El Espíritu Que Vive Dentro De Mi

El Espíritu Que Vive Dentro De Mi

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El espíritu que vive dentro de mí
Una chica que conocí hace poco y a quien le conté que escribía historias para este canal, resultó tener mucha curiosidad por estas anécdotas que la gente nos comparte, unos días después me escribió para decirme que ella quería contar su propia historia, había decidido consultarle primero a su psicólogo quien estuvo de acuerdo en que podría resultar incluso terapéutico. A petición de ella su nombre será modificado para este relato, la llamaremos Sofía, quien nos narrará su historia a continuación;
-Decidí retomar terapia hace más o menos un año, de niña ya había sido llevada a diferentes terapeutas pues mis padres notaban que tenía algunas actitudes depresivas, o fuera de lo común. Después en la adolescencia también tuve que solicitar ayuda psicológica y ahora que tengo 20 años decidí regresar una vez más a terapia, ya que a veces me siento perdida, confundida y sobre todo me cuesta mucho tomar decisiones propias. Aunque a simple vista podía parecer una terapia común, las razones por las que tengo estos inconvenientes son muchos más extrañas de lo que se podría esperar.
La historia comienza cuando tan sólo tenía tres meses de nacida, no es que recuerde ese suceso, fue algo que mi madre se vio obligada a contarme cuando ya era una adolescente. Mi abuela creía mucho en las artes ocultistas, las adivinas, rituales, incluso aunque no lo aceptaba con frecuencia, había pagado un par de veces por trabajos de brujería para atraer el amor o no permitir que se apartara de su lado. En esa época mis papás pasaban por un momento difícil, no sé bien porqué pero hubo un tiempo cuando era bebé que mi papá tuvo que ir a vivir a otra ciudad, según me contó mi abuela el pudo regresar con nosotras cuando yo ya tenía un poco menos de un año de edad. El caso es que en una ocasión mi abuela convenció a mi mamá de ir donde una adivina o algo así, hasta el día de hoy no me han dicho la razón de por qué mi madre quería ir a ese lugar, el caso, es que como dije yo solo tenía tres meses de nacida, así que tuvieron que llevarme con ellas. Mientras mi mamá entró a la cita, mi abuela, con migo en sus brazos, se quedó sentada en una especie de sala. Según cuenta mi abuela mientras estábamos allí, ella empezó a ver la decoración y los objetos que había en el lugar, eran sobre todo barajas de tarot, pequeñas estatuas, telas de colores y muñecos, entre otras cosas que ella no recordaba. Dice mi abuela, que en un momento empezó a sentirse muy cansada, hasta casi quedarse dormida, pero lo extraño fue que no recuerda que pasó después, hasta que ya íbamos camino a casa con mi madre.
Durante mis primeros años de vida, mis padres notaban que yo tenía un carácter cambiante, a veces era tan tierna como una niña pequeña, pero en ocasiones me descontrolaba, lloraba desconsoladamente, nada parecía calmarme y gritaba hasta que la garganta se me irritaba y quedaba disfoníca.
Así pasé mi infancia, mientras crecía continuaba teniendo constantes cambios de ánimo, me sentía triste sin ningún motivo y mi carácter se salía de control con mucha facilidad. Hubo una ocasión, cuando tenía 6 años, en la que tuvieron que cambiarme de escuela por algo que ocurrió, algo que hice y está grabado en mi mente. Recuerdo que estaba en el salón de clase, no sé exactamente qué materia estábamos viendo pero teníamos que hacer un dibujo, entonces yo tenía mis colores junto a mí y un compañero que a veces me molestaba, quitándome mis materiales e implementos que yo llevaba, me quitó de la mano el color con el que yo estaba dibujando, le exigí que me lo devolviera pero él me ignoró, entonces empecé a insistir y a gritarle, el me gritó más y dijo que no me lo devolvería, la maestra intervino y preguntó que estaba pasando, después le pidió al niño que regresara mi color, el se negó y empezó a llorar, en ese momento sentí como si fuera otra persona, como si alguien más tuviera el control de mi cuerpo, tomé un lápiz que estaba junto al dibujo del niño y empecé a rayarle la mano con él hasta sacarle sangre, fueron tan solo unos segundos hasta que la maestra me detuvo. Recibí una sanción, mis padres me metieron en terapia infantil por sugerencia del colegio, sin embargo mi actitud no mejoraba, cuando no me sentía furiosa, estaba tan triste que ni si quiera podía realizar los trabajos que me pedían en clase, al año siguiente me pasaron a otra escuela, donde continué recibiendo tratamiento.
Aunque siempre fui una niña triste, sin ningún motivo aparente, hubo una época en la que todo parecía estar en normalidad, fue más o menos desde los 9 hasta que cumplí 12, después de ese momento fue cuando notamos con más fuerza que algo no estaba bien conmigo. Una noche estaba viendo televisión en mi cuarto, era una comedia que me divertía mucho en esa época, de repente empecé a sentirme mal, sin razón, ya no tenía ganas de reír. Intenté respirar profundo y calmarme, estiré mi mano para agarrar un vaso de agua que siempre tenía junto a la cama sobre la mesa de noche, pero el vaso no estaba allí, me pareció extraño pues podía jurar que acababa de dejarlo en ese lugar hacía tan solo unos minutos. Miré para todos lados hasta que me percaté de que el vaso estaba en la mesa junto al televisor, me levanté y fui hacia allá, en ese momento el televisor se apagó solo, sentí un escalofrío, tomé el vaso y volví a meterme a la cama para alcanzar el control y volver a encender la tele. Estaba tomando agua y nuevamente viendo el programa, cuando el vaso saltó de mis manos, como si alguien más lo hubiese agarrado y lanzado contra la pared, provocando que se rompiera. Mis padres vinieron corriendo a mi habitación, yo estaba paralizada, no podía moverme, mi madre entró preguntando si estaba bien, vio los vidrios en el suelo y cuando me miró notó que yo no me movía, me sujetó de los hombros y empezó a sacudirme, yo la miraba sin poder pronunciar palabra, oía a mi padre decir que estaba empezando a ponerme morada, después perdí el conocimiento y al despertar me di cuenta que me habían llevado a un hospital. Los médicos dijeron que había tenido una especie de ataque de pánico, me habían realizado exámenes pero no tenía ningún problema físico, así que la teoría más acertada considerando mis antecedentes, era que había sido un ataque de pánico.
Cuando regresamos a casa les conté a mis papás lo que había visto, ellos se miraron preocupados y me dijeron que todo estaría bien, que lo mejor era volver a las terapias, la verdad creo que en ese momento no les pareció muy creíble mi historia. La semana siguiente mi papá tuvo que salir de viaje por casi un mes, era algo que tenía que hacer por el trabajo, mi mamá y yo nos quedamos solas en casa. Durante esas noches continué notando que algunas cosas de mi habitación se cambiaban de lugar, pensé que si se lo volvía a decir a mi mamá ella no me creería, debía encontrar la manera de que ella misma lo notara, así que mientras mi papá estaba de viaje le pedía a mi mamá que pasáramos tiempo en mi habitación cuando viéramos televisión. Por fin una noche en la que las dos estábamos allí, el televisor se apagó, ella me pidió que lo encendiera, pero yo no tenía el control, ahí notó que era ella quien lo tenía, lo encendió y este volvió a pagarse solo, entonces ella me miró y comprendió que algo fuera de lo normal estaba sucediendo.
Mis padres siempre han sido muy creyentes, sobre todo mi mamá, así que después de ese día, llamó a unos conocidos para que rezaran por mí, recuerdo que nos reuníamos todos los martes y jueves en la sala de la casa y hacíamos diferentes oraciones, esto calmó un poco las cosas, también me acuerdo que mi abuela le sugirió que intentase contactar a un hombre que tenía poderes sobre naturales pero mi mamá se negó, yo estaba escuchándolas hablar de esto en la cocina, y recuerdo haber oído claramente que mi mamá le dijo que estar contactando personas así era lo que nos había metido en este problema en primer lugar. Aunque en ese momento no entendí porque ella le había dicho esto a mi abuela, unas semanas después me enteré de la verdad.
Estaba con mi mamá y otras dos amigas de ella orando en la sala de la casa, era jueves. De pronto empecé a sentir mucho calor, era como si una corriente caliente recorriera toda mi columna hasta llegar a la cabeza, en ese momento sentí una fuerza que me levantaba, recuerdo que volé hacia una pared y me golpee la espalda, después vi una especie de velo negro que salía desde atrás de mi, como cuando uno se cubre con una sábana y luego la levanta de golpe, el caso es que esta especia de velo se separó de mi y en ese momento vi un niño, era pequeño, nunca olvidaré sus palabras, me dijo que ya era hora de que yo viviera mi propia vida, dijo que antes no podía irse pero que ahora ya era libre, después perdí el conocimiento.
Cuando desperté estaba recostada sobre el sofá, mi mamá estaba viéndome muy preocupada, se notaba que había llorado, pero yo me sentía mucho mejor, era como si de repente la sala en la que estábamos se hubiera vuelto más iluminada, me sentía liviana. Les conté todo lo que había visto y sentido, las amigas de mi mamá se alegraron de que me sintiera mejor y se despidieron prometiendo que volverían el martes. Después de acompañarlas a la puerta mi mamá se sentó junto a mí y me confesó que ella creía saber lo que había pasado, me contó la historia de cuando yo con tan solo 3 meses había entrado al consultorio de una bruja, mi abuela la había convencido de ir ya que las cosas con mi papá no estaban nada bien, pero después de ese día yo había enfermado, tuve fiebre e incluso los médicos le dijeron a mi mamá que las fiebres que estaban dándome podían traer problemas médicos a futuro o interrumpir el correcto desarrollo neuronal. Dado que yo estaba enferma mi papá regresó a vivir con nosotras y después de eso como por arte de magia yo no había vuelto a tener fiebre. Mientras mi mamá me contaba esto empezó a llorar, me dijo que nunca había vuelto a ese lugar y que de verdad se arrepentía, seguramente el niño que yo había visto era algún ente o espíritu que aquella bruja utilizaba para sus trabajos. Por último me pidió que no le contara nada de esto a mi papá, aunque no estuve muy de acuerdo preferí hacerle caso.
Por unos años después de eso estuve muy bien, aunque era extraño, me sentía sola, como si algo me faltara, ya no estaba triste todo el tiempo pero me costaba integrarme y socializar con mis compañeros de clase. Al fin antes de cumplir 20 decidí que lo mejor era volver una vez más a terapia y hasta el día de hoy estoy segura de que soy yo quien habla, ya no queda nada ajeno a mi dentro de mi cabeza.

Autor: Luna

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Author: REDE

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