El Niño Del Cementerio Historia de Terror

El Niño Del Cementerio Historia de Terror

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He de aceptar que era algo escéptico a este tipo de cosas paranormales, cuando entre amigos y mi familia se hablaba al respecto perdía el total intereses en la plática, sin embargo, después de lo que pase la otra noche, ya es otra mi idea.

Me presentaré con el nombre de Juan, me reservaré el nombre de donde trabajo y su dirección, esto con el fin de proteger el lugar de donde ocurrió todo El Niño Del Cementerio Historia de Terror.

Siempre que tengo que ir a trabajar no logro encontrar un buen lugar para estacionarme, por ello debo recorrer algunas cuadras y dejar el automóvil estacionado al lado de un cementerio. De día se podría decir que las cosas son lo más normal que uno se pudiera imaginar, sin embargo, cuando oscurece y llego a salir tarde de trabajar, caminar frente al cementerio suele ser algo inquietante. Sé que les comenté que no creía en este tipo de situaciones, pero si soy muy sincero, la sensación que a uno lo aborda la oscuridad siempre es inquietante.

Ya era muy tarde, se me había juntado bastante trabajo en la oficina y apenas estaba saliendo cuando ya casi era media noche, mientras caminaba al lado del cementerio procuraba no levantar la vista, tenía la extraña sensación de que me encontraría con alguien allí, lo menos que quería, era ver a una persona caminar entre las tumbas y tan tarde. Fue en ese momento que pude escuchar que alguien hacía botar una pelota dentro del cementerio. Fue inevitable voltear, no veía nada, pero aquel sonido se escuchaba claramente. No me faltaba mucho por llegar al automóvil que comencé a buscar las llaves en mi Portafolio, y mientras lo hacía buscaba con la mirada quien podía estar jugando con una pelota en el campo santo. Y a lo lejos frente a una tumba pude ver a un niño parado frente a una capilla. Tuve la sensación de que aquello no era normal, ver a un niño solo y a oscuras en medio del Cementerio. Quise hablarle, pero en un pestañeo lo perdí de vista.

Por fin logré palpar mis llaves en mi portafolio, abrí mi automóvil y me dispuse a irme de allí.

Al día siguiente tuve que dejar el automóvil justo a la puerta del cementerio, y aunque ya era de día, aquella sensación de escalofríos la podía sentir. Me prometí a mí mismo salir temprano para no toparme con nada extraño.

Durante todo el día olvide el suceso de la noche anterior por todo el trabajo que tenía encima, lo cual provoco que nuevamente saliera ya tarde de mi Oficina. Prepare las llaves antes de salir para no estarlas buscando, me puse mis audífonos para no distraerme y me encamine hacia mi automóvil.

No era tan tarde como la noche anterior, pero por la hora no se veía ninguna persona alrededor, pero justo frente a la puerta del cementerio y un lado de mi automóvil había un niño botando una pelota. Mi primera impresión fue que ya era bastante tarde para que un niño jugara solo en ese lugar.

– ¿Qué haces tan tarde aquí campeón? – Le pregunte, pero no me contesto, pude ver que sus orejas estaban llenas de tierra y mugre, me imagine que quizás se había caído pues también le logre ver los codos raspados y la frente arañada. – ¿Te puedo ayudar en algo? – Le pregunté y el niño dejo de botar la pelota. Entonces levanto su mano y señalo hacia adentro del Cementerio.

-Se me perdió algo, ¿me ayudas a buscarlo? – Me dijo, pude ver su mirada que estaba ojerosa, estaba bastante pálido el niño.

– Es que no puedo entrar allí – Le dije todo nervioso, pero él me repitió que algo se le había perdido allí adentro y se encaminó hacia el Cementerio. Lo perdí de vista por completo entre la oscuridad. Quizás estuvo mal de parte mía, pero lo decidí ignorar y dejarlo allí así que me encaminé a mi Casa.

Mientras manejaba no podía dejar de pensar en el niño, si había bien en dejarlo allí, o si tenía que regresarme para ayudarle, no me encontraba lejos de casa, ya faltaba poco para llegar, pude sentir bastante frío en el automóvil, ya estábamos en otoño y faltaba poco para diciembre así que me pareció normal que bajara la temperatura tan rápido, y ese instante mientras me ponía el suéter en una luz roja, pude percibir que alguien me observaba, fue una sensación extraña que uno llega a sentir que no está solo, Vi por el retrovisor y el rostro de un niño me veía atentamente y me dijo al mismo tiempo que me miraba a los ojos…

– Hola – Queme llanta al frenar, me asuste al ver al niño, pero al buscarlo en la parte trasera no lo vi, yo estaba seguro de que lo había visto. Aún tenía el sonido de su voz en mi cabeza, no estaba equivocado. Al llegar a casa, pensé que me sentía cansado aun, y tenía que dejar de pensar en el niño, mi cabeza me había hecho una mala broma por tanto estrés en el trabajo y tenía que descansar. Mi esposa ya se encontraba dormida, le di un beso en la cabeza y me metí a bañar. Trataba de ya no pensar en ello, no quería hacer mucho ruido pues despertaría a mi esposa, cuando pude escuchar que entraba al baño.

– Mi amor, discúlpame por lo tarde que es, pero tú sabes que se ha juntado tanto el trabajo – No me respondió nada, siempre que se enojaba se limitaba a hablarme o no lo hacía. – ¿Cómo estuvo tu día? – Le pregunte, pero no recibí respuesta y cuando pretendía asomarme por la cortina, pude ver la silueta de otra persona, de mucho menor tamaño comparado a mi esposa, me quede en silencio un momento, algo dentro de mí me decía que no abriera la cortina. Y fue entonces que escuche que alguien rebotaba una pelota en el baño. Esto provoco en mí un sobre salto que me sacudió el alma por completo, inevitablemente recordé al niño, y la voz de él sonó nuevamente.

– Hola – Lo escuché decir y sin pensarlo lo primero que se me ocurrió fue gritar el nombre de mi esposa varias veces y ella inmediatamente abrió la puerta, yo estaba ya acurrucado en una esquina de la regadera cuando abrió la cortina.

Le platiqué lo que me había ocurrido las noches anteriores, incluso el sentimiento de culpa que traía encima por haber dejado al pobre niño solo con su suerte en el cementerio. Ella muy seria me comento que podría tratarse de varias cosas, desde mucho estrés que podía cargar, o de algo anormal que estuviera pasando, y esto último fue lo que más le preocupo. Me pidió que al día siguiente me diera un poco de tiempo, ya que era necesario que buscáramos ayuda pues ella se temía lo peor.

Al día siguiente al levantarme, tenía la sensación de que no había descansado nada, sentía que no había dormido, incluso hasta la espalda me dolía mucho.

Un par de horas más tarde nos encontrábamos en el mercado municipal, allí me pidió que buscáramos a Doña Mary, ella nos podría ayudar. Yo aun sin saber lo que pretendía mi esposa me llevo hasta un puesto grande de verduras, allí se encontraba una señora ya de edad avanzada, pero que aún se le veían fuerzas. Reconoció inmediatamente a mi esposa y nos invitó a que pasáramos detrás de su puesto. Mi esposa habló con ella por varios minutos, yo solo la veía extrañado, aún tenía la sensación de molido en mi espalda, y me sentía sin energías. No me había percatado que Doña Mary y mi esposa ya habían terminado de hablar que cuando me di cuenta ya estaba Doña Mary observándome.

– Ese niño que viste en el cementerio, puede llegar a ser dos cosas, o el espíritu de un niño que se quedó atorado, o un demonio que intenta acercarte a ti. – Esto último que dijo me dejo sorprendido, el niño no parecía ser un demonio, sin embargo, Doña Mary me explico que los demonios les gustan verse igual que unos niños para atraer más fácil a sus presas. Nos preparó una serie de inciensos y perfumes, los cuales nos pidió rociar en toda la casa, y en especial a mí, me comento que quizás por pasar tantas veces frente al cementerio para las Ánimas que se encontraban allí ya era alguien familiar, y que de algún modo las atraía hacia mí, además que si se llegaba a tratar de un demonio eso podía explicar las faltas de energía que tenía.

Seré honesto, me costó trabajo creerle, y al momento de pagarle sentí que estaba tirando mi dinero y que me estafaban, pero mi esposa se veía muy convencida, y por experiencia propia, decidí jamás cuestionarla por las decisiones que ella tomaba para el bien de los dos.

Llegando a casa, mi esposa comenzó a rociar el perfume siguiendo las instrucciones que Doña Mary nos había dado, y aunque me costaba trabajo de creer que aquello que nos dio nos ayudara también apoye a mi esposa. Es extraño pues mientras lo hacía, aquella sensación de pesadez sobre mis hombros fue disminuyendo, me sentía cada vez mejor cuando terminamos toda la casa, podía sentir nuevamente esa energía de antes. Ya para concluir mi esposa me pidió que parte de las recomendaciones de Doña Mary era prenderle una veladora a ese niño, por si se trataba del espíritu atorado en nuestro mundo estaría buscando quizás estaba algo de luz, la pusimos justo en el patio, un lugar donde No habíamos rociado de ese perfume.

Cuando menos me había dado cuenta, ya habían pasado un par de horas, ya estaba oscureciendo, fui a revisar la veladora y está aún conservaba mucha cera, estime que duraría prendida hasta la mañana siguiente. Pero no paso mucho tiempo para que algo me llamara la atención.

El sonido de un golpeteo constante me despertó, lo escuchaba a lo lejos, no tuve otra opción más que levantarme e ir a investigar, observé la hora y ya pasaban de las 12:00 am, podía escuchar ese constante golpe igual que si alguien botara una pelota. Fue allí donde me percate de ese sonido, se me hacía tan familiar, rápidamente me dirigí a la ventana que da hacia el patio de la casa y me asome. Allí pude ver al niño frente a la veladora y su pelota había dejado de botar. No podía creer lo que estaba viendo, recuerdo bien que todo estaba en silencio y muy helado, mi aliento lo podía ver salir de boca y empañar el vidrio, lo cual hizo que con la manga de pijama limpiara el vidrio por lo empañado, esto provoco un ligero chillido al hacer fricción, inmediatamente el niño volteo a donde yo estaba. Sin pensarlo corrí rápidamente al cuarto con mi esposa y me cubrí por completo con la cobija.

Mientras estaba totalmente cubierto me puse a pensar en miles de cosas, que solo hicieron que se incrementara más mi ansiedad. No sabía si el niño me había logrado ver, o si lo que hicimos con los perfumes había funcionado. Y empecé a escuchar ese golpeteo tan familiar acercarse poco a poco. Aquella pelota se acercaba a nuestro cuarto, me regañé a mí mismo pues no había cerrado la puerta, solo me había metido a la cama para cubrirme, entonces pensé en despertar a mi esposa para advertirle que se acercaba el niño, pero por más que la sacudía no lograba despertarla.

– Hola – Escuche a alguien decir a un lado de mi cama, aquella voz me heló completamente, se encontraba justo a un lado mío, deje de moverme un momento haciéndome el dormido, y al mismo tiempo rezando para que esto acabara. Pasaron algunos segundos que llegue a sentir que eran minutos, el ambiente se sentía helado otra vez, más no sabía si se había ido ya el niño, me descubrí un poco la cobija y logre ver su silueta aun parado a un lado mío. Estaba esperando algo de mí y por ello seguiría allí a un lado mío. Así que me arme de valor y le conteste.

– ¿Necesitas algo? – creo que lo había lo dicho en voz muy baja pues no recibí respuesta, pero pude sentir una mano de alguien posarse sobre mi cabeza. Era una manita pequeña, esa presión justa sobre mí provoco en mí un escalofrío que, al cabo de un segundo, aquello se fue, llevándose todo con él. Ya no se sentía tan frío el ambiente, y a decir verdad ya no sentía miedo, me descubrí la cabeza y abrí los ojos. Ya no había nadie. Mi esposa se despertó en ese momento y me observo que me encontraba totalmente empapado en sudor, me pregunto si me encontraba bien y le conté todo lo que había pasado. Rápidamente, ella fue al patio y regreso con la veladora en mano. Estaba completamente consumida.

– Necesitaba de mucha luz y quizás de alguien que lo escuchara – Fue lo que me dijo mi esposa. Después un par de horas nos volvimos a dormir, y no sé qué paso, que en esa noche tuve una especie de pesadilla en la que podía ver que un niño jugaba cerca de un parque y su pelota se había ido a mitad de la calle, sin darse cuenta ya un auto la habrá atropellado.

Al día siguiente mi esposa me pidió que compráramos más veladoras, y que las pusiéramos en el patio, por si el niño volvía regresar. Ya no lo volví a verle más, desde esa última experiencia que tuve no volví a ver al niño o escuchar la pelota, sin embargo, cuando llego a trabajar y me estaciono frente al cementerio, me es inevitable pensar en él.

Hoy en día, me ha costado aun algo de trabajo acostumbrarme a dicho recuerdo, sigo insistiendo en que todo lo que sucede mantiene una lógica, pero… hay situaciones que hacen que uno cambie su opinión completamente.

 

Autor: Lengua De Brujo

Derechos Reservados

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Author: REDE

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