La Bruja Blanca Historia de Terror

La Bruja Blanca Historia de Terror

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He tenido el placer de contarles historias que me han compartido, anécdotas que han vivido, sucesos inexplicables e incluso momentos que para muchos serian irreales,La Bruja Blanca Historia de Terror pero que para la gran mayoría son tan reales que los demás no lo creerían. Esta vez quiero contarles mi experiencia que viví en carne propia, Yo Lengua de Brujo, viví uno de los momentos más aterradores en toda mi vida con una situación paranormal y que para ser muy honesto, hoy en día se me pone la piel de gallina de solo pensar en aquel lugar, podre ir de día, más no puedo quedarme una noche en ese lugar nunca más. Cabe señalar que esto lo viví de chico, quizás unos 13 años. Y que fue un parte aguas para en esa época, que me resultaba para mí un poco difícil de creer que había un mundo paranormal.

Cuando era más joven y visitábamos a mi Abuela, siempre había la oportunidad de visitar a más familiares que vivían mucho más lejos y apartados, teníamos que recorrer varios kilómetros, adentrarnos a terreno olvidado. Era necesario ir siempre con más familia, debido a que nosotros no conocíamos la zona, y además de que no éramos reconocidos por quienes vivían allí. Mucho me habían hablado del Rancho de una Tía Abuela, donde se contaban historias sobre brujas que se convertían en lechuzas, y que atrapaban a la gente que no les pagaba o que por gusto los desaparecían, para después convertirlos en Gallinas o Guajolotes, me hablaba sobre duendes que por la noche te jalaban los pies mientras dormías, o de fantasmas o demonios que mientras tú dormías ellos se paseaban por tu cuarto o simplemente te observaban desde el rincón más oscuro. Todas estas historias me fascinaban, creo que más que nada era por la forma en que las narraban, sin embargo, había una historia que siempre me inquietaba, pues recuerdo que cuando le preguntaban a mi Tío Abuelo Sabas sobre ese relato en específico, su semblante cambiaba, ya no era el mismo, algo pasaba por su mente que lo dejaba perdido en sus recuerdos. Y al cabo de un rato, despertaba de su trance y decía:

– Ya tiene tiempo que el Bulto Blanco no se aparece – Los Ojos de mi Tío Abuelo Sabas se podía apreciar temor a sus recuerdos.

Es por ello que necesito ponerlos en contexto al respecto para poder contarles mi experiencia…

Se cuenta que el Rancho donde vive mi familia, era tierra de ladrones y tesoros, aquellos ladrones que asaltaban a otros en el camino enterraban el botín en el Rancho. Y justo en ese Rancho, un arroyo divide el camino, allí está ubicada una casita, en la cual vivía una mujer a la que le llamaban Doña Ramona, y sus dos hijos ya mayores, siempre a ambos los veías pelones. Todas las noches, llegaban los dos con su motín y se dice que lo enterraban en la milpa, justo detrás de la casa del arroyo. Repetían esto, cada noche, se hablaba en el Rancho que tenía mucho dinero oculto bajo tierra que hasta llegaron a usar los terrenos de los vecinos para esconder su dinero. Hasta que un día, lograron agarrarlos, matándolos a tiros en una vereda. Se corrió el chisme, que por fin habían matado a los pelones. De este modo Doña Ramona se dio cuenta de que había perdido a sus dos hijos, sin embargo, parecía ser que esto nunca le importó, nunca reclamó sus cuerpos o se le vio llorando por ellos. Al contrario, ella parecía sentirse libre de cuidarlos. Se cuenta que aun hoy en día las almas de esos dos pelones aún caminan por la noche, buscando el camino de vuelta a casa de su Madre o en busca de sus tesoros. Al darse a conocer esta noticia, mucha gente del Rancho comenzó a buscar los tesoros, donde se les había visto a los pelones enterrarlos, muchos de ellos no tuvieron suerte… pero los pocos que sí, lograron hacerse de grandes fortunas. Mientras que el Rancho entero estaba distraído por el dinero, pocos notaron lo que pasaba por las noches en la casa de Doña Ramona. Se escuchaba como ella hablaba con alguien, pero jamás se veía con quien, salía de su casa por la tarde y regresaba ya tarde con una gallina en manos. Al poco rato se escuchaba como la mataba. En ocasiones se traía guajolotes, y al día siguiente aparecían colgados desde lo alto de los árboles, atados de patas quedando boca abajo y debajo de ellos cazuelas donde la sangre había escurrido.

A partir de la muerte de sus hijos, aquella mujer comenzó a cambiar, su rostro, se volvió más joven, su cabello ya no tenía canas, ya era negro y lacio, su piel ya era como la de una jovencita, blanca y sin rastros de edad, cambió drásticamente en pocos días. Incluso dejó de estar jorobada. De un día a otro, decidió que ya no más le llamaran Doña Ramona, solo Ramona. En el Rancho comenzó a tener varios pretendientes, uno de ellos fue mi Tío Abuelo Sabas, él decía que todas las mañanas se levantaba temprano para ayudarle a meter agua del Arroyo a las Jícaras de su casa. Pero Ramona jamás lo dejaba entrar, el agua la tenía que dejar en baldes justo en la entrada y era ella quien los metía después.

Un Forastero, que al día de hoy no sé de donde era, se interesó tanto por esta mujer, pero no sobre la apariencia de Ramona, sino más bien era más su codicia que el amor que llegó a sentir por ella. Se decía que los tesoros más grandes estaban ocultos en la milpa de la casa del Arroyo, allí donde vivía Ramona. Fue así como ese hombre se dispuso a enamorarla, la visitaba todos los días, le llevaba flores, comida y todo lo que pidiera, sin embargo, Ramona nunca lo dejaba pasar a su casa, siempre se veían a la orilla del Arroyo, fue así al pasó del tiempo y de la insistencia de este Forastero, que ella se enamoró.

Él le prometió llevársela lejos, pero que para ello él le mencionó que era necesario que se casaran, el Forastero tenía que arreglar papeles de donde era, y por ello no la visitaría tan seguido como antes, pero que le esperara un mes en lo que arreglaba asuntos pendientes y se casarían. Ella aceptó esperar, pero también temía que aquel Forastero la olvidara, así que lo condicionó, a que tenía que regresar cada fin de semana por la noche y verla allí a orilla del arroyo, el Forastero aceptó.

Se contaba que los fines de semana, por las noches, Ramona salía de su casa, vestida de blanco a esperar a su Amado, allí lo recibía y emocionada contaba los días para cuando se fueran a volver a ver. Los demás días se le podía ver a Ramona vestida de negro, le hablaba a animales que la frecuentaban por las noches, mi Tío Abuelo Sabas nos contaba que una ocasión que regresaba de trabajar ya tarde la vio conversando con una cabra negra, se le veía a Ramona que la espera la volvía loca, seguía con sus prácticas de brujería dentro de su casa. Fue así como la comenzaron a conocer como la Bruja del Rancho. Por las noches, en la milpa de su casa se veía el piso arder, como si se prendiera fuego, pero no se quemaba nada. Se decía que allí era donde el tesoro estaba escondido, pero otros decían que era cuando Ramona invocaba a los demonios para pedir más juventud, lo que era extraño es que Ramona al día siguiente lucia cada vez más joven cuando esto pasaba. Así pasaron los días y el mes se cumplió, Ramona salió esa última noche vestida de blanco, era a su vez algo escalofriante e inquietante nos contaba mi Tío Abuelo Sabas, uno bajaba por el camino para cruzar el arroyo y se veía a una mujer de blanco parada a la orilla. Uno ya sabía que se trataba de Ramona, pero para un desconocido que pasara por allí, sería algo anormal e inquietante. Pasaron las horas y el Forastero, nunca llegó. Ramona decidió esperar más, pero no llegó nadie.

Al día siguiente, cuenta mi Tío Abuelo que cuando se levantó temprano para irse a trabajar, pasó a un lado del arroyo, para cuál sería su más grande terror encontrarse con el cuerpo sin vida de Ramona boca abajo en la arena. Se decía que había sido un Toro el que la había atacado, o que se había caído golpeándose, se podía apreciar una fuerte herida en su cabeza, y al momento de levantarla, su rostro había cambiado, era como si la arena la hubiera envejecido, su cabello volvió a ser gris, y su piel se volvió arrugada, y su cuerpo volvía a tener una joroba.

Cuando ya habían levantado el cuerpo, fue cuando se percataron, que la casa de Doña Ramona, había sido saqueada, mi Tío Abuelo Sabas se metió, pensando que aún se podía encontrar allí al culpable. Cuando lo que vio adentro le cambió completamente la idea de Ramona. Tirados en el suelo de tierra, había frascos de vidrio con cuerpos de gallinas adentro, tenían sal y chiles verdes. Las pezuñas secas de un cerdo colgaban en la puerta, había frascos rotos que emanaban un olor putrefacto y nauseabundo. Y sobre la mesa, extrañas marcas recalcadas con fuerza. Una fotografía en blanco y negro de sus hijos, tenían los rostros rayados. Al llegar a la milpa se encontró con la sorpresa de que había muchos hoyos, alguien había estado buscando algo enterrado allí.

Los días pasaron y a quien jamás se le volvió a ver también fue al Forastero. La gente comenzó a suponer que se había tratado de él quien había asesinado a Ramona, pero nada era seguro. Jamás se supo quién o que fue el culpable.

Justo en fin de semana, pasadas las Once de la noche, mi Tío Abuelo Sabas regresaba de trabajar del campo, pasó al lado del arroyo como era de costumbre, conforme se acercaba a la casa de Ramona, se podía sentir miedo, era como si esta casa oscura te llamara y te jalara a su interior. Mi Tío Abuelo Sabas era muy supersticioso, decidió alejarse un poco del camino y adentrarse al arroyo para evitar pasar justo frente a la casa. Fue cuando un resplandor le llamó la atención. Por la orilla del arroyo podía ver como un bulto blanco y brillante camina lentamente, como si arrastrara los pies, mi Tío Abuelo apresuro el pasó, pero fue inevitable toparse con aquel bulto blanco, y conforme se acercaba comenzó a escuchar los sollozos de una mujer lamentándose. El Eco del llanto se escuchaba en cada rincón, mi Tío Abuelo Sabas se tapó los oídos, y para cuando ya se había dado cuenta aquel bulto blanco ya se encontraba justo a un lado de él. Levantó la mirada, y vio que se trataba de un vestido blanco, y sobre su rostro el velo de novia le cubría, aquella cosa comenzó a su caminar ignorándolo. Pensó que se trataba de alguien del Rancho a lo que le comenzó a gritar de diferentes nombres, pero no contestó a ninguno. Y armándose de valor, se acercó a al bulto blanco y le tomo de su brazo. No se sentía tan cálido como se esperaba, de hecho comenzó a sentir frialdad y como sostenía un brazo muy delgado. Decidió retirarle el velo lentamente del rostro y cuál sería su sorpresa que el cráneo de una calavera le observaba, esta abrió la quijada como si intentase decir algo a lo que mi Tío Abuelo Sabas asustado cayó de espaldas. No podía quitarle los ojos de encima, del cráneo brotaban jirones de cabello largos y de color negro y grises, las manos de aquel esqueleto buscaban agarrarlo, como si quisiera abrazarlo, Mi tío Abuelo Sabas intento gritar, pero de su boca no salía ruido alguno, solo emitía sonidos quejosos, el esqueleto se movía hacia él de forma encorvada, y cuando estuvo por agarrarlo, un grito de auxilio por fin salió de la garganta de él, el cual fue suficiente para alertar a los vecinos de alrededor.

Lo encontraron acurrucado a un lado de una roca, lo movían para preguntarle qué había pasado, pero él por miedo no quería voltear a verlos, pensando que se trataba de aquel ser que quiso agarrarlo, lloraba sin parar. Tuvieron que cargarlo entre varios para poder llevarlo a la casa más cercana.

Pasaron un par de semanas, y mi Tío Abuelo por fin pudo hablar, relatando su historia de lo sucedido, la gente del alrededor lo dio por loco por un tiempo, sin embargo, otros le creyeron argumentado que en las noches se veía como un bulto blanco, resplandecía con la luz de la luna y este se paseaba a la orilla del arroyo.

Es a partir de aquí donde les contaré lo que a mí me pasó en ese lugar.

Llegamos una tarde con Mi Tía Abuela, éramos muchos los que habíamos llegado de visita al Rancho, bien sabíamos que no había espacio para todos para dormir, así que se optó que muchos dormirían en los carros, Por mi parte por ser el mayor de los hermanos y de los primos escogí la parte trasera de la camioneta, allí cabíamos hasta dos personas. Por lo que le pedí a uno de mis primos que durmiéramos allí los dos.

Mi Tío Abuelo Sabas nos comentó que por las noches, no nos recomendaba ir al baño, pues como vivían muy cerca del monte, probablemente nos podría aparecer un animal. De hecho nadie se atrevía salir por la noche al baño, estaba construido por fuera de la casa, justo a mitad de la milpa y debajo del baño su fosa séptica. El Tío Abuelo Sabas mencionaba que era justo allí donde el Bulto blanco comenzaba a caminar.

Nos encontrábamos ya dormidos, a decir verdad no recuerdo bien la hora, pero me despertaron las ganas de ir al baño, no me atrevía a salir de la camioneta, me senté un momento y se me ocurrió hacer a un lado de la llanta y regresar rápido a acostarme, y cuando estuve a punto de hacerlo, vi que a lo lejos un resplandor atravesaba la milpa, la luz llegaba hasta donde nosotros estábamos acostados, aquello se acercaba hacia nosotros, me acosté rápidamente y me cubrí por completo el rostro, recuerdo muy bien que comencé a rezar como loco. Pude escuchar por fuera de la camioneta que algo se arrastraba quedando justo frente a mí sin moverse. Apreté los dientes y ojos, y pensaba “porque a mí, porque a mí”, y aquella luz era tan intensa que, aunque tuviera ojos cerrados con tanta fuerza podía percibirla. Era como si estuviera con los ojos cerrados frente a un foco, aquella luz traspasaba mis parpados. Y cuando estuve a punto de gritar, aquella cosa comenzó a caminar alejándose de mí. Poco a poco la oscuridad regreso, yo recobraba el aliento por el miedo que había sentido, y no me apena decirlo, el miedo me había provocado que me hiciera pipi sobre mi ropa. Mientras asimilaba lo que me había ocurrido, amaneció, estoy seguro de que pasaron horas, pues no quería salir de la camioneta hasta que escuchara ruidos y voces de los demás. Mi primo se despertó al tiempo en que yo me había ya levantado, lo vi y le pregunte si no había visto algo raro en la noche.

– Me desperté, y vi como algo muy brillante se nos acercaba, pensé que era el Tío Sabas, pero él no ve bien en la oscuridad, me dio tanto miedo que me cubrí todo el cuerpo. – Sabía yo que no lo había imaginado, aquello que nos había pasado. Les conté a mis Papas, por lo que ambos pedimos ya no dormir afuera de la casa y que nos dieran oportunidad de dormir en uno de los cuartos.

Desafortunadamente, los sucesos extraños no pararon allí, antes de dormir, me atreví a preguntar a mi Tío Abuelo Sabas si él había visto algo la noche anterior, por lo que me comento que cuando él llegaba a ver a lo lejos a aquel bulto blanco, él cambiaba su camino, y si había pasado esa noche daba gracias de no habérsela topado. Me preparé para dormir, mi primo durmió en un catre y yo en otro, ya había ido al baño, esta vez no tendría excusa alguna para levantarme a media noche. Sin embargo, no contaba con que algo me quitaría el sueño.

Recuerdo que estaba dormido al lado de una de mis tías, me había quitado la cobija, y yo me había acurrucado a su espalda para tener algo de calor, cuando voy escuchando como alguien caminaba en el cuarto. Abrí los ojos, más no vi a nadie, mire a mi primo, él dormía tranquilamente, aproveche para cobijarme bien, y cuando me acomode pude escuchar como alguien caminaba entre los catres. Abrí los ojos nuevamente y no vi a nadie. Pensé que lo estaba imaginado o que quizás era el Gato de mi Tía Abuela. Estiré las piernas para acomodarme y sentí como algo me tomaba de ambas piernas levantándome para quedar en forma inclinada y dejándome caer con fuerza en el catre. Esto me sobre salto tanto que grite con fuerza. Pude ver como un par de sombras grandes salían del cuarto rápidamente, como si se tratara de sombras con cuerpo o volumen. Todos despertaron, prendieron la luz, no podía tranquilizarme. Tuvieron que cuidarme despiertos todo lo que quedaba de la noche.

Mi Tía abuela por la mañana nos comentaba que otra vez la Bruja Blanca se había aparecido, pero que ahora le dio vueltas a la casa. Algo estaba buscando. Pero que ella había visto como un par de sombras de dos hombres se metían a los cuartos. Le platiqué lo que me había pasado y ella muy seria me comento que quizás se trataban de los pelones. Yo ya no me sentía nada cómodo allí, era nuestro último día en el Rancho, a lo que agradecí eternamente salir de ese lugar.

Por mi parte ya no he regresado al Rancho, mis Padres han vuelto, pero no se quedan tampoco ni un día. Sé que actualmente en ese lugar guardan tantas historias como sucesos que todos han vivido. Y espero con el tiempo poder compartírselas.

 

Autor: Lengua de Brujo

Derechos Reservados

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Author: REDE

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