El Bosque Del Nahual Y Su Secta Historia de Terror

El Bosque Del Nahual Y Su Secta Historia de Terror

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Muchas de las antiguas civilizaciones de todo el mundo decían que sus dioses podían convertirse en animales, o que eran mitad bestia. Esto se puede apreciar en culturas como la hindú, la egipcia, la nórdica, y la azteca El Bosque Del Nahual Y Su Secta Historia de Terror.

¿Les suena de algo?, así es, esa es la descripción típica de un Nahual. No tengo idea de cómo fue que estos seres pasaron de ser adorados en la antigüedad a ser temidos en nuestros tiempos.

Creo que todos hemos oído que los Nahuales son brujos, chamanes o algo que se le parezca. Otra cosa que se dice de los Nahuales es que solo se les puede ver de noche, porque es cuando salen a alimentarse del alma de algún pobre despistado. La gente cuenta que uno podría ver un Nahual y no darse cuenta, que se pueden confundir con un animal doméstico, es decir, que tu gato podría ser un Nahual.

En fin, lo único que es seguro es que los Nahuales son criaturas muy misteriosas y peligrosas. Yo quiero contarles mi experiencia con estos seres.

Mi nombre es Isaac y soy mexicano, me considero una persona intrépida, ya que desde chico siempre me gustaron las emociones fuertes, y a pesar de que he sufrido muchos accidentes nunca me detengo, recuerdo que el primer accidente fuerte lo tuve en la primaria, se me ocurrió subirme al árbol más grande de la escuela, resbalé, y en mi intento por sujetarme terminé perforándome una mano con uno de los troncos del árbol.

Un detalle curioso sobre mi persona que me gusta contar cada que puedo es que tengo una relación un tanto extraña con los cuervos, me incomodan, no me asustan, pero me hacen sentir extraño, aun así, siempre que veo uno intento agarrarlo, y no tengo idea de por qué.

Otra cosa, que siempre presumo, es que entiendo el latín, no como un experto, pero si escucho algo puedo al menos darme una idea de qué se trata.

Me gusta mucho viajar, comencé a hacerlo cuando tenía 16 años, conozco la zona del silencio, también conozco Catemaco, visité ciudades del norte y del sur del país, y en cada ciudad en la que estuve me encontré con un cuervo.

En el 2015, con 20 años, realicé mi primer viaje fuera del país, era un tour por 3 países, primero fui a Argentina. Ahí conocí al que es mi mejor amigo, Felipe. La manera en que nos conocimos es un tanto peculiar. Yo, como siempre, quería atrapar un cuervo, una tarea complicada, cuando estaba por rendirme llegó Felipe y me ayudó a capturarlo. Me hizo algunas fotos con el ave. Le invité una cerveza y nos volvimos los mejores amigos, a tal punto que decidió acompañarme el resto de mi viaje.

Al terminar el tour se había formado un grupo de amigos: Gaspar de Chile, Víctor de Perú, mi mejor amigo Felipe, y yo.

Mantuvimos nuestra amistad por redes sociales. Cuatro años después, luego de que todos tuviéramos suficientes ahorros, organizamos un viaje a un bosque montañoso ubicado del otro lado del mundo. Elegimos ese bosque, ya que era el menos turístico debido a su difícil exploración y a que se decía que por año se perdía una cantidad considerable de personas dentro de ese bosque.

Las leyendas locales hablaban sobre un antiguo dios, un dios oscuro, un dios del infierno, un ser que podía tomar la forma de un hombre y de un puma. Decían que este malvado ser habitaba en las profundidades del bosque.

Nosotros llegamos a la zona un día jueves. Nos hospedamos en un pequeño hotel. Recuerdo que preguntamos a la recepcionista sobre aquel bosque. Nos dijo que se creía que ese lugar llevaba maldito, miles de años. Nadie se atrevía a entrar, solo los extranjeros. Notamos que había algo que la chica no nos estaba diciendo. Felipe le insistió. La recepcionista nos dijo que se decía que dentro del bosque había una puerta al infierno, que era por esa puerta que aquel dios oscuro llegaba al bosque. Nos dijo una última cosa, pero antes de hacerlo volteó para asegurarse que nadie más fuera a escuchar, bajó un poco la voz y nos dijo que una secta satánica se reunía en aquel bosque para realizar sus misas negras.

Le agradecimos la información y procedimos a irnos a descansar a nuestras respectivas habitaciones. Antes de dormir pude ver un cuervo parado afuera de mi ventana, como dije antes, siempre que viajo me encuentro con un cuervo, pero este cuervo era diferente, tenía los ojos rojos. Me acerqué a la ventana y cerré la cortina, opté ignorar aquel extraño animal y decidí dormirme

La mañana siguiente, el primer viernes de marzo de 2019 llegamos a la entrada de ese bosque.

Comenzamos la exploración temprano por la mañana. Hay un sendero que conforme se adentra en el bosque se ramifica, siempre hay un letrero que te indica cuán complicado o sencillo es la ramificación a la que estás por elegir.

Comenzamos a caminar yéndonos por el camino principal sin tomar ramificaciones, queríamos adentrarnos bien en el bosque antes de buscar rutas complicadas.

Íbamos conversando sobre el paisaje, la vista era embriagante y el aire relajante. El sendero seguía un río, y el sonido del agua chocando contra las piedras transmitía una paz indescriptible.

Luego de un rato nos encontramos con un animal cornudo, parecía una gacela, pero la verdad es que no tengo idea de qué era. Intentamos acercarnos para acariciarlo, pero huyó. Fue entonces que Víctor nos contó una historia de su país.

Dijo que en Perú hay un lugar de ruinas arqueológicas, nos contó que en ese lugar hay una roca que tiene la forma de la cabeza de un toro, dijo que durante las noches de luna llena se puede ver una extraña criatura con cabeza de toro deambular por las ruinas, Víctor dice estar seguro de que esa criatura es la roca que cobra vida durante las noches de luna llena.

Cuando Víctor terminó de contar su historia llegamos a una división de camino. A pocos metros del camino de la derecha vimos una cruz, sabíamos que eso significaba que ahí había muerto alguien. La curiosidad nos hizo acercarnos para ver si había algún escrito sobre el muerto. Descubrimos, por una vieja fotografía clavada en la cruz, que ahí habían encontrado los restos de un niño y fue su padre quien colocó la cruz con un extraño mensaje que decía: cuidado con el cuervo, cuidado con los perros, pero, sobre todo, cuidado con el puma.

Por alguna razón ese escrito me causó escalofríos. Optamos por mejor tomar el otro sendero, claramente era más seguro, sí, estábamos buscando emociones fuertes, pero no habíamos ido a ese bosque para morir.

Mientras nos alejábamos de la cruz, mis amigos y yo veníamos discutiendo sobre el posible significado del mensaje, pero claramente no llegamos a ninguna respuesta. Entonces Gaspar decidió contarnos una historia.

La historia de Gaspar era precisamente sobre un niño, este niño dijo había sido secuestrado, torturado y esclavizado por las brujas. Gaspar nos dijo que el niño quedó convertido en una criatura grotesca, con la cabeza torcida hacia atrás y una pierna dislocada de forma grotesca. Dijo que esa criatura sale por las noches a buscar niños para comer.

Eran las ocho de la mañana cuando llegamos a la entrada de lo que parecía ser una especie de mina o cueva. La delgada cadena que pretendía impedir el paso no hizo otra cosa que impulsarnos para entrar en el húmedo lugar.

Por suerte llevábamos linternas así que no teníamos ninguna excusa para decir que no. Mi mejor amigo, Felipe, era el que estaba más emocionado, iba al frente.

Tras caminar por algunos minutos sin encontrar nada interesante estábamos a punto de dar la vuelta. Pero entonces Felipe, que se había alejado unos nos gritó, había encontrado algo y quería que lo viéramos.

Eran unos dibujos rojos en el suelo. No se podía apreciar completo porque eran grandes los dibujos así que entre los 4 alumbramos todo para descubrir que era exactamente lo que había ahí.

Era una estrella de 6 puntas con 6 runas rodeándolo y 6 cruces invertidas en el centro. Era la cosa más extraña que yo había visto. Alumbramos los alrededores en busca de alguna otra cosa que le diera contexto a ese dibujo claramente satánico, pero no vimos nada. Queríamos seguir avanzando, pero sabíamos que era peligroso, además no teníamos idea de cuan profunda era la cueva. Felipe se agachó para tomar una roca y la lanzó con todas sus fuerzas hacia el interior. Entonces escuchamos como la roca golpeó contra algo, era metálico. Los cuatro nos miramos sorprendidos.

Nos seguimos adentrando en la cueva, cada vez se estaba haciendo más estrecha, entonces llegamos a una puerta. Se veía bastante vieja y se había oxidado de tal forma que le habían aparecido manchas que parecían las escamas de una serpiente.

Decidimos que era suficiente. Salimos corriendo de ese húmedo y misterioso lugar.

Continuamos por el sendero alejándonos de la cueva. Entonces Felipe, al igual que Víctor y Gaspar, decidió contarnos una historia.

Su historia era sobre un Nahual, un hombre que podía convertirse en un monstruo con características de anaconda. Este ser vigilaba la entrada a una cueva abundante en oro. Felipe nos contó que en una ocasión la criatura fue capturada por algunos hombres. Y que la criatura, serpiente al fin, los engañó para poder liberarse de sus captores y poder escapar.

Justo cuando mi mejor amigo terminó de contar su historia, una serpiente cayó de los árboles, cayó justo frente a nosotros, Víctor se asustó mucho y en su intento por retroceder se tropezó con una roca, cayó y rodó hasta terminar sobre hierba alta.

La serpiente se alejó y nosotros vimos como Víctor se levantaba con la cara pálida, había visto algo que lo aterró. Se acercó a nosotros en silencio y le preguntamos qué había visto. Nos juró que entre la hierba pudo ver una pequeña criatura con una cara demoníaca que le sonrió de forma macabra antes de salir corriendo.

Víctor quería salir de ese bosque. La verdad es que todos estábamos un poco nerviosos, pero lo tranquilizamos para poder continuar adentrándonos en ese bosque.

Hasta ese momento yo iba al frente, pero decidí irme al centro con Víctor, Felipe tomó la delantera y Gaspar se fue atrás.

Mientras caminábamos yo no podía dejar de pensar en la criatura que Víctor dijo haber visto. Entonces recordé una historia que era muy conocida en mi ciudad, Víctor seguía algo asustado, pero si ellos tres ya habían contado una historia, ahora era mi turno.

Así que les conté sobre los Aluxes. Se dice que esas criaturas miden como medio metro, que suelen habitar en los bosques. También se dice que estos pequeños seres tienen una extraña sonrisa y que su piel es del color del barro. La gente cuenta que estos seres están al servicio de Lucifer y que cuando se aparecen es porque algún ser proveniente de las profundidades del infierno está cerca.

Tal vez la historia fue demasiado para mis amigos porque les causó una sensación tan incómoda que los tres dijeron que mejor había que regresar.

Les aseguro que teníamos toda la intención de largarnos de ahí. Quizá jamás debimos haber entrado en ese misterioso lugar, el punto era que el ambiente ya estaba demasiado incómodo.

Nos dimos la vuelta y entonces vimos a una mujer vestida de negro parada a lo lejos. No podíamos verle el rostro, pero estábamos conscientes de que nos estaba observando porque tenía dos brillantes puntos rojos que les puedo asegurar que eran sus ojos. Su ropa estaba desarreglada, como el pelaje de un gato sale del agua y trata de secarse.

El pánico se apoderó de nosotros, no sabíamos si nos había estado siguiendo o si había aparecido de pronto. Pero nos quedó bastante claro que no era una persona, al menos no una común y corriente. No fue difícil entender que su intención era no dejarnos salir del bosque. En ese momento no lo pensé, pero ahora les puedo asegurar que esa mujer era el cuervo que había estado en mi ventana la noche anterior, los ojos rojos tenían la misma intensidad.

Aquella mujer de negro comenzó a avanzar hacia nosotros. Su cabello largo y negro le cubría el rostro, menos sus aterradores ojos rojos, tenía la piel gris y unas uñas gruesas y largas. No podíamos verle los pies, de hecho, creo que no tenía pies, notamos estaba levitando muy despacio.

Hacía un ruido bastante tenebroso, era como si estuviera cantando. De una forma muy retorcida parecía una canción de cuna. Ahora que recuerdo aquel horrible sonido podría describirlo como el ruido que una puerta vieja de madera hace al abrirse luego de haberse mojado por la lluvia. Pero mientras cantaba también se reía, era como una carcajada muy tenue pero ahí estaba. Parecía que esa mujer tenía dos voces.

Los cuatro estábamos paralizados del miedo. Sentía mis pupilas tan dilatadas que creí que me iban a reventar, también sentía un nudo en la garganta, quería gritar con todas mis fuerzas, pero no podía hacer absolutamente nada, era como si alguna fuerza o un ser invisible me estuviera sujetando de brazos y piernas. En alguna ocasión fui detenido por la policía, y la sensación que tenía en ese momento era la misma que se siente cuando te ponen las esposas.

De pronto la mujer pegó un grito tan fuerte que nos hizo reaccionar y dar la vuelta para correr con todas nuestras fuerzas. Corrimos y corrimos adentrándonos cada vez más en el bosque. Estuvimos tomando diferentes veredas sin prestar mucha atención.

Dejamos de correr cuando Gaspar cayó de rodillas completamente agotado. Nos acercamos a él y también nos tumbamos sobre la tierra. Yo miré al cielo y me di cuenta de que ya era medio día. Habíamos corrido sin parar por horas y para nuestra desgracia estábamos completamente perdidos a mitad del bosque.

Definitivamente no queríamos regresar. Habíamos encontrado una cruz, unos dibujos satánicos y no sabíamos si la mujer de blanco era un fantasma o algo peor.

El camino que teníamos al frente era largo y la única esperanza que teníamos de salir del bosque era rodear todo el bosque para llegar a la ciudad que se ubica a las faldas de la montaña.

El problema era que, como dije, estábamos perdidos así que no teníamos ni idea de hacia dónde estaba la montaña. Nuestra única opción era seguir caminando y rezar para encontrar la salida. Así que nos pusimos en pie y avanzamos.

Caminamos durante una hora por la misma vereda sin tomar ninguna desviación. De pronto, en medio de los árboles logramos ver una cabaña. Nos detuvimos en seco pensando que ahí podría ver alguna otra cosa.

Observamos bien y notamos que cerca de la cabaña había un hombre sentado sobre un tronco. No hacía nada, solo estaba ahí, mirando hacia la cabaña. Pensamos que seguramente ese señor vivía ahí. Se veía normal. Temerosos, nos acercamos desando que no se tratara de un fantasma o algo peor.

Por suerte era un tipo normal, un señor de unos 50 años o algo así. Nos preguntó por qué estábamos tan profundo en el bosque. Le dijimos que nos habíamos perdido. Él se sorprendió un poco y nos dijo que para llegar al lugar en el que estábamos tuvimos que haber pasado por varias veredas que estaban marcadas con un rotundo: NO PASAR.

Le contamos que algo nos había asustado y que por eso habíamos corrido sin prestar atención. El hombre suspiró y nos invitó a pasar a su cabaña para tomar un té que nos ayudara a tranquilizarnos.

El señor se veía tan sereno que, no sé mis amigos, pero yo me sentí un poco más tranquilo.

Ya dentro el hombre nos dio instrucciones de dónde estaban los ingredientes y cómo preparar el té. Ese sujeto en ningún momento sacó las manos de su chamarra. Víctor se molestó por la actitud del señor, se podía notar en su cara, yo me acerqué a él y le di un ligero golpe, quería darle a entender que este señor nos estaba ayudando así que lo menos que podíamos hacer era ponerle una buena cara.

Los cinco nos sentamos alrededor de la mesa. El hombre nos preguntó sobre qué nos había asustado tanto como para correr hasta perdernos. Mis amigos y yo nos miramos sin saber si contarle o no. Entonces Felipe le dijo que habíamos visto a una mujer de blanco.

El señor sonrió un poco mientras negaba con la cabeza. Luego nos dijo: así que entraron a la cueva.

Todos estábamos sorprendidos. Le preguntamos qué tenía que ver la mujer con esa cueva. El hombre guardó silencio un momento. La tensión podía sentirse en el ambiente. Entonces nos dijo que él nos llevaría a la salida del bosque, pero que teníamos que llegar antes del anochecer así que teníamos que irnos ya porque faltaban 6 horas para la puesta de sol.

Dejamos el té a medio tomar y salimos de prisa siguiendo al hombre. Mientras caminábamos, Víctor le preguntó si sabía qué le había pasado al niño cuya cruz encontramos por la mañana. Con una voz fría nos respondió que el bosque se lo había comido, que lo único que quedó de él fueron sus manos.

Estábamos, de nuevo, comenzando a ponernos nerviosos. Yo quería hacerle más preguntas y estoy seguro de que mis amigos querían hacer lo mismo, la cuestión era que no estábamos seguro de querer escuchar las respuestas que el señor nos iba a dar.

Luego de un buen rato me animé a hacerle una pregunta. Quería saber si en ese bosque abundaban los cuervos, a lo que el señor me respondió que de hecho no había ni un solo cuervo, o al menos no debería haber ninguno. Su respuesta me intrigó un poco así que quería hacerle otra pregunta, pero el hombre se me adelantó y me dijo que tampoco había perros en ese bosque.

Comenzamos a adentrarnos en terreno elevado, nos estábamos acercando a la montaña, una buena señal, pensé. El camino era muy rocoso y resbaloso, los sonidos del bosque me estaban poniendo incómodo. Además, a lo lejos podíamos ver una ligera niebla a la que íbamos a tener que entrar.

Gaspar se animó a preguntarle al señor por qué vivía en ese bosque. El hombre, que todavía no había sacado las manos de su chamarra, respondió que hace muchos años había venido de paseo y que el alma del bosque ya no lo dejó salir.

Las cosas que nos decía el señor eran cada vez más tenebrosas, no sabíamos si nos quería asustar o si estaba hablando en serio.

Cuando estábamos a un par de metros de la niebla el señor se paró en seco. Se giró hacia nosotros y nos dijo que si en verdad queríamos salir del bosque debíamos permanecer juntos en todo momento. Dijo que lo que había dentro de la niebla había salido de las profundidades del infierno. Entonces el hombre estiró los brazos y nos mostró que no tenía manos, sin dejar de mirarnos comenzó a caminar hacia atrás y se perdió en la niebla.

Nos dimos la vuelta decididos a correr. Pero entonces vimos que un grupo de gente encapuchada venía caminando en nuestra dirección, eran demasiados, traían antorchas y creo que estaban rezando. Al frente de ellos venía una persona con una máscara de un macho cabrío.

A nuestros costados solo había árboles, no teníamos a dónde ir, teníamos que entrar a la niebla. Así lo hicimos. Por suerte la niebla nos permitía ver algunos metros por delante así que pudimos ir a paso veloz. Las rocas que estaban sobre la tierra estaban húmedas por la niebla así que no nos sorprendió cuando Felipe resbaló y cayó de espaldas.

Nos detuvimos para ayudarlo a levantarse, ya no escuchábamos los rezos de los encapuchados así que aprovechamos para tratar de pensar en qué íbamos a hacer, estábamos tan agitados que no habíamos notado que frente a nosotros había un gran árbol.

El tronco era negro, ninguno de nosotros había visto una cosa así, nos acercamos, teníamos miedo, pero había algo en el árbol que nos hacía acercarnos. Sentimos la necesidad de tocar su corteza, era suave, pero de una forma extraña, además estaba frío, congelado. Entonces yo volteé hacia arriba esperando ver hojas, pero lo que me encontré fue la cosa más perturbadora que jamás había visto. Manos, las ramas del árbol estaban completamente secas, pero esas ramas secas estaban adornadas con manos, con muchas manos, cientos de manos, colgadas con cadenas. Ese árbol definitivamente había salido del rincón más oscuro del infierno, tal como nos había dicho aquel señor que no tenía manos.

Mis amigos, al ver mi cara de horro también miraron hacia arriba para descubrir aquella perturbadora escena. Entramos en desesperación, buscamos un sendero para correr, para largarnos de ahí, pero el camino que habíamos estado siguiendo terminaba en ese satánico árbol. Para empeorar el escenario escuchamos los rezos de nuevo, los encapuchados se estaban acercando.

Supimos que nos tendríamos que adentrar en los árboles, sin camino y sin tener ni la más mínima idea de a dónde debíamos ir, pero si no lo hacíamos íbamos a morir.

Y como dije, no habíamos ido a ese bosque a morir.

Buscamos rápido un espacio por el cual pudiéramos avanzar y comenzamos a alejarnos del árbol de las manos colgantes.

Íbamos con mucho cuidado, aún seguíamos dentro de la niebla.

Víctor estaba llorando, yo estaba rezando, Felipe y Gaspar se estaban esforzando mucho para no quebrarse.

Anduvimos sin rumbo quizá por una hora o dos, la verdad es que para este punto ya habíamos perdido la noción del tiempo. Entonces llegamos a una zona donde los árboles estaban partidos por la mitad, como si hubieran talado. Eso nos dio más visibilidad, notamos que en cierta dirección había una zona despejada así que nos dirigimos hacia allá. Fue un grave error. En esa zona era una fosa llena de cadáveres, habían sido mordidos por algún animal de grandes colmillos, y todos los cuerpos estaban sin manos. Gaspar vomitó, pero no fue por el olor, porque por alguna razón no olía mal, tampoco había gusanos ni moscas. Lo único que había era un cuervo.

Era ciertamente más grande que aquel cuervo que Felipe me había ayudado a capturar el día que nos conocimos. Lo más extraño de ese cuervo eran sus ojos rojos, brillaban con una intensidad que hasta parecía que emanaban calor.

Víctor no pudo más y comenzó a gritar que estábamos perdidos, que no lograríamos salir del bosque, que terminaríamos muertos, gritaba con desesperación mientras se jalaba el cabello.

Nos estábamos poniendo más nerviosos de lo que de por sí ya estábamos.

Entre los tres hicimos que dejara de gritar, le dijimos que si no se callaba el grupo de encapuchados nos iba a encontrar.

Miramos en todas direcciones pensando hacia dónde ir, pero a cualquier dirección que volteáramos veíamos árboles y más árboles, estábamos tan desorientados que ni siquiera sabíamos por dónde habíamos llegado. No queríamos regresar y encontrarnos con el árbol de las manos o peor aún, con los encapuchados.

En ese momento nuestras plegarias parecieron surtir efecto, la niebla se fue. Pudimos ver la montaña así que fuimos en esa dirección. Miré al cielo para descubrir que por desgracia la posición del sol indicaba que ya eran las 6 de la tarde. El tiempo había volado dentro de la niebla.

Pronto comenzaría a oscurecer, pero ya no teníamos fuerza para correr, decidimos continuar al menos unos 6 kilómetros antes de tomar un descanso para comer y así recuperar fuerzas.

Por alguna razón se me ocurrió voltear y me di cuenta de que el cuervo de los ojos rojos nos estaba siguiendo, venía lejos, pero estaba claro que nos estaba siguiendo. Opté por no decirle nada a mis amigos, apenas se estaban calmando.

Caminamos los dos kilómetros que habíamos acordado y nos sentamos en la tierra para estirar las piernas, comimos y bebimos teniendo cuidado de no llenarnos demasiado porque íbamos a correr y la oscuridad estaba comenzando a apoderarse del bosque.

Yo estaba sentado viendo hacia la dirección de la que veníamos, el cuervo se había parado sobre una roca que estaba a algunos metros de nosotros.

Estábamos listos. Guardamos las cosas y nos pusimos de pie. Posiblemente, teníamos veinte, máximo treinta minutos de luz. Así que comenzamos a correr lo más rápido que podíamos.

Nos golpeamos con ramas, nos cortamos, caímos varias veces, se rasgó nuestra ropa, pero seguimos y seguimos, corrimos, nuestra vida dependía de ello. No queríamos descubrir qué otros horrores albergaba ese infernal bosque.

Quizá llevábamos quince minutos corriendo cuando el cuervo se abalanzó sobre mi mochila, me asusté tanto que solté la mochila, todos corrimos con más fuerza, entonces, como era de esperarse, alguien tropezó, fue mi mejor amigo, el problema fue que cayó sobre una pendiente.

Lo perdimos de vista entre los árboles, había caído al menos cinco metros, claramente no lo íbamos a dejar ahí, los tres bajamos la pendiente con el mayor cuidado posible, aunque igual terminamos resbalando. Afortunadamente, lo encontramos, estaba bien, solo se había roto su mochila así que ahí la dejamos tirada.

Nos abrazamos, yo por un segundo en verdad creí que había perdido a mi mejor amigo.

Comenzamos a caminar buscando por donde subir, ya que no podíamos ver la montaña y nos quedaban pocos minutos de luz, si no lográbamos ubicar de nuevo la montaña estaríamos condenados a vagar toda la noche sin rumbo.

Por desgracia la luz se fue y con ella nuestra esperanza de salir de ahí. Lo único que nos alumbraba escasamente era la luna y, claro, la luz roja que salía de los ojos del cuervo.

En ese momento me arrepentí de haber viajado hasta ese bosque. Seguimos caminando, despacio, sabiendo que ese maldito cuervo nos seguía, resignados a pasar la noche caminando.

El viento comenzó a soplar de una forma horripilante, sonaba como si estuviera llorando, era un chirrido espeluznante, creo que eran los lamentos de todos esos cadáveres cuyas manos habían sido colgadas del árbol negro.

Ya habíamos caminado como una hora cuando nos encontramos con la mochila rota de Felipe, no había ninguna duda que era esa. No podíamos creerlo habíamos vuelto al mismo lugar.

El pánico nuevamente se apoderó de nosotros. Volvimos a caminar, no podía pasarnos dos veces. Una hora después llegamos de nuevo con la mochila. ¿Cómo podía ser eso posible?

De pronto escuchamos que algo se arrastró, volteamos de golpe, lo que estábamos viendo no tenía ningún sentido, un árbol se movió de lugar. Pensamos que quizá estábamos alucinando por el miedo, el sueño y el cansancio. Pero entonces vimos como otro árbol se movió, solo un poco, unos centímetros. Eso explicaba por qué estábamos dando vueltas en círculos. El bosque se movía para que no pudiéramos salir.

Entonces el cuervo emitió un sonido escabroso, definitivamente no sonaba como se supone que debería, más bien ese ruido pareció una carcajada, una siniestra carcajada.

Comenzamos a notar como de entre los árboles comenzaron a asomarse unas pequeñas criaturas. Sabíamos que eran aquello que Víctor nos dijo haber visto.

En ese momento el cuervo se abalanzó sobre nosotros intentando picotearnos. Corrimos mientras el maldito cuervo de los ojos rojos nos atacaba. Escuchábamos como se reía de nosotros. Podíamos ver que las pequeñas criaturas se asomaban para ver como en cuervo nos picoteaba la espalda.

Entonces escuchamos los rezos. Nos paramos en seco, el cuervo hizo lo mismo y luego se alejó volando. Las pequeñas criaturas volvieron a esconderse entre los árboles.

Lejos, pero no demasiado, podíamos ver que algo se estaba quemando. Sabíamos que eran los encapuchados. Nos fuimos acercando poco a poco al lugar. Si de todos modos íbamos a pasar la noche en ese bosque al menos queríamos saber qué demonios era lo que estaba pasando.

Nos escondimos en unos árboles cercanos. Podíamos ver más o menos bien el panorama. No era difícil saber que eso se trataba de un ritual negro, de una misa satánica. Tal y como nos había dicho la recepcionista el día anterior.

Había cabezas de animales clavadas en estacas, estaban por toda la zona. Había gente encadenada a los árboles. Y cerca de la gigantesca hoguera había unas bolsas negras, dentro había algo vivo porque se movía con desesperación intentando liberarse.

Jamás había escuchado la lengua o dialecto en el que estaban cantando, sé que no era latín, el latín lo conozco bien. Si tuviera que adivinar diría que era húngaro o algo por el estilo.

También había música, no alcanzaba a ver los instrumentos, pero por los sonidos que emitían debían ser instrumentos muy raros, antiguos.

La mayoría de los que estaban ahí llevaban una capucha negra, algunos otros una capucha roja, el líder, el que llevaba la máscara de macho cabrío llevaba una capucha morada.

Los colores de las capuchas se podían distinguir por el fuego de la gran hoguera que había ahí.

Gaspar notó que también había gente armada, supusimos que eran los de seguridad, lo que significaba que en esa secta debía haber gente poderosa, quizá artistas o políticos.

De pronto un ruido metálico nos asustó, nos escondimos un poco más. A unos veinte metros de nosotros salió de entre los árboles un tipo alto, muy alto, de piel pálida y sin cabello. Iba jalando una cadena a la que estaba sujeta una mujer.

El tipo arrastró a la mujer hasta la hoguera, justo frente al líder de la secta. Uno de los que llevaban capucha roja se acercó y le entregó a su líder una espada o algo similar. El sujeto, aún con su máscara de macho cabrío alzó el objeto que le había sido entregado. En ese momento paró la música y pararon los rezos.

Entonces una criatura de cuatro patas atravesó el fuego de un extremo al otro quedando frente a la mujer encadenada y el líder de la secta.

Felipe nos dijo que esa criatura era un puma. Pero en caso de que en verdad lo fuera, no parecía un puma normal, era bastante más grande, casi del tamaño de un oso.

El tipo alto pálido tomó los brazos de la mujer y los estiró, entonces el enmascarado bajó con fuerza la espada y le cortó las manos. La mujer gritó con desesperación. Entonces el puma se abalanzó sobre ella hasta que la mujer dejó de gritar. La había matado. Lo que acabábamos de ver explicaba el árbol de las manos y la fosa de los cadáveres mordidos.

Todos gritaron, estaban festejando. El puma se sentó y la música comenzó a sonar, los encapuchados volvieron a ponerse a rezar. Uno de ellos se acercó para tomar las manos y luego se perdió entre los árboles. Otros dos cargaron el cuerpo y también se fueron.

No recuerdo quién de nosotros estornudó, pero lo hizo de una forma tan fuerte que causó que todos, incluyendo al tipo de la máscara de macho cabrío, al tipo pálido, y al puma, todos voltearon a vernos.

Corrimos, si nos atrapaban estábamos más que muertos. De pronto escuchamos un ruido, no estoy seguro de si fue un ladrido o un aullido, y después otro. De la nada frente a nosotros aparecieron dos bestias que parecían hienas, una era muy blanca.

Nos quedamos paralizados. Las cabezas de esas criaturas estaban exageradamente grandes, no tenían la misma proporción que el resto de sus extremidades. La boca de ambas bestias era inmensa, les puedo asegurar que mi cabeza cabía dentro de cualquiera de esas bocas. Estaban babeando mientras nos mostraban los colmillos, estaban tan afilados que parecían navajas.

Los pocos segundos que estuvimos frente a esas bestias infernales se me hicieron eternos. Era como si sus grandes ojos amarillos detuvieran el tiempo. Entonces detrás de nosotros escuchamos la carcajada del maldito cuervo. Eso nos hizo reaccionar.

Corrimos entre los árboles mientras podíamos escuchar las fuertes pisadas de las criaturas que nos querían comer. Las cosas esas no podían ir tan rápido debido a que su gran tamaño les dificultaba pasar entre los troncos.

Puedo jurar que por momentos sentí su aliento en mi nuca, era una sensación asquerosa, olía como a cloro y se sentía muy caliente.

Cuando salimos de entre los árboles logramos ver un puente colgante a unos diez metros, aceleramos para cruzarlo. Supongo que nos imaginamos que las bestias pesaban tanto que al pasar por ahí el puente se rompería y caerían al precipicio rocoso.

Por suerte las criaturas pensaron lo mismo. En cuanto llegamos al otro lado del puente volteamos hacia atrás y vimos como esas criaturas regresaban corriendo hacia los árboles.

Respiramos aliviados. Los cuatro reímos como locos, debido a los nervios claro. Se nos acabó la risa cuando el gigantesco puma salió de entre los árboles y se paró frente al puente. Entonces vimos como la bestia comenzó a transformarse en un hombre. Fue la cosa más espeluznante que jamás había visto. La forma en que su cuerpo se retorcía mientras cambiaba de forma, se contorsionaba como sus huesos fueran a quebrarse en cualquier momento. Todo el pelaje de la criatura comenzó a caerse. Lo peor fue cuando su cara cambió de puma a hombre.

Creímos que era nuestro final, pero aquel infernal ser se dio la vuelta y se alejó dejando atrás un muy fuerte olor a azufre.

Mi mejor amigo estuvo a punto de desmayarse. Por suerte se pudo controlar. Seguimos caminando durante toda la madrugada para poder salir del bosque. Afortunadamente, durante el resto de la caminata ya no tuvimos ningún encuentro con la mujer cuervo, tampoco con la secta satánica ni con el gran Nahual hombre-puma.

Al amanecer ya estábamos en el pueblo, todas nuestras cosas se habían quedado en el hotel, ni locos íbamos a volver.

Estábamos sucios y heridos. Agotados. Caminamos hasta un centro médico y caímos rendidos.

No tengo idea de cuánto tiempo estuve inconsciente. Cuando desperté me sentía mejor. Como pude me di a entender para que me dijeran cómo estaban mis amigos. Todo estaba en orden.

Salimos del centro médico y nos sentamos en una banca que estaba en el estacionamiento. No teníamos tema de conversación, era como si los cuatro quisiéramos fingir que no había pasado nada. Pero entonces vimos a una pareja de jóvenes, tenían toda la pinta de ser metaleros, los cuatro nos quedamos sorprendidos cuando vimos que en la playera del muchacho estaba aquella estrella que habíamos encontrado en la cueva que llevaba a la puerta, eran la misma estrella de 6 puntas con las 6 runas rodeando la estrella y con seis cruces invertidas en el centro.

Inmediatamente, nos levantamos de la banca y comenzamos a caminar para alejarnos del centro médico. No queríamos saber nada más, no teníamos ninguna intención de averiguar la verdad que se escondía tras todos los infernales horrores a los que habíamos sobrevivido.

Dos días después ya estábamos en Estados Unidos, nos abrazamos para despedirnos y cada quien tomó un vuelo para regresar a su país.

Cuando volví a la Ciudad de México ya era otra persona, cerré todos los ciclos personales que tenía, hice las paces con mis padres, inclusive perdoné a mi ex pareja. En verdad me sentía que si hubiera vuelto a nacer. Y es que por algunas horas tuve los pies en el infierno.

Lo único que me perturba es que a veces mientras duermo puedo escuchar la carcajada de aquel maldito cuervo de los ojos rojos.

 

Autor: Ramiro Contreras

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