Pasamos por un lado de la ventana del cuarto, en él escuchamos los espantosos sonidos. Cometimos el error de asomarnos, yo más por seguir a Macarena, que como les he dicho, era demasiado valiente.
Una cortina tejida, nos permitía ver un poco hacia dentro. Lo que allí había, era de completa locura.
Adentro estaba un ser bailando y dando piruetas, su piel era de color mármol, tenía pezuñas, tanto en las manos como en los pies, pero estaba erguido y su rostro era espantoso, era como el de un ser humano, pero con una expresión que por más que quisiera no lograría explicar, pues no existen palabras que logren dibujar a detalle esos surcos en su piel, esa sonrisa deformada.
Macarena gritó espantada y se alejó del vidrio igual que yo. Caminamos torpemente hacia atrás, hasta que nos tropezamos con las raíces de unas macetas.
Caí de espaldas, lo mismo le ocurrió a ella. Entonces aquel ser comenzó a golpear fuertemente el vidrio de la ventana, mientras producía ese horrible sonido. Me puse de pie por puro instinto, luego le ayudé a ella a ponerse de pie, me dijo que no podía respirar, tenía asma y se sentía muy asustada. Yo le pedí que resistiera, no podíamos seguir en esa casa.
Caminamos hasta cruzar las vallas de la entrada, entonces ayudé a Macarena a accionar su inhalador, después de unos minutos logró respirar bien.

Nos fuimos de inmediato de ese poblado, sin muchas ganas de volver.
Macarena y yo, salimos varias veces, aunque no a realizar exploraciones, pues duramos pasado de un año asustados, aunque ella se obsesionó con esa casa. Investigó mucho sobre el lugar, seguido me decía que eso que vimos, era un ser creado por una bruja, ella le llamaba engendro, según me contaba, ese ser le servía de protección, pero a cambio tenía que alimentarlo con cuerpos de niños muertos, tal cual lo decían las historias que escuchaba cuando era niño.
Yo personalmente prefiero ignorar el origen de ese ser que vimos en la casa, siento que de haber durado más tiempo dentro, habría sido llamado por la sangre de Macarena y quizás nos hubiera atacado, incluso pienso que pudo habernos matado.
He vuelto a hacer exploraciones, pero nunca voy solo y siempre hay un poco de miedo en mí.

 

Autor: Mauricio Farfán

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