La Llorona De Azul Celeste Historia de Terror

La Llorona De Azul Celeste Historia de Terror

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Hay una vieja historia que cuenta que durante los primeros de la Nueva España hubo una hermosa mujer indígena, de un nombre peculiar, que se enamoró profundamente de un español La Llorona De Azul Celeste Historia de Terror.

Su amorío progresó y floreció, inclusive tuvieron tres hijos. Todo parecía ir bien hasta que ella descubrió que el hombre que ella amaba tenía planeado casarse con una española, tras saberse descubierto él simplemente la abandonó.

Ella quedó destrozada, la inmensa tristeza que sentía se convirtió en rencor, ira, y odio. Estaba totalmente enloquecida y fuera de sí. Sufrió un ataque de desesperación y coraje, así que llevó a sus tres hijos al río y los ahogó de una forma vil y despiadada. Estaba cegada y no tenía control sobre sus impulsos.

Cuando se dio cuenta de lo que había hecho se quebró y murió de tristeza. Hay quien dice que el espíritu de aquella hermosa mujer indígena vaga sin rumbo hasta que se encuentra a un huérfano e intenta protegerlo, aunque también hay quien dice que anda en busca de niños para ahogarlos de la misma forma que lo hizo con sus propios hijos.

Yo escuché esa historia por primera vez cuando era muy niño, mi madre siempre me asustaba con que si íbamos a jugar al río la llorona podría atraparnos.

Entre los mismos vecinos se contaban cosas sobre la llorona, algunos decían que la habían visto y otros decían que la habían escuchado. Así pasaron 10 años hasta que un día comencé a tener una serie de encuentros con la llorona, jamás me imaginé cómo terminaría esta historia.

Todo empezó una mañana cualquiera del mes de noviembre, mi madre y yo habíamos ido a la misa de las 6 de la mañana, cuando terminó la misa apenas estaba saliendo el Sol. Siempre somos los últimos en salir pues a mi madre le gusta quedarse a rezar un poco. Estaba ayudando a mi madre a bajar las escaleras cuando de reojo pude ver a una mujer con un largo vestido de color azul, pero era un azul bastante claro, azul celeste casi blanco.

La mujer también llevaba la cabeza cubierta con una tela del mismo color del vestido. No alcancé a ver bien, pero creo que la mujer llevaba en las manos una rosa roja.

Cuando me giré para poder ver la mujer ya no estaba, eso me pareció extraño, pero lo dejé pasar pues si me distraía mucho podría tirar a mi madre, en ese entonces ya era una mujer mayor.

Un detalle importante es que la iglesia está más o menos cerca del río, el cementerio también está por ahí.

Al día siguiente mis amigos y yo andábamos dando la vuelta por las orillas del pueblo, hay una zona donde en verano crecen azucenas rojas, pero para noviembre ya las vendieron casi todas y las pocas que quedan ya están prácticamente marchitas, así que cuando pude ver que una de esas flores aún estaba en su máximo esplendor me asombré.

Se me ocurrió llevársela a mi madre así que caminé para tomarla, me incliné para arrancarla con todo y tallo, cuando me iba a levantar vi un vestido azul celeste muy claro que pasó frente a mí.

Inmediatamente, me levanté, pero no había nada. Lo primero que me pasó por la mente fue que se trataba de la mujer que había visto al salir de la iglesia, pero era una idea absurda.

Luego de terminar el paseo con mis amigos volví a casa con mi madre. Fui a su cuarto y le entregué la flor, le gustó mucho. Después fui al refrigerador para sacar un refresco en una botella de vidrio y me fui a mi cuarto.

Una de las ventanas de mi cuarto tiene vista al patio. En la pared opuesta de la ventana tengo un ropero que en una de sus puertas tiene un espejo grande.

Cuando me terminé el refresco fui al ropero para tomar ropa porque me iba a meter a bañar. Agarré lo primero que encontré y cuando cerré la puerta del ropero por el espejo pude ver que afuera de la ventana estaba parada una mujer con un vestido color celeste y la cabeza cubierta. Me asusté y me giré lanzando la botella de vidrio contra la ventana.

No había nadie afuera. Mi madre llegó apurada en cuanto escuchó que se había quebrado la ventana de mi cuarto. No quería decirle que estaba viendo a una mujer así que le inventé que había una araña bastante grande y que por eso había lanzado la botella de vidrio.

Llegó la hora de la cena. Mi madre quería pan dulce así que salí a la panadería mientras ella preparaba un poco de atole. La noche estaba bastante quieta, a decir verdad, había poca gente en la calle, eso se me hizo raro pues no era tan tarde. Llegué a la panadería en menos de 10 minutos caminando, tomé un par de cuernitos y tres conchas. Luego caminé de vuelta a mi casa.

Ya estaba a pocos metros de la puerta de mi casa cuando comenzó a hacer un frío horrible, el viento comenzó a azotar con furia, el cielo comenzó a tronar y una fuerte lluvia cayó de pronto.

Sentí una mirada y volteé solo para ver a lo lejos a la mujer del vestido celeste, estaba como a 10 metros, solo estaba ahí parada bajo la lluvia, mirándome.

Entonces salió mi madre y me tapó con su rebozo. Luego entramos a la casa. Yo me estaba muriendo de frío así que me quedé tapado con el rebozo de mi madre mientras me servía el atole caliente. En cuanto le di el primer sorbo dejé de temblar y poco a poco se me quitó el frío.

Pudimos cenar tranquilamente. Platicamos de cuando yo era pequeño, de las travesuras que hacía, mi madre también me contó algunas cosas de mi fallecido padre, fue una plática muy agradable. Por eso mismo no le quise decir nada sobre la mujer, eso hubiera arruinado la cena.

Mi madre murió esa noche. No sufrió. Le dio un infarto mientras dormía. Ella era lo último que me quedaba así que yo me sentía terriblemente mal, lo único que me daba un poco de consuelo es que los últimos momentos que pasé con ella, esa cena, fue algo maravilloso.

El velorio en la iglesia fue un momento difícil. Mis amigos me acompañaron, también algunas personas del pueblo que apreciaban a mi madre.

Por momentos sentía que no podía más con la situación así que decidí ir a lavarme la cara. Me quedé en el baño unos minutos, mirándome en el espejo mientras recordaba el rostro de mi madre.

Cuanto estuve más tranquilo caminé de regreso a la iglesia. Me acerqué al ataúd de mi madre y encontré una rosa roja, esa flor no estaba ahí cuando salí al baño. Le pregunté a uno de mis amigos si alguien se había acercado al ataúd, pero me dijo que no había visto a nadie.

Por alguna razón sentí la necesidad de voltear hacia la entrada y alcancé a ver la cola de un largo vestido color celeste dar vuelta afuera de la iglesia.

Por más extraño que pueda parecer, en ningún momento pensé que esa mujer estuviera relacionada con la muerte de mi madre.

Llegó el terrible momento de enterrar a mi madre en campo santo. Lloré mucho, de la única forma en que un hijo puede llorar a su madre.

Pasaron los minutos, y después las horas, todos se iban yendo mientras yo me quedaba ahí parado frente a la tumba de mi madre.

No tengo idea de cuánto tiempo pasó, pero cuando me di cuenta estaba chispeando. Al levantar la mirada ahí estaba la mujer del largo vestido celeste.

Se dio la vuelta y comenzó a caminar despacio. Me decidí a seguirla, de lejos claro. Noté que ya no llevaba la rosa roja consigo. Eso significaba que la había dejado sobre el féretro de mi madre.

Salimos del panteón y caminamos rumbo a la iglesia, por un instante creí que íbamos a entrar al templo, pero nos pasamos de largo.

Había personas en la calle, podía verlas, pero al parecer ellos no nos veían ni a la mujer del vestido celeste ni a mí.

Seguimos caminando y tras cruzar una calle empedrada llegamos a la orilla del río.

Mientras la seguía, de un momento a otro, el agua del río comenzó a emanar un ligero vapor, era cálido, olía a flores, era tranquilizante.

Finalmente, llegamos a un gran árbol, bastante frondoso. Me distraje contemplando el árbol, jamás lo había visto antes, no tenía idea de dónde estaba. Cuando reaccioné la mujer del vestido celeste ya no estaba.

Lo que pasó después no puedo explicarlo, tal vez no tenga sentido para quien escuche mi historia. Pero estoy convencido de que escuché la voz de mi madre provenir de aquel árbol.

El vapor del río comenzó a disiparse y el árbol desapareció. No sé qué fue lo que pasó. No pienso que la llorona ande en busca de niños para ahogar, lo que yo creo es que aquella mujer en verdad se arrepintió por haber lastimado a sus hijos y ahora intenta dar consuelo a quienes perdemos a nuestra madre, por eso se me comenzó a aparecer, la llorona ya sabía que mi madre iba a morir, tal vez intentó advertirme, no lo sé. Lo único que tengo seguro es que poder escuchar la voz de mi madre por última vez me trajo paz y es por eso que desde entonces pido cada noche por el descanso del espíritu de La Llorona.

 

Autor: Ramiro Contreras

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Author: REDE

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