La Muerte En La Veterinaria Historia de Terror

La Muerte En La Veterinaria Historia de Terror

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La muerte es una de esas pocas cosas que a todos nos hace por igual, tanto animales como humanos, y ante la inminente muerte, nos hace contar varias verdades que teníamos guardados. Esperando ser perdonados, y es que muchos no creen en Dios, hasta ver que el paracaídas no se abre.

Año 2016

Soy Médico Veterinario en el Estado de Jalisco, México, nuestras actividades están enfocadas en atención a Ganados, principalmente Bovinos, sin embargo, nunca nos hemos negado a la atención de cualquier otro ser vivo que requiera atención La Muerte En La Veterinaria Historia de Terror. Nuestra clínica tiene la capacidad de trabajar las 24 Horas, como si fuese un Hospital para personas, sin embargo, aquí tratamos con animales. No está de más mencionar que todos los días, se nos presenta alguna emergencia que atender.

Últimamente, hemos tenido actividad cargada, las cosas se han puesto algo pesadas, a lo que muchos hemos tenido que doblar turnos o compartir turno con otro Veterinario. Y en varias ocasiones nos hemos tenido que trasladar hasta el lugar para recoger a los animales. Aquí es donde creo que comenzó todo…

Nos llamaron para atender un grupo de caballos que habían sido involucrados en un accidente de Autopista, tomamos la camioneta y el equipo necesario para trasladar a animales grandes, un compañero de trabajo y yo nos dirigimos al lugar. No puedo ser tan detallista en lo que encontramos cuando llegamos, pero desafortunadamente, mucha gente ya había fallecido. Entre ellos el chofer que trasladaba a los caballos a un Rancho de Tepatitlán y su acompañante ya de avanzada edad, tuvimos la mala fortuna de ser los primeros en llegar, los paramédicos aún no estaban allí, solo personal de la Autopista. Y Varios chismosos que más que ayudar estorbaban. Mi compañero al observar la gravedad de la situación me comento que haría lo necesario para ayudar a la gente, y que yo me encargara de los caballos. Era lo más correcto que pudimos haber hecho.

Me encontré con tres caballos, de los cuales dos eran potrillos que seguían con vida, bastante lastimados, pero aún podían andar, por lo que los saque de donde estaban para ver a su Madre aplastada. No podía hacer más por ella, así que lleve a los potrillos a la camioneta. Fue cuando escuche que en la cabina del camión alguien me hablaba. Lo primero que pensé fue que había un sobreviviente, amarre a los potrillos, y corrí a la cabina. Allí estaba un hombre ya de avanzada edad, de camisa a cuadros, de color roja y pantalón de mezclilla. Me veía con los ojos rojos, el hombre apenas podía hablar, a lo que le dije que se mantuviera tranquilo pues la ayuda ya venía en camino, cuando en ese momento el hombre me tomo de mi camisa y la jalaba mientras gritaba…

-¡PIFAS, PIFAS YA VIENE POR Mí!- Con un último aliento desfalleció frente a mí, mientras lo sostenía. Su mano perdió fuerza sobre mi camisa. “Pobre hombre” fue lo que pensé. Cerré sus ojos y lo dejé descansar.

No podíamos hacer más, dejamos nuestros datos para que nos contactaran por los potrillos y nos retiramos. Durante el trayecto de regreso, nos mantuvimos muy callados. Trabajar con la vida, no es sencillo, y más cuando esta se te escapa de las manos.

Los potrillos parecían estar bien, a lo que los dejamos al cuidado del siguiente turno, ya habíamos doblado nuestro turno a lo que nos retiramos de la veterinaria.

Al siguiente día ya tarde noche, me había tocado el turno nocturno, a lo que me encontré con el compañero que habíamos dejado los Potrillos quien me menciono que ya los habían procurado.

-Un Viejo ya muy grande, parecía cansado, traía una camisa a cuadros color roja y pantalón de mezclilla, pareciera que regresaba de un corral pues estaba todo enlodado.

Me llamo mucho la atención el comentario de mi compañero, tal cual lo había descrito, era la imagen que aún tenía en mi cabeza de aquel hombre que murió en mis brazos.

  • ¿Te dio sus datos? – le pregunté, a lo que mi compañero negó con la cabeza.
  • Me dijo que vendría después, porque alguien vendría por él.

Me desconcertó algo, sin embargo, no le di más importancia.

Por la noche me había tocado estar solo, ya había tenido tiempo que no tenía una noche tan tranquila, no había llamadas telefónicas y los animales parecían estar quietos, a lo que decidí encender la televisión. Y mientras estaba consultando mi celular y la televisión se escuchaba de fondo, algo se escuchó que cayó en la cocina, me levante de mi lugar pues me pareció extraño, no había nadie más, me acerque y precisamente allí estaban tirados un par de vasos, los levante y justo al ponerlos en su lugar la puerta principal se abrió y cerró de golpe. Pensé en que había llegado algún cliente, rápidamente me dirigí a la entrada y no vi nada. Fui al televisor y puse las cámaras, las cuales habían detectado como se abría y cerraba la puerta por si sola. ¿Pero cómo?, es muy pesada, pensé en ese momento cuando detrás de mí sentí un escalofrío que me enchino la piel. Me di la vuelta y no vi nada. Fui a buscar las llaves para cerrar la entrada principal, total si venía alguien les abriría la puerta, y al regresar al mostrador un hombre viejo se encontraba parado enfrente. Vestía de Camisa de Cuadros de color roja y pantalón de mezclilla, era aquel hombre que había dejado ayer en el accidente.

-Oiga que gusto me da verlo bien, ¿Cómo se encuentra? – Aquel hombre no me contesto, mantenía la mirada al frente, perdido, como si no pudiera mover la cabeza.

– Mis potrillos, vengo por mis potrillos – Me dijo aquel hombre.

– Claro que sí señor, pero si ocupare que me muestre en que se los llevara pues aún siguen lastimados- Le dije a lo que me volteo a ver y pude ver sus ojos rojos.

– Alguien vendrá por mí – Se dio la vuelta y se paró frente a la puerta, corrí a ayudarle a abrir para que saliera, a lo que salió sin decirme nada. No había nadie alrededor.

– ¿Va a estar bien? – le pregunté y no me contesto, solo siguió caminando a la oscuridad.

Al día siguiente les mencione que lo más probable ya recogiera a los potrillos, comentándoles que los habían ido a procurar ya tarde. Así que me retire sin más. A mi regreso nuevamente en el turno nocturno, mi jefe me esperaba en la entrada, comentándome que lo acompañara pues quería mostrarme algo.

Ingresamos al establo que tenemos para atención a animales, y cuál sería mi sorpresa que ambos potrillos estaban ya muertos. No era todo lo que me tenía que enseñar mi jefe, me llevo a su oficina y me mostró las grabaciones de la cámara de seguridad, a lo que me podía ver yo hablando con nadie, se veía como me dirigía a la puerta y la abría, le comenté a mi jefe que era imposible, pues había visto yo al dueño de los potrillos y que los había ido a pedir.

No supe que decir después, las cosas nunca habían sido así en la veterinaria. Y esa noche no había sería la excepción.

Me encontraba realizando los expedientes de los potrillos, donde en nombre de propietario le tuve que poner desconocido, cuando nuevamente se escuchó como algo se había caído en la cocina, me levanté rápidamente haber y vi nuevamente en el piso un par de vasos. Los levanté y los puse en su lugar, cuando escuché como mis papeles se caían al piso, corrí rápidamente y pude ver claramente como estos se deslizaban en la mesa hacia el piso. Alguna corriente de aire pensé en ese momento, cuando las luces comenzaron a parpadear. Las encendí y apagué para que se arreglaran cuando volví a escuchar como algo se caía en la cocina.

-Esto es una maldita Broma- dije en voz alta, me había parecido ver una sombra asomarse desde la cocina. Baje la vista y de reojo podía ver que aquella cosa estaba allí, tome mi celular y tome una fotografía…
Me aleje del mostrador y rápidamente, Salí de la veterinaria, cerré las puertas con llave y marque a mi jefe. Pues lo que había visto en la Fotografía que había tomado, me dejo helado. Algo había visto allí que me estaba vigilando.

Al poco rato llego mi jefe, me pidió ver la fotografía, y al analizarla me comento que llamaría a alguien que él conocía. Al poco tiempo llego una persona con larga barba gris, mi jefe me había comentado que se trataba de un Brujo el cual había conocido tiempo atrás. Ingresamos a la Veterinaria y nos encontramos con todos mis papeles en el piso, platos y vasos tirados.

No sé si de alguna manera yo le llame la atención al Brujo, pues parecía que respiraba mi miedo, y nos pidió que le describiera todo lo sucedido, desde cuando había iniciado todo, y si había pasado algo más…. A lo que termino mencionando lo siguiente…

“La muerte vino aquí buscando algo que por derecho es de ella, pero alguien se lo arrebato – Me pidió que le mostrara la fotografía, a lo que me señalo algo que no había distinguido yo. Había algo sobre la cabeza de aquella sombra, parecía ser una Hoz, la Muerte tenía que haberse llevado a alguien y no lo hizo, pues aquello había venido a la Veterinaria. Pensé inmediatamente en aquel viejo, todo distraído y perdido, me imaginé que, si había muerto y su espíritu aferrado a sus potrillos vino a buscarlos, y al parecer se los había llevado, sin embargo, la muerte era la encargada de llevárselos.

Preguntamos si había una forma de que nos dejara en paz, a lo que el Brujo menciono que nunca tuvimos que habernos percatado de su presencia, y ahora que tuvimos una especie de contacto, la percibiríamos más a menudo, pero deshacerse de ella, jamás, pues es la Muerte y es lo que compartimos tanto animales como humanos.

Es difícil al principio, pero he de ser honesto, te acostumbras a aquello, en ocasiones cuando me encuentro en medio de una operación, la escucho detrás de mí, nos sigue tirando cosas, o haciendo desorden, y sobre todo se presenta cuando tenemos animales a punto de morir.

 

Autor: Lengua De Brujo

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Author: REDE

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