La Puerta De Las Almas En Pena

La Puerta De Las Almas En Pena

0
(0)

El cuatro de noviembre del 1996, me quedé de ver en el zócalo de Cuernavaca con mi amigo Juan, eran más o menos las cuatro de la tarde, estábamos aburridos y queríamos hacer algo diferente. Juan me dijo que porque no íbamos a Tepoztlán, él ya había ido varias veces, pero nunca había subido el cerro del Tepozteco, me dijo que tenía muchas ganas de subirlo, se me hizo raro que quisiera ir en ese momento porque ya era tarde y el viaje era de una hora más o menos, pero él insistió y al final acepté; cuando íbamos para la central de autobuses, nos encontramos con nuestra amiga María, nos preguntó que hacíamos y le contamos del viaje, la invitamos y aceptó, nos dijo que antes tenía que avisarle a su mamá, decidimos ir con ella, el hospital donde trabajaba estaba cerca de la estación de autobuses. En el camino pasamos a comprar un rollo para la cámara de Juan, siempre cargaba con ella.

Llegamos a las 5:30 de la tarde, nos dirigimos hacia la falda del cerro queríamos llegar a la pirámide que se encuentra en la cima, cuando íbamos a medio camino, nos encontramos a unas personas y nos dijeron que nos regresáramos, porque la hora de visitas terminaba a las seis de la tarde, pero no les hicimos caso, teníamos muchas ganas de ir, además faltaba poco para llegar, íbamos tomando fotos del paisaje y de nosotros, no encontramos a más personas en el camino, después de un rato por fin llegamos a la entrada de la pirámide, como nos habían dicho estaba cerrada, pero no habíamos llegado tan lejos para eso, comenzamos a buscar la forma de entrar, encontramos una cerca que no tenía púas en la parte de arriba; Juan que era el más aventurero subió primero, cuando estaba por bajar del otro lado un guardia de seguridad lo vio y le gritó que se bajara mientras se dirigía hacia él, asustado, Juan volvió a cruzar la cerca lo más rápido que pudo, cuando llegó al otro lado los tres corrimos asustados y nos perdimos entre la maleza del cerro. Cuando ya estábamos lejos nos reímos de lo ocurrido, nos burlábamos de la cara de Juan al ser descubierto. Eran alrededor de las 7:30 de la tarde, cuando nos dimos cuenta de que no sabíamos en donde estábamos, decidimos ir bajando, pensamos que pronto encontraríamos el sendero, para ese entonces ya había obscurecido totalmente, se me ocurrió hacer una antorcha improvisada con mis calcetines; a pesar de todo seguíamos tomándonos fotos y haciendo bromas, pasó el tiempo y aún no podíamos ver el camino, decidimos guiarnos por las luces de la ciudad que se veían a lo lejos; llegamos a un lugar al que nombramos la puerta del tiempo, eran dos piedras gigantes situadas una frente a la otra con un sendero en el centro, sentíamos una energía extraña que nos dio escalofríos, Juan quería que nos detuviéramos un rato para que pudiera tomar unas fotos, era algo que no se veía todos los días, estuvimos unos diez minutos en el lugar, la antorcha comenzó a apagarse y nos quedamos a obscuras, Juan tomó algunas fotos y nos dimos cuenta de que el flash de su cámara nos podía ayudar a ver mejor en la obscuridad. Para ese momento eran alrededor de las 9:30 o 10 de la noche, aunque la luz de la luna ayudaba, sin el flash era casi imposible ver; lejos de nosotros pudimos ver una flama pequeña, por un momento pensé que podría tratarse de personas acampando, ya que por este lugar era muy común hacerlo, entonces decidimos ir hacía allá, ya llevábamos mucho tiempo perdidos, decidí tomar la delantera, en ese momento la flama desapareció, después nos invadió la idea de que podrían ser brujas, mi abuela me había contado que pueden aparecer en forma de pequeñas bolas de fuego, algo también común en este lugar; mientras avanzábamos platicábamos de varias teorías y a María empezó a darle miedo, de repente se escucharon gritos confusos, al principio no se entendía lo que decían, entonces los tres empezamos a ponernos más y más nerviosos, seguíamos avanzando disparando el flash de la cámara, en esos momentos comencé a distinguir mi nombre entre los gritos, por un momento pensé que era alguien conocido, pero recordé que nadie sabía que estábamos a, sentí miedo y duda por saber quiénes gritaban, al principio pensé que solo yo los escuchaba, pero le pregunté a María y a Juan, me dijeron que ellos también lo escuchaban, así que los tres gritamos preguntando quien era, pensando que sería una persona que podría guiarnos de regreso, la única respuesta que obtuvimos fueron risas, venían de todas las direcciones, se podía distinguir que eran de hombre y mujer, los gritos continuaron; entonces la flama apareció de nuevo y enseguida varias iguales, los gritos mencionaban mi nombre y el de Juan, pero nunca el de María; el flash comenzó a fallar hasta quedarnos totalmente a obscuras, los gritos seguían y seguían, siempre acompañados de risas, intentamos caminar más rápido, pero nos tropezábamos con piedras o caíamos en hoyos, los tres estábamos aturdidos, pero no podíamos hacer nada, no sabíamos cómo hacer que pararan; las risas y las flamas nos acompañaron todo el camino, llegamos a la conclusión que pudieran ser espíritus de almas perdidas en aquel lugar, o incluso chanques; después de varias horas, casi a las faldas del cerro encontramos un sendero que nos llevó a la parte de atrás de la parroquia, a pesar de nuestras dudas avisamos al grupo de rescate autóctono de Tepoztlán pensando que tal vez las voces eran de gente extraviada, aún intentábamos convencernos de que lo que habíamos vivido no era paranormal, los del grupo de rescate nos ofrecieron un café, y un rescatista de unos 65 años se sentó a hablar con nosotros, parecía ser el líder, nos dijo que lo que habíamos vivido no era algo normal, había escuchado algunas historias, nosotros teníamos suerte de haber salido del cerro, nos dijo que algunos se pierden por días o semanas, y otros ya no regresan. Entonces nos dimos cuenta de lo que habíamos vivido, estábamos asustados, solo queríamos volver a casa, contratamos un taxi del lugar; en el trayecto platicamos con el chofer de lo sucedido, nos dijo que las flamas pudieron ser una señal de que en ese lugar había dinero o que era el recinto de almas en pena, sabía de muchas personas que se adentraban en el cerro para seguirlas y obtener el dinero, pero nunca regresaban, le contamos que las voces decían el nombre de Juan y el mío, pero el de María no, entonces nos dijo que María era un alma pura, lo que sea que fuesen esas flamas, jamás la dañarían. Llegamos a Cuernavaca y el taxi nos dejó en casa de María, nos despedimos y ella entró a su casa. Juan y yo empezamos a caminar, y le dije que teníamos las respuestas en la palma de su mano, vio su mano, tenía la cámara.

Al día siguiente nos dirigimos a revelar el rollo de la cámara, pero el encargado de revelar los rollos nos dijo que estaba velado, esto nos resultó muy raro, ya que no habíamos abierto la cámara en ningún momento. Entonces decidimos revelarla nosotros mismos; esa misma tarde nos encontramos con María para decirle lo que íbamos a hacer, la invitamos a acompañarnos y ver lo que había en el rollo, pero se negó, estaba muy asustada, nos dijo que no quería saber lo que contenía, el miedo aún podía verse en sus ojos, así que decidimos dejarla tranquila. Nos dirigimos a la facultad de artes de la UAEM, donde Juan tomaba un curso de fotografía, me dijo que sería difícil que nos dejaran revelarlo ahí por el costo de los materiales, pero que intentaría hablar con su profesor, tal vez podríamos usar el cuarto de revelado y pagar los materiales, no había otro lugar donde pudiéramos hacerlo, en todo caso podrían contarle al profesor lo que había pasado, él sabía mucho de esas cosas. Cuando llegamos Juan me presentó con su profesor, un hombre de unos 75 años, le platicamos lo que había pasado, lleno de curiosidad nos dijo que aceptaba revelarlo, pero que quería ver el resultado, que si la administración nos decía algo él se haría cargo. Juan hizo el proceso de revelado, ya que yo no sabía nada de eso, me limité a pasarle algunos materiales y a hacerlo reír; pasó el día y aún no terminábamos, había comprado el rollo más grande, y que bien que fue así porque gracias a eso pudimos ver más de la mitad del camino; se hizo de noche y llegó la hora de ver los resultados, llamamos al profesor para que las viera con nosotros, la primera imagen que vimos fue una fotografía donde salíamos nosotros tres arriba del cerro, Juan me miró, dijo que no sabía por qué el de los revelados había dicho que el rollo estaba velado si no era verdad, me encogí de hombros y le dije que siguiéramos con el resto, no fueron diferentes a la primera, imágenes del paisaje y de la vegetación que se encontraba en el cerro, así llegamos hasta la décima foto del rollo, esta era en la puerta del tiempo, aparecían María distraída y Juan en medio de las piedras; sin embargo, había algo extraño, cerca de la cabeza de María podía verse un punto de luz parecido a una flama flotando muy cerca de ella, entonces sentí un nudo en el estómago, era real. Seguimos viendo las fotos y aparecían más puntos de luz en diferentes partes, era como si hubiéramos estado rodeados. Casi al terminar el rollo encontramos algo que nos llamó la atención, estaba un poco borrosa, pero en una esquina se podía ver a una pequeña persona, parecía un niño o un duende, entonces Juan y yo nos vimos, volteamos a ver al profesor, quien había estado en silencio todo ese tiempo. Se apartó mientras nos explicaba que los chaneques suelen presentarse como pequeñas personas o niños, solo hacen travesuras, seguramente por eso habíamos estado perdidos tanto tiempo y nos costó tanto encontrar el camino de regreso y respecto a los puntos de luz, solo había una explicación, la puerta del tiempo, como nosotros la llamábamos, en realidad era la puerta de las almas en pena, era muy difícil encontrarla a menos que estuviéramos siendo guiados; los chaneques nos habían guiado para jugarnos una broma. Entonces habíamos sido perseguidos por almas en pena, pero no entendíamos por qué no nos habían hecho nada, entonces el profesor nos dijo que habíamos tenido mucha suerte en invitar a María, era un alma pura y sin ella, seguramente nunca hubiéramos regresado.

Al día siguiente quisimos enseñarle las fotos a María, pero todas las que tenían evidencias estaban arruinadas, el papel estaba manchado justo en donde se podían ver los puntos de luz y el chaneque. Éramos testigos de que las historias eran ciertas, pero sin las pruebas no nos serviría de nada.

 

Autor: Mariana Peregrina

Derechos Reservados

¿Te ha gustado esta historia?

¡Haz clic en una estrella para puntuar!

Promedio de puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar esta historia.

REDE
Author: REDE

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.