El Espinazo Del Diablo

El Espinazo Del Diablo

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La presente historia no busca ofender o alterar a la comunidad católica y cristiana, fue compartida por un experimentado peregrino quien hoy en día sigue recorriendo la Ruta del peregrino con los demás grupos, cabe señalar que los sucesos relatados datan de años atrás donde se carecía de ciertas facilidades tanto de comunicación y de apoyo de las autoridades. Aunado a esto no se busca fomentar él desvío de la ruta del peregrino, esto que están por escuchar es una experiencia compartida puramente de las palabras del caminante.

Todos los hechos relatados son explícitamente comentados por el peregrino. Basado en hechos puramente reales.

He tenido ciertos problemas en poder platicarles mi historia, y no es por menos pues tanto mis amistades al igual que compañeros de peregrinaje me han recomendado que guarde silencio en varias ocasiones respecto a ella, pero no por el hecho de que haya realizado algún hecho innombrable o ruin, sino más que nada para evitar la peregrinación que se hace año con año, y en determinadas fechas se salga de control con tal de vivir lo que yo pasé años atrás. Esto que les contaré me sucedió en una época de cuando era mucho más joven, aún no me casaba, tenía mi pareja, no tenía hijos ni trabajo estable, así que podía hacer el recorrido sin problema alguno. Mi Padre acostumbraba año con año hacer el recorrido de la ruta del peregrino, esto se había vuelto una tradición en él, pues la hacía para pagar penitencias que se había prometido; sin embargo, el primer año en el que ya no asistió enfermó de gravedad, tanto era su malestar que el dolor que le aprisionaba lo doblaba de la columna y no lo dejaba caminar, los doctores le sugirieron que se quedara en casa a descansar mientras que se realizaban los estudios y determinar que le pasaba, pero estos estudios se prolongarían bastante tiempo, la fecha en la que mi Padre hacia su tradicional viaje ya había pasado; sin embargo, yo lo veía en cama, arrepentido de no haber podido asistir al viaje, fue allí cuando yo decidí cumplir esa manda por él. Le comenté que haría yo el recorrido, y que esta ocasión sería yo quien lo representara y cumpliría su penitencia, no tenía mucha experiencia yo en lo personal, así que me preparé con las cosas que pude y que me asesoraron los compañeros de ruta de mi Padre. Por su parte, mi Padre sabía muy bien que lo que me hacía falta a era experiencia, pero me sobraba determinación. Por ello no decidió detenerme y me deseó lo mejor para mi viaje. Aun así me comentó que era una gran posibilidad de que me encontraría con varias sorpresas en el camino, pues se dice que el alma o espíritu de antiguos peregrinos, hombres, mujeres y hasta niños aún recorre la ruta en busca de cumplir la penitencia que no lograron, además de que el mismo Diablo se aparece de muchas formas con el fin de evitar que uno cumpla su cometido. Siendo honestos, a mí lo que más me preocupaba era los asaltos que se daban por los lugares, pero era algo que tenía que hacer ahora por él. Sentí que ahora después de tanto tiempo de todas las historias que mi Padre nos contaba, ya estaría por vivirlo.

El recorrido puede realizarse en cualquier día del año; sin embargo, por cuestiones de seguridad se recomienda realizar en las mismas fechas que todos, tanto para estar con el apoyo de la comunidad de otros peregrinos; sin embargo, yo estaba realizando el viaje casi un mes después, me preparé tanto con bolsa de dormir, casa de acampar, comida y abundante agua. En ese entonces no traía conmigo teléfono o algo que me ayudara a comunicarme con los demás, solo un mapa del recorrido que hacían. No detallaré cada una de mis paradas que realicé ni mucho menos de las impresionantes vistas y atractivos que hay en la ruta, realmente es un proceso que les invitaré a que experimenten en vida misma, pero lo que si quisiera contarles, es algo que me sucedió justo cuando estaba llegando a la Capilla del Espinazo del Diablo.

Ya era tarde, ya se estaban acabando las baterías de mi radio, solo traía colgando de mi cuello los audífonos, me había entretenido bastante en el cerro de la penitencia pues el trayecto no había sido nada sencillo, tuve que moverme hacia diferentes puntos en varias ocasiones con el fin de evitar escalar por algunos puntos. En ocasiones me encontraba con más peregrinos a quienes intenté seguirles el paso, pero no tuve éxito y nunca los alcanzaba, hasta que llegué a un punto en el que tuve que sentarme a descansar un par de horas, me había quedado dormido, aún no anochecía, pero si quería llegar a la capilla ese mismo día, tenía que seguir, fue cuando pude escuchar que alguien más caminaba cerca de . Mientras caminaba por la vereda escuchaba los pasos de alguien más detrás de mí, pero no veía a nadie acercándose a mí, pensé que quizás estaba por otra ruta cercana a la mía, pero por lo complejo del camino era algo complicado cambiar de ruta o no seguir el sendero. En una ocasión me detuve en seco solo para preguntar si alguien más estaba allí, podía escucharlo muy cerca de mí, pero aun así nadie me respondió; sin embargo, al continuar mi camino a tan solo algunos cientos de metros pude divisar a una persona parada a un lado, ya la había distinguido a lo lejos y conforme me acercaba pude distinguir que se trataba de una mujer, llevaba un vestido de color café con flores, el cual parecía estar ya desaliñado y viejo, el rostro de aquella señora se podía apreciar la edad, su piel se encontraba bastante arrugada que ya parecía ser una anciana, pero su cabello era negro y desordenado, ella no me quitaba la mirada de encima, pues conforme pasaba frente a ella me seguía con su mirada penetrante. La saludé al pasar justo frente a ella, pero no me contestó, más he de confesar que el hecho de que no me contestara no me importó, su aspecto era aterrador que inevitablemente me imaginé que se podía tratar de una bruja en el camino. Jamás se movió de su lugar, ya la había pasado de largo y aun así no me quitaba la vista de encima. Yo no quería quitarle tampoco la mirada podía sentir que en cualquier momento esa mujer desaparecería si lo hacía, más no tuve opción ya tenía que ver por dónde caminaba pues estaba ya adentrándome a la zona de la Capilla del espinazo del Diablo, y en un parpadeo la perdí de vista, ya no logré verla más.

Ya había anochecido, y justo al llegar a la capilla, me di cuenta de que estaba solo, ya era de esperarse aquello, solo había algunas luces que alumbraban el lugar, pero solo servían para hacerme ver lo sombrío de la zona. Así que decidí mejor que podría descansar apenas llegara al Mirador, ya me encontraba bastante cerca del lugar. En la capilla mucha gente llega a descansar pues a partir de allí la pendiente es más pesada, y es ya una costumbre que uno haga sonar una campana que se encuentra justo a un lado de un árbol con varias penitencias por cumplir o ya cumplidas que se encuentran clavadas en él, no quise perder la oportunidad así que tomé la cuerda e hice sonar la campana solo un par de veces, aquel sonido retumbó en mis oídos bastante, pero tuve una sensación inquietante que me llenó de escalofríos y pude sentir que la piel se me erizaba. Escuché que nuevamente alguien se acercaba, pude escuchar que hablaba en voz baja, más no lograba identificar lo que decía, su voz era tenue y parecía que sufría, pero cuando pensaba en acercarme para apreciar bien quien se acercaba a mí, distinguí la figura de un hombre que se encontraba arrodillado mientras avanzaba por su camino, el hombre no tenía brazos, mientras avanzaba lentamente, su mirada la tenía apuntando al cielo, ya solo se encontraba a unos metros de mí, cuando aquella sensación de escalofríos la sentí más fuerte, sé que quizás suene tonto o absurdo, pero tuve demasiado miedo en ese momento que mejor me retiré del lugar dejando sola aquella persona en plena oscuridad, sus oraciones aún las podía escuchar detrás de mi, y justo cuando estaba escuchando lo que oraba, pude escuchar que tocaba la campana varias veces y con fuerza, esto me sorprendió demasiado, me dije a mi mismo que aquello era imposible, pues no podía ni agarrar la cuerda y mucho menos para tocarla así de fuerte, fue inevitable de mi parte, pero mi di la vuelta para observar de qué forma lo había logrado, pero aquel hombre arrodillado había desaparecido. Ya no se encontraba más detrás. Se me volvió una obsesión pensar en cómo había logrado aquel hombre tocar la campana, hacía viento y era fuerte, pero no lo suficiente para replicar la campana tantas veces y con esa fuerza. Además, no le encontraba explicación alguna a de que manera había desaparecido aquel hombre a tan solo metros de mí. El miedo me invadió así que apresuré mi camino para llegar al mirador e instalar rápidamente mi casa de acampar.

Por fin había llegado al punto más alto, al espinazo del Diablo, allí se encontraba un mirador el cual es muy concurrido para todo peregrino y he de ser honesto, esperaba encontrarme con alguien más allí, pero no tuve suerte alguna, con ayuda de mi lámpara saqué todo lo que necesitaba para poner la casa de acampar, y mientras lo hacía escuchaba ruidos provenientes del bosque que me ponían constantemente en alerta. Varias veces tuve que parar con mi hacha en mano para cuidarme la espalda, en ese punto ya no sabía si le temía más a algo sobre natural, animales o algún ladrón. No sé de qué manera pude lograr armar la casa y meterme dentro, el frío era bastante fuerte, me arropé con todo lo que tenía a la mano y me quedé sentado justo en medio de la casa de acampar, no quería aún acostarme, aún podía escuchar ruidos por fuera, el crujir de los árboles por el viento me tenía alterados mis nervios, pero el sonido de una estruendosa carcajada fue la que me alteró por completo, se había tratado de una mujer la que escuché proveniente del bosque, no supe exactamente en qué dirección, pero era seguro que no se encontraba dentro del mirador, mi casa de acampar se sacudió por un fuerte vendaval que llego de la nada y fue entonces que escuché que alguien ya estaba parado a un lado de mí. Empecé a rezar en voz baja, mis labios temblaban tanto que no los podía detener ni aunque quisiera, estaba sosteniendo el hacha con ambas manos para atacar a lo que pretendiera pasarse de listo, y al cabo de unos segundos, escuché los pasos de alguien que rodeaba mi casa de acampar, fue inevitable lo que dije después, pero fue lo único que se me ocurrió:

– ¡VÁYASE DE AQUÍ, Estoy drogado y traigo un Hacha conmigo, ya llamé a la Policía! – Sé que quizás suene estúpido o tonto pensar que la policía subiría hasta donde yo estaba, pero me encontraba tan nervioso que no sabía lo que decía, fue cuando escuché que aquella persona que estaba parada a un lado mío se reía, y con la luz de la luna atreves de la pared delgada de la casa de acampar pude distinguir la silueta de una mujer que parecía traer puesto un vestido, recordé aquella señora que había visto camino atrás, se trataba de una simple anciana, así que me armé de valor y salí con hacha en mano para encararla, pero un fuerte aleteo hizo que me desorientara, y allí la vi, una enorme lechuza oscura pasó volando a un costado mío para perderse entre los árboles. Nuevamente, me metí a la casa, no le hallaba explicación a todo lo que me estaba ocurriendo, bien me habían dicho que cosas raras pasaban cuando uno peregrinaba en otras temporadas, más no les hice caso, y fue de repente que volví a escuchar que alguien se acercaba y es que el corazón casi se me paraba cuando escuché a un hombre rezar. Su voz fue tan familiar que recordé inmediatamente al hombre sin brazos. Le tenía bastante miedo, sobre todo con lo que me acababa de ocurrir, busqué el hacha que traía conmigo, pero me percaté que la había dejado caer con lo de la lechuza. Pero aquel hombre pasó de largo de mí, solo escuchaba que se arrastraba arrodillado y rezaba un salmo, pude ver su silueta también a través de la casa de acampar, para llegar al otro extremo del mirador. Para después ya no escucharle más. Toda la noche no pude pegar los ojos, me mantuve en silencio imaginándome mil y un cosas, pensando que aquella bruja en cualquier momento regresaría, o que volvería a escuchar aquel hombre rezar, pero afortunadamente no pasó. Pude distinguir los rayos del sol a pocas horas después, lo cual me dio el valor suficiente para salir. Allí muy cerca de mí se encontraba mi hacha, y al salir por ella pude escuchar la voz de varias personas acercándose, se trataba de varios peregrinos quienes al verme me saludaron alegremente, siendo muy honesto no recuerdo haberles contestado, pues ya me encontraba en un punto en el que no sabía si lo que estaba viendo era real o no, pero siendo honestos me tranquilizó bastante escucharlos bromear y hablar entre sí.

No quise irme del lugar sin ver la hermosa vista del mirador, ya casi concluía mi viaje y yo sabía que esa era la mejor parte, pero al acercarme al mirador y mirar debajo de él, me di cuenta de que al fondo del barranco había una cruz, tuve una sensación de que alguien en el pasado había caído desde lo alto del mirador. Recé una plegaria por mi Padre desde aquel lugar, tomé mis cosas y continué con mi camino, desde allí en adelante procure seguir a más excursionistas o peregrinos para ya no volver a pasar por lo mismo. Al cabo de unas horas llegué por fin a Talpa.

Mi Padre sigue con vida aun, quiero pensar que aquella prueba de fe que viví, ayudó a que mi Padre obtuviera más fuerza, hoy en día seguimos planeando seguir la ruta del peregrino lo cual ya se nos volvió una costumbre. Más aún, las cosas por las que pasé y viví, ya forman parte de varias leyendas e historias que se escuchan aún en el recorrido de cada año.

 

Autor: Lengua de brujo

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Author: REDE

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