Visitando A Los Muertos Historia de Terror

Visitando A Los Muertos Historia de Terror

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Me llamo Miguel, soy originario de Chile Visitando A Los Muertos Historia de Terror. Mis padres se conocieron gracias a un Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, mi padre era guardia y mi madre iba en el staff de un artista, no recuerdo el nombre.

Mis padres no eran simpatizantes de Pinochet y fue por eso que yo crecí en México. En diciembre del 89 mis padres deciden volver a Chile, pero, estando conscientes que podría ser una sentencia de muerte, deciden dejarme aquí en México con una familia que nos había estado ayudando durante años.

La madrugada del 18 de junio de 1991 ocurre un corrimiento de tierra a mediaciones del Desierto de Atacama, no volví a saber nada de mis padres después de eso. Se reportaron 91 muertos y 19 desaparecidos, la verdad es que desconozco en cuál de las dos listas estaban mis padres, el punto es que luego de eso me quedé para siempre en México.

Cuando cumplí 18 años me despedí de quienes me habían aceptado como su hijo y decidí emprender mi camino. Viajé mucho y trabajé de todo lo que se puede trabajar, conozco muchísimas ciudades del país pues por lo general nunca me quedo más de ocho meses en ningún sitio.

He vivido en Mitla, en Bacalar, en Pátzcuaro y podría seguir durante horas pues llevo viajando casi treinta años.

El trabajo más peculiar que he tenido, por decirlo de alguna forma, ha sido el de velador en panteones.

La primera vez que trabajé en un panteón fue en San Andrés de Mixquic, que es una delegación de Tláhuac.

Aquellos que han tenido la oportunidad de visitar Mixquic sabrán que se trata de un lugar muy místico y, por tanto, sus panteones son especialmente peculiares, sobre todo en ciertas fechas.

Recuerdo que llegué a vivir ahí durante la última semana de octubre.

Lo que me encontré fue a todos los pobladores decorando sus casas, inclusive había personas decorando altares en algunos lugares públicos, esos altares estaban coronados por flores, flanqueado por velas y copal, detallados con pan y vino.

Caminando por las místicas calles de Mixquic encontré un panteón, y por alguna razón se me ocurrió preguntar si no ocupaban a alguien para trabajar de cualquier cosa. El hombre que me atendió me dijo que unos días antes había renunciado el velador pues lo habían asustado durante la noche, me dijo que la vacante estaba disponible si la quería, pero me advirtió que se acercaban fechas muy complicadas para trabajar de noche.

Le dije que quería intentarlo y me dijo que estaba bien. Me pidió que me presentara al día siguiente a tal hora de la tarde para explicarme como estaba el asunto.

Al día siguiente cuando llegué al panteón había cientos de personas adentro, todos estaban decorando las tumbas, parecía que estaban preparando una fiesta, ese cementerio estaba lleno de vida, entonces noté un detalle que me impactó mucho, todas las personas estaban dejando cráneos sobre las tumbas, me tallé los ojos creyendo que estaba viendo mal, pero no, sí estaban colocando calaveras sobre los descansos de los fallecidos.

Hablando con las personas me dijeron que todos los preparativos que estaban haciendo era porque en unos días iba a comenzar el culto a los muertos para iluminar el camino que les permitiría entrar de regreso al mundo de los vivos.

Todo eso sonaba demasiado extraño, por supuesto que conozco las tradiciones mexicanas, pero es que las cosas que vi ahí parecían más rituales que tradiciones.

En fin, el hombre que me había atendido un día antes me explicó lo que tendría qué hacer en caso de que en verdad quisiera el trabajo, le dije la verdad, que solo estaría algunos meses y luego me iría de la ciudad, dijo que no tenía problema, que por lo general las personas no duran mucho en esa clase de trabajos.

Me quedé toda la noche. La verdad es que había tantas velas en el panteón que era imposible tener miedo, todo estaba bastante bien iluminado.

La mañana siguiente, al terminar mi turno, mientras caminaba hacia la casita que estaba rentando, pude ver caminos de pétalos y velas. Resulta que ese camino habría de ser seguido por los muertos para poder llegar del panteón hasta el altar que sus familiares les había estado preparando.

Insisto, aquello parecía de otro mundo.

Dormí todo el día y al atardecer fui a trabajar. Una vez más, el cementerio estaba a reventar de gente. Yo comencé a hacer mis cosas. En cuanto se ocultó el Sol, en ese segundo exacto, comenzaron a sonar las campanas de la parroquia. De pronto pude sentir una leve corriente de aire que venía del norte y atravesó mi cara, inclusive alcancé a percibir un tenue pero empalagoso olor a flores de cempasúchil.

Supongo que esa era la señal de que los muertos ya habían cruzado a nuestro mundo o alguna cosa de esas.

Caminando por el cementerio noté que había una tumba que no estaba decorada, se veía descuidada, sentada sobre la tumba había una persona completamente vestida de negro. No alcanzaba a verle el rostro, quise acercarme un poco, ya que yo sentía que esa persona contrastaba mucho con el ambiente de fiesta que había en el lugar. De pronto la persona se levantó, era bastante delgada y peculiarmente alta, la negra túnica que vestía impedía ver sus manos y sus pies. Volteé hacia atrás cuando escuché que comenzaron los fuegos artificiales y cuando regresé la mirada esa persona de negro ya no estaba. Eso fue raro.

La verdad eso fue lo único extraño que me pasó durante los casi siete meses que trabajé en ese panteón.

De ahí me mudé al Istmo de Tehuantepec, llegué ahí entre mayo y junio, no recuerdo bien.

Inmediatamente, me percaté que el lugar tenía algunas similitudes con Mixquic. Recuerdo que en Tehuantepec probé el pan y el chocolate caliente más delicioso que se puedan imaginar.

Yo me había sentido muy cómodo en mi último trabajo así que solo por curiosidad fui a un panteón a ver si de pura suerte podía trabajar ahí, quizá fue el destino, no lo sé, pero esa misma noche comencé a trabajar en el panteón.

Ahí tuve un compañero de turno. Le platiqué sobre mi estancia en Mixquic, sobre ese viento que pude sentir aquella noche que sonaron las campanas, él me dijo que según las creencias de Tehuantepec había una señal inconfundible que anunciaba el retorno de las ánimas al mundo de los vivos, ellos le conocen como el Viento del Norte. Eso definitivamente era demasiado como para solo tratarse de una coincidencia.

El ambiente que se sentía en este panteón era diferente al de Mixquic, en Tehuantepec se sentía todo un poco más pesado, hasta el aire que se respiraba era diferente, no podría explicarlo con palabras, pero era una sensación densa, extraña.

El lugar parecía ciertamente lúgubre. Pocas eran las tumbas que tenían una lápida de material, la mayoría eran solo montículos de tierra marcados con una cruz blanca de madera. Lo que más me llamó la atención del panteón fue una lápida pintada de un color rosa pálido, posiblemente se trataba del lugar de descanso de una niña.

Una noche cualquiera mientras recorría el panteón encontré una tumba con una lápida que no había visto antes, estaba partida por la mitad, mientras la observaba extrañado, de reojo noté a alguien que iba caminando hacia el centro del panteón, volteé y pude ver lo que me parece era la misma persona que había visto en el panteón de Mixquic, era la misma altura y la misma túnica negra. No parecía posible, comencé a seguirle de lejos para que no notara mi presencia. Llegué a una zona bastante oscura, ya que había muchos árboles y la poca luz que quedaba ya no entraba ahí, la verdad me dio miedo seguir, la persona de la túnica negra se me perdió entre las sombras. Eso me dejó muy desconcertado, más porque pude notar que la persona de la túnica negra no tenía sombra.

Pasaron las semanas y una noche ocurrió un incendio en una casa relativamente cercana al panteón, el fuego se podía ver desde mi lugar de trabajo.

Por la mañana, al terminar mi turno, decidí caminar hacia el lugar del incendio para tratar de averiguar qué es lo que había pasado.

Ya estaba cerca cuando vi a un señor saliendo de su casa para tirar la basura, me acerqué y le pregunté sobre la casa, me dijo que la familia estaba dormida y no pudieron salir, nadie los escuchó gritar, dijo que cuando lograron apagar el fuego ya no había nada que hacer.

Le pregunté sobre quién era esa familia, me respondió que no eran locales, que habían llegado algunos años antes y que eran muy reservados, no tenían amistades y nadie sabía prácticamente nada sobre ellos. Hizo un comentario, dijo que como nadie los conocía bien lo más seguro es que el velorio y entierro estuviera solo pues si no tenían amigos ni familiares en el pueblo nadie iría a acompañar a los difuntos.

El señor regresó a su casa y yo me quedé observando la casa quemada, entonces pude ver que una persona alta y con una túnica completamente negra entró caminando a la casa.

Me quedé en shock, eso ya no podía ser casualidad, definitivamente se trataba de la misma persona que yo había visto en el panteón. Corrí hasta la casa para descubrir de quién se trataba. Grande fue mi sorpresa cuando pude verle de frente, su cara era puro hueso. No era una persona, era una aparición de la muerte.

Inmediatamente, salí corriendo de ahí pues me asustó mucho aquella cosa.

Analizando la situación lo más probable es que ese espectro estaba visitando a los muertos que nadie va a visitar porque murieron lejos de sus conocidos y también visitaba a aquellos muertos que habían sido olvidados por sus familiares debido al paso del tiempo.

Muchas veces los entes oscuros que vagan por los lugares andan en busca de un vivo para atormentar, pero hay entes oscuros como el que yo vi que andan en busca de los muertos que han sido olvidados para hacerles compañía en su soledad….

 

Autor: Ramiro Contreras

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Author: REDE

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