Santiaguillo Historia de Terror

Santiaguillo Historia de Terror

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Quisiera compartirles mi experiencia que tuve 3 años atrás, Soy originario de Oaxaca en un Pueblo un poco alejado de la civilización, y lo que estoy por contarles, no solo me paso a mí, sino a mis Primos también que fueron testigos de un evento que jamás me hubiera imaginado fuera posible Santiaguillo Historia de Terror.

Sucedió en un mes de febrero, para en ese entonces yo tenía la edad ya cumplida de 20 años, y vivía en el Pueblo junto a toda la familia, se trataba de un lugar humilde, con casas separadas una de la otra por terrenos, cubiertos por gran vegetación. Nuestra casa y la de los vecinos eran de las últimas ubicadas en una pendiente, donde a pocos metros de nosotros el río pasaba, y justo atravesándolo los Cerros están a escasos pasos. Se han de imaginar que, de día, o un día lluvioso, se ve muy hermoso. Sin embargo, de noche, puede volverse un lugar bastante oscuro y tenebroso, pues los cerros por la noche parecen ser gigantes dormidos que silban el frío, ya que el sonido del Santiaguillo se escucha recorrer cada rincón del Pueblo. En tiempos muy remotos, se corría el rumor de que cuando se escuchaba silbar al viento, un hombre montado sobre un caballo buscaba almas que llevarse. Y cuando éramos pequeños e incluso más grandes, caminar al lado del Río, y en la oscuridad era bastante escalofriante, que a pesar de que teníamos alumbrado público, este no era suficiente para iluminar todas las calles pues quedan lejos uno del otro.

Siendo un pueblo pequeño, la mayoría de la gente se conocía, ese fue el caso particular de Don Guillermo, quien era muy conocido entre todos, en mi familia lo considerábamos el amigo Familiar. Los vecinos lo reconocían con su andar, pues era muy característico de él pues cojeaba de un pie, mencionaba que siempre guardaba unas piedras en su calzado como ofrenda a Dios.

Nos relataba cuentos e historias durante sus visitas a la casa de mis Padres, a nosotros nos entretenía bastante, también decía que había mucho conejo en el cerro y más allá de los cerros mucho más animal que podíamos ver, nos invitaba siempre a cazar, pues hace años, cuando él era más joven, acompañaba a mi abuelo cuando estaba aún con vida a buscar animales y llevarlos para prepararse un festín. Por nuestro lado aprendimos a cazar gracias a mi abuelo, tradición que mi Padre nos seguía inculcando.

Aún recuerdo la última mañana en la que vi a Don Guillermo, antes de subir al cerro paso a nuestra casa, para hacer su invitación de siempre, la cual tuvimos que declinar, y sin más se retiró, para no volver más. Los días pasaron, la familia de Don Guillermo comenzó a procurarlo con nosotros, pues ya sabían que siempre tomaba la misma ruta, pero siempre decíamos que no sabíamos nada de él. Comúnmente quien fuera a los cerros a cazar, podía regresar el mismo día, quizás quedarse un par de días más allá, pero Don Guillermo ya tenía una semana de desaparecido.

La gente del Pueblo se empezó a organizar para la búsqueda de Don Guillermo, tanto mi Padre, hermanos y primos ayudamos también. La instrucción era que, si llegaba atardecer, suspender la búsqueda y regresar para quedarnos de ver el Puente. Buscar a oscuras en el cerro era algo inútil, y peligroso.

Durante un par de días no se supo nada de Don Guillermo, alguien tuvo la idea de buscar más allá de los cerros que rodeaban el pueblo, había varios montes los cuales para alguien sin experiencia y con pocas provisiones sería algo fatal aventurarse a ello, así que se organizaron grupos más pequeños para llegar hasta allá, pues era muy probable que regresar el mismo día antes de anochecer no sería posible. En uno de esos grupos estábamos mi Papá, mis primos y yo.

Era inevitable que de momento que buscábamos a Don Guillermo, recordaba aquellos viejos tiempos, cuando estaba de cacería con mi abuelo, nos enseñó cómo y dónde buscar madrigueras, además de los cuidados que teníamos que tener con algunos animales, como usar los rifles que teníamos y poner trampas. Él era todo un experto en la cacería y exploración, lo cual me desconcertaba de Don Guillermo pues él había aprendido todo lo que sabía de mi abuelo.

Justo una noche antes de dividir nuestro grupo, decidimos acampar al lado de un lago, como solo llevábamos bolsas para dormir, se hizo una gran fogata para resguardarnos del Frío. Esa noche mi Padre le toco hacer guardia. Yo no podía dormir, me inquietaba la oscuridad del bosque frente a nosotros. Fue cuando escuche como el Santiaguillo recorrió todo a nuestro alrededor, aquel silbido siempre será algo que recordaré toda mi vida. Me levante, todos estaban dormidos, pero mi padre no estaba allí, busque alrededor y lo vi, justo frente al lago, y a un lado de él, un hombre montado a caballo. Algo le estaba diciendo, desde donde y me encontraba no podía escuchar nada, así que tome el rifle y procure acercarme poco a poco, y justo a escasos metros, aquel hombre a caballo retomo su camino, dejando a mi Padre solo.

– ¿Sucede algo? – Le pregunté a mi Padre, quien se sobresaltó un poco al escucharme.

-Aquel hombre que ves partir, me dijo donde podíamos buscar, es curioso, no le dirigí la palabra, solo lo vi acercarse a mí, y como si supiera de nuestra tarea, me señalo donde podíamos buscar, y se retiró sin decir nada.

Recuerdo que meses después, le pregunte a mi Padre sobre aquel hombre que vio al lado del Lago, le pregunte si llego a imaginarse si se trataba del Santiaguillo, a lo que muy seguro de sí mismo me comento, Yo Creo que a Don Guillermo lo buscaba.

A la mañana siguiente, mi Padre procuro dividir nuestro grupo en dos, comentando que sería el último punto a buscar en el monte, para cubrir más terreno, la indicación era reencontrarnos en el campamento ya en el atardecer para regresar al día siguiente al pueblo y si llegábamos a encontrar algo o alguna pista, era dar un par de tiros hacia arriba.

Por ser el mayor, quede a cargo de un grupo, el cual consistía en mis dos primos y yo, así paso la mayor parte del día y no tuvimos suerte alguna. Llego el atardecer y decidimos descansar para comer algo y regresar antes de que anocheciera. No habían pasado ni cerca de 5 minutos cuando escuchamos una serie de ruidos encima de nosotros, a escasos 3 metros, un árbol se comenzó a sacudir bastante, como si fuera jaloneado de un lado a otro. Pudimos apreciar a un mono aullador que se columpiaba en el árbol. Yo quise hacerme el gracioso y comencé a contestarle al mono copiando su aullido, mis primos se reían bastante pues el mono comenzó a hacer ruidos y aventarnos piedras que no sé de dónde las había sacado, hasta que se quedó inmóvil, y comenzó a silbar. Sonaba muy parecido al Santiaguillo, lo cual nos dejó callados, uno de mis primos levanto la pistola y justo antes de que disparara, lo detuve.

-Déjalo no le hagas caso – nos retiramos de allí, y aquel mono aún silbaba como el viento aterrador. Les pedí que no lo miraran, y justo frente a nosotros un hombre con sombrero negro, con gabardina café nos estaba observando. No pudimos apreciarle bien el rostro, pues ya estaba casi oscuro, cuando aquel hombre dijo:

-Tengan cuidado Jóvenes, no jueguen con lo desconocido, no saben en lo que se meten. – Su voz se parecía mucho a la de Don Guillermo, levante la lámpara para verle el rostro, pero esta persona se había movido de su lugar pasando a un lado de mí y sin voltear a vernos, nos dijo:

– Su búsqueda acaba esta misma noche y gracias por lo que hacen.

Aquel hombre caminaba extrañado, como si estuviera cojeando, se desapareció entre los árboles como si el piso se lo hubiera tragado. Les di la indicación a mis primos que regresáramos, ya no quería arriesgarlos a algo más, bajamos por una vereda cercana para llegar al lago y regresar al campamento, no habíamos avanzado ni unos 10 metros cuando percibimos un olor nauseabundo y putrefacto, a tal grado que usamos unos pañuelos para taparnos la nariz, cuando al alumbrar el camino que seguiríamos, nos encontramos con una terrible sorpresa.

Allí se encontraba el cuerpo de Don Guillermo, ya lleno de gusanos y bastantes moscas a su alrededor, aún recuerdo el sonido del enjambre de moscas, era bastante muy incómodo. Me agaché para verlo detenidamente, tenía un golpe en la cabeza, y lo que parecía ser a un lado de él una enorme piedra, era como si algo o alguien se la hubiera aventado intencionalmente. Estaba tan absorto en ver a Don Guillermo allí muerto, que un par de balazos al cielo me exaltaron. Mi Primo ya había dado el aviso de que encontramos a Don Guillermo.

Al poco tiempo, y con ayuda de varias linternas llegaron los demás, decidimos darle un tiempo en silencio y en respeto a Don Guillermo. Recogieron su cuerpo para dirigirnos al campamento y salir a la mañana siguiente.

Mientras estábamos en la fogata, veía el cuerpo, y al ver el sombrero, fue inevitable recordar a aquel hombre que nos encontramos justo después del mono silbador. No paraba de pensar que quizás fue el espíritu de Don Guillermo agradeciendo que lo hayamos ido a buscar, o quizás nos quiso advertir de algo.

Su funeral se llevó a cabo justo en la tarde que retornamos con el cuerpo, acto seguido fue sepultado y con él, su sombrero. Aún tenía la duda de lo que nos había pasado en el Monte, pero en cierto modo me sentía tranquilo conmigo, pues si se había tratado de Don Guillermo sabía que se encontraba ya descansando en paz.

Dos Años después yo me había ido ya del pueblo, me encontraba estudiando en la ciudad, y cuando eran vacaciones regresaba al pueblo para visitar a mis Padres, y en las noches me asomaba a la ventana que daba al Río y a los cerros, y puedo jurarles que aún veo a un hombre caminar y cojeando hacia esa dirección para perderse en los cerros. Más aún, no era lo único que pasaba, pues entre los pobladores mencionaban que cuando iban a casar hasta el monte podían ver a una extraña criatura columpiándose entre los árboles, sin embargo, quienes lograron verlo, lo describían como un demonio que en cuclillas se aferraba de las ramas y hacía ruidos de mono para atraerlos.

 

Autor: Lengua De Brujo

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Author: REDE

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