Las Muñecas De La Niña Historia de Terror

Las Muñecas De La Niña Historia de Terror

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Xochimilco, sus aires encierran grandes misterios, el tiempo de antaño se puede oler en el prominente aroma de sus infinitas flores Las Muñecas De La Niña Historia de Terror.

Posiblemente, su atractivo turístico más importante sean las trajineras y las chinampas. También tiene su importancia la iglesia franciscana que ahí se encuentra desde el siglo XVI.

Pero sin duda alguna, el vestido de gala de Xochimilco es la festividad del Día de Muertos. Durante esos días las calles del centro se llenan de gente, todo el día y toda la noche. Se pueden encontrar muchos puestos de comida, dulces tradicionales, montones de flores, pero, sobre todo, hay monumentales altares de una grandeza incomparable.

Los niños se disfrazan de personajes muertos y salen a pedir su calaverita a las casas, su pedimento lo realizan con frases tan peculiares como “Ya vino el chavo del ocho a pedir su bizcocho”, o, “Ya vino pancho pantera a pedir su calavera”.

Dicho eso, sale alguien de la casa, que también suele estar disfrazado, y les entrega algunos dulces o fruta de temporada.

En Xochimilco hay casi una veintena de cementerios, pero el panteón insignia es el de Xicoltepec. El cementerio es llenado de flores, veladoras y ofrendas.

Durante el Día de Muertos es bastante común que la gente se quede a dormir al lado de las tumbas de sus seres queridos.

Habemos algunas personas que tenemos gustos por experiencias un tanto más fuerte.

Para gente como yo Xochimilco cuenta con La Isla de las Muñecas.

La historia de esa isla comenzó con la muerte de una niña, su cuerpo fue encontrado flotando en el agua. El espíritu de la niña no pudo descansar en paz, así que comenzó a molestar al hombre que vivía en la isla donde había sido encontrado su cuerpo. El pobre señor, atormentado por ese pequeño fantasma, buscó una manera de apaciguar a la niña, ya que esa ánima estaba comenzando a tener comportamientos siniestros. Descubrió que las muñecas la calmaban.

El señor llenó su isla de muñecas, las colgó por cada rincón, inclusive dentro de su casa. Con el paso del tiempo la niña se aburrió de las muñecas. No se sabe cómo pasó, pero un día encontraron muerto al señor, estaba flotando en el agua, en el mismo lugar que la niña había sido encontrada.

Esa tétrica historia me cautivó desde el primer momento que la escuché, así que cuando en la universidad nos informaron que habríamos de ir el primero de noviembre tuve claro que yo visitaría esa Isla de las Muñecas.

Ya estando en Xochimilco me contacté con una persona que me contactó con otra que dijo que podría llevarme hasta la isla durante la madrugada. Entre los dos intermediarios más el viaje a la isla, gasté como mil seiscientos pesos.

Antes de llegar, la persona que me estaba llevando me dijo que él únicamente me dejaría en la orilla y que me podría esperar una hora, pero también me dijo que si escuchaba gritos o ruidos raros él se iba a largar de ahí inmediatamente, pues no eran pocos los que se adentraban en la isla y ya nunca salían.

Llegamos, bajé de la lancha, había muy poca iluminación, tragué un poco de saliva antes de adentrarme en busca de algo, mi corazón latía a mil por hora, mi cerebro me decía que era una muy mala idea, pero la adrenalina no me dejaba dar ni un paso atrás.

Una hora joven o hasta que grites, me advirtió una vez más el lanchero.

Comencé a caminar por el sitio, ciertamente era bastante más aterrador de lo que me había imaginado, entiendo que si se llama la isla de las muñecas es evidente que debía haber muchas, pero es que eran demasiadas, no conozco un número tan grande como para contar todas esas muñecas.

La gran mayoría estaban colgadas de los árboles, parecían como pequeñas niñas colgadas como si se hubieran suicidado, era muy escalofriante.

El aspecto de viejo y dañado de las muñecas hacía parecer todo más siniestro. Entonces vi una muñeca sentada en una pequeña silla, eso me pareció curioso, lo más curioso fue cuando la muñeca comenzó a mover sus manos. Di algunos pasos hacia atrás y tomé otra dirección, de pronto escuché que una rama se rompió, me giré y una muñeca se había caído de un árbol. Me pareció extraño, pues no hacía nada de viento, además, la muñeca era de tela, esas no pesas los suficientes como para romper una rama. Mis ojos se abrieron a su máxima capacidad cuando vi que la muñeca comenzó a enderezarse hasta quedar sentada.

Ya me encontraba asustado, pero aún podía manejar la situación así que simplemente seguí caminando. En ocasiones todo se oscurecía un poco más pues el cielo estaba algo nublado y claro que a veces alguna nube obstruía la luz de la Luna.

Comenzó a sentirse un poco de frío y me dieron ganas de orinar, estaba rodeado de árboles, pero todos tenían muñecas, anduve en busca de uno que no tuviera tantas hasta que lo encontré, me acerqué para poder hacer mis necesidades.

La muñeca que me quedaba más cerca estaba colgando a una altura más o menos de la de mi cara, de pronto, cuando ya me estaba cerrando el pantalón pude ver claramente como esa muñeca movió los ojos en mi dirección, eso sí que me espantó, hasta di un brinco y casi se me sale un grito.

Los ojos de la muñeca en menos de dos segundos volvieron a su posición original.

Susurré en voz baja que debía salir de ahí ya, entonces comencé a escuchar la risa chirriante de una niña, toda la piel se me erizó. Entonces una muñeca, de un personaje bastante conocido, giró su cabeza violentamente hacia mi dirección y habló. No vi que moviera la boca, jamás olvidaré lo que me dijo: Ven a jugar conmigo.

Ya, había sido más que suficiente así que quise correr de regreso, pero el resonar de aquella risa de ultratumba me hizo frenar pues me paralicé del miedo.

Entonces, de entre los arbustos pude ver que salía una niña, tenía la piel pálida, pero también tenía algunas tonalidades moradas. Sus ojos eran completamente blancos y su ropa estaba mojada al igual que su largo cabello negro. De repente todas las muñecas que estaban en la zona voltearon a verme, casi me ensucio del susto, corrí tratando de encontrar la salida hasta que tropecé y caí.

Pude sentir como se me abrió un poco la rodilla, quise seguir corriendo, pero la pierna me estaba sangrando. Me dolía muchísimo, Me desorienté, estaba completamente perdido. Como pude, seguí caminando, despacio pero seguro.

Terminé llegando a una vieja casa de madera, también estaba rodeada de muñecas. Me quise acercar pero a través de la ventana pude observar cómo se iluminaron muchos puntos rojos, eran los ojos de algunas muñecas.

La risa de la niña sonó otra vez, en esta ocasión tenía bastante eco y parecía distorsionada. Pude verla salir de los arbustos junto a la casa. Pensé que era el final. Entonces escuché el timbre de un celular, debía ser el del lanchero. Agarré fuerzas y corrí como loco en la dirección de la que provenía el sonido.

Mientras corría me sentía bastante bien observado, a mis costados había muchos ojos rojos, se podían contar por miles. Era bastante incómodo y espeluznante.

Pude llegar hasta donde estaba el lanchero, él encendió el motor en cuanto vio mi cara de horror. Nada más puse ambos pies en la lancha el tipo aceleró.

Yo estaba sudando frío, sentía los labios partidos y la mandíbula entrincada, inclusive comencé a ver borroso, creí que me iba a desmayar, pero el lanchero me gritó y así fue que reaccioné.

El hombre estaba viendo justo detrás de nosotros, volteé y la niña estaba parada en la esquina, rodeada por un montón de diminutas luces rojas.

Me preguntó qué diablos había sucedido y le conté. El sujeto me dijo que yo había tenido mucha suerte y que debía sentirme afortunado de seguir respirando.

Iban a ser las tres cuando llegué de regreso al hotel donde estaban todos mis compañeros de universidad. Tuve que pasar por la pequeña alberca para llegar a mi habitación. Un par de chicas estaban ahí, estaban demasiado alegres y me invitaron a meterme al agua con ellas, pero yo seguía tan asustado que decliné la generosa oferta.

No pude dormir en toda la noche, tampoco me animé a apagar la luz, sentía que en cuanto me quedara a oscuras iban a aparecer todas esas pequeñas luces rojas que eran los ojos de las muñecas poseídas de aquella isla maldita….

 

Autor: Ramiro Contreras

Derechos Reservados

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